11/11/09
Las víctimas de Guevara en Archivo Cuba
25/10/09
Iconos Latinoamericanos: El Che
Épater la bourgeoisie?
Los Papeles de Don Cógito

Este “mensaje oculto” floreció con fuerza en los años veinte y treinta en forma de diferentes partidos y "movimientos" capaces, según se decía, de poner en práctica tales cambios. Ante la crisis económica y política, el mundo se volvió demasiado absurdo como para soportarlo sin buscar alternativas. Y así, una buena parte de los artistas e intelectuales de la época comenzaron a burlarse de la democracia, del “Sistema” que había que enterrar y clamando por la llegada de una nueva humanidad que, se decía, ya se acercaba.
La tragedia que ocurrió después (y sus innumerables "justificaciones") no puede explicarse sin entender la gran necesidad de un orden racional, que gran parte de los intelectuales que vivieron en esta época -el siglo XX- sintieron.
Dios nos libre de tanta irracionalidad.
Sebreli: "El Che era un idiota político"
El ensayista argentino desmonta en su nueva obra mitos contemporáneos como los de Ernesto Guevara y Maradona ABEL GRAU - Madrid - 11/11/2008
El Che fue poco más que un aventurero, un líder egocéntrico negado para la política que fue elevado a la categoría de mito impoluto tras su muerte, según señala el ensayista Juan José Sebreli (Buenos Aires, 1930), prestigioso intelectual argentino, en Comediantes y mártiresChe Guevara. (Debate), obra en la que analiza cómo cuatro destacadas personalidades del siglo XX han sido convertidas en mitos contemporáneos: el cantor de tangos Carlos Gardel, la actriz y política Evita Perón, el futbolista Diego Armando Maradona y el propio Ernesto
El análisis más implacable es quizá el que Sebreli dedica al Che, al que califica de "idiota político", aunque añade que tal consideración "no pretende ser un insulto sino la descripción objetiva de un determinado comportamiento" en referencia a la impericia política del guerrillero. Revisando documentos históricos, entrevistas, reportajes, conferencias y los propios diarios personales de Guevara, Sebreli traza una semblanza del Che muy alejada de la popular imagen legendaria. "Puede decirse que él fue, a la vez, un aventurero, un santo y un héroe, pero no un político", señala Sebreli en el libro ganador del I premio de ensayo Debate Casa de América, que presentó este martes por la mañana en la Casa de América, en Madrid.
Una mitificación útil
Sebreli señala como punto clave en la historia del Che su reunión con Fidel Castro en México el 8 de julio de 1955. "Si no hubiese conocido en México a Fidel, "probablemente se habría marchado con una beca a estudiar medicina a París, que es lo que quería hacer". Luego llegaría la revolución y los crímenes. "Después del triunfo de la revolución cubana fue el encargado de los fusilamientos en masa, tras juicios sumarios celebrados sin el menor procedimiento legal por los tribunales revolucionarios instalados en la fortaleza La Cabaña. Los muertos llegaron a ciento sesenta y cuatro; no todos habían sido esbirros de Batista, entre ellos había algunos campesinos", escribe Sebreli.
Tras sus viajes a África y Bolivia, la mitificación del Che habría comenzado justo después de su muerte. "Muerto el hombre que le creaba dificultades políticas a Fidel y, además, el único que podía empañar su carisma, el fantasma del guerrillero muerto volvió a ser útil a los intereses castristas y se montó en La Habana una espectacular puesta en escena con el mito del héroe mártir que perdura hasta nuestros días", añade el ensayista. A toda esa glorificación habría contribuido de manera decisiva, según Sebreli, la imagen tomada por el fotógrafo cubano Alberto Korda en La Habana el 2 de marzo de 1960. "El motivo de que los jóvenes lleven camisetas del Che sin saber quién es" -añade el pensador- "denota una insatisfacción que tratan de llenar con estos falsos dioses encarnados".
El Che habría sido, en definitiva, la antítesis del político, según Sebreli. "La tarea del político es lenta, discreta y paciente, se realiza cada día y a través de los años, requiere esfuerzo, obstinación, perseverancia; además, necesita la capacidad de transigir, negociar, consensuar, saber replegarse, establecer alianzas", enumera el pensador argentino en el apartado "El político y el aventurero". "Fidel poseía esas cualidades; el Che, a la inversa, consideraba toda transigencia como traición al ideal revolucionario, encarnaba al sectario 'izquierdista infantil' ridiculizado por Lenin, que negaba por principio todo acuerdo".
Guevarismo opuesto al marxismo
El autor incluso incide en que el legado del Che colisiona diametralmente con el marxismo. "Punto por punto, el guevarismo fue lo opuesto al pensamiento de Marx y del socialismo clásico: sustituía la autoemancipación por la vanguardia iluminada y el jefe carismático, la movilización de masas por el foco, la democracia social por la dictadura política, el partido por la guerrilla, la lucha de clases por la lucha entre naciones ricas y pobres, la clase trabajadora por el campesinado, las condiciones objetivas por el voluntarismo, el socialismo, sólo posible en las sociedades avanzadas, por el de los pueblos más pobres."
En Comediantes y mártires, Sebreli separa la persona del mito construido a su alrededor. Así, en Gardel distingue el artista "excepcional en la historia de la música popular" y lo aleja del "mito gardeliano" impulsado tras su muerte. A Evita, autoproclamada "abanderada de los humildes", le señala su obsesión con la alta costura, y a Maradona lo perfila como un personaje tendente a bascular entre el escándalo y el fraude. Un proceso similar de desmitificación es el que ya acometió Sebreli en El olvido de la razón respecto a algunos de los grandes popes de la filosofía contemporánea, de Nietszche y Heidegger a Levi-Strauss, Lacan y Derrida, entre otros.
"Hago una crítica de los mitos", ha indicado Sebreli durante la presentación. "Creo que una sociedad democrática e igualitaria en que los individuos son conscientes de su libertad no han de poner sus destinos en manos de los mitos". Finalmente, quizá consciente de la polvareda que pueden levantar sus declaraciones, ha advertido: "Los datos [que hay en el libro] son objetivos; las interpretaciones, que son mías, pueden ser discutibles".
El ensayista Juan José Sebreli presenta Comediantes y mártires (Debate) hoy martes 11 de noviembre a las 19.30 en la Casa de América, plaza de Cibeles, 2 (Madrid).
20/06/09
Yo No Canto Al Ché

como tampoco he cantado a Stalin;
¡Felices 81, Che!
2009-06-06
“Vive rápido, muere joven y deja un cadáver hermoso”, decía James Dean, frase que podría aplicársele al guerrillero argentino que hoy tendría 81 años y a quien se comienza a desmitificar.El Che juega golf con Fidel Castro en Colina Villarreal, La Habana, a principios de los años sesenta. Foto: Reuters / Archivo
El 14 de junio de 2009 Ernesto Guevara cumpliría 81 años, dos menos de los que ahora tiene Fidel Castro, su mentor y cómplice de aventuras revolucionarias, si no hubiese sido asesinado en 1967, a los 39, en la inhóspita sierra boliviana. En su cuerpo joven, asmático y bello como un Cristo, se cumplió la sentencia de James Dean, otro ícono de la cultura pop que se fue al otro mundo en 1955 al volante de su Porsche deportivo: “Vive rápido, muere joven y deja un cadáver hermoso”. “Lo lavaron, lo vistieron, lo acomodaron, bajo instrucciones del médico forense. Porque había que mostrar la identidad, mostrarle al mundo que el Che Guevara había sido derrotado”, escribe Jorge Castañeda en La vida en rojo. Lo cierto es que habría sido un espectáculo penoso ver el tropezón de un Che octogenario frente a un auditorio o encamado en un hospital murmurando lemas antiimperialistas con una voz casi inaudible.
No pasa un año sin que se produzca un documental, un programa de televisión, una película o una exposición sobre el Che Guevara en algún punto del planeta y sin que se publiquen libros en varios idiomas que destacan su vida y obra revolucionaria, como Sin olvido. Los crímenes en la Higuera, de los cubanos Adys Cupull y Froilán González; Soy un futuro en camino, del Centro de Estudios Che Guevara; Te acordás, Che Comandante, del argentino Néstor Medina; Lágrimas rojas. Tania, compañera del Che, de la antropóloga española Margarita Espuña; Del corazón a la memoria, del narrador cubano Julio Llanes; Che Guevara, el Cristo rojo, de Alain Ammar, y tantos más que abonan al mito de la leyenda heroica del romántico guerrillero que murió por sus ideales aunque omitan otras facetas que, seguramente, le restarían simpatías.
Sin embargo, no todo es mitificación. En Comediantes y mártires (2009) el prestigiado escritor argentino Juan José Sebreli cuestiona con amarga lucidez a cuatro de los grandes héroes de Argentina: Carlos Gardel, “un conservador”; Evita, “un mito autofabricado”; Maradona, “un oportunista”, y al Che Guevara: “un idiota político”, “un autoritario” que hacía gala de su “ascetismo y pobreza, vistiendo incluso ropa rota y sucia”.
Lo de “idiota político” no es un insulto, con ello Sebreli se refiere a la impericia de Guevara: “Puede decirse que él fue, a la vez, un aventurero, un santo y un héroe, pero no un político. La tarea del político es lenta, discreta y paciente, se realiza cada día y a través de los años, requiere esfuerzo, obstinación, perseverancia; además, necesita la capacidad de transigir, negociar, consensuar, saber replegarse, establecer alianzas”. Si el Che no hubiese conocido en México a Fidel Castro en 1955, continúa, “probablemente se habría marchado con una beca a estudiar medicina a París, que es lo que quería hacer”. O quizá se habría quedado en México y seguido una carrera de actuación, como parece sugerir el mismo Che en sus apuntes.
Una de las célebres fotografías del Che en Cuba, tomada por Alberto Díaz, Korda. Foto: EFE / Archivo
Al triunfo de la revolución en Cuba el Che “fue el encargado de los fusilamientos en masa, tras juicios sumarios celebrados sin el menor procedimiento legal por los tribunales revolucionarios instalados en la fortaleza La Cabaña”, escribe Sebreli. Una historia de terror que no es desconocida, pues ya había sido contada por Guillermo Cabrera Infante en Mea Cuba (1992, una recopilación de artículos desde los años sesenta); por Carlos Alberto Montaner en Fidel Castro y la Revolución Cubana (1984); por Jacobo Machover en La cara oculta del Che. Desmitificación de un héroe romántico (2007); por Jorge Castañeda en La vida en rojo, una biografía del Che Guevara (1997); por Juan F. Benemelis en Las guerras secretas de Fidel Castro (2002) y, entre varios autores más, por Stéphane Courtois en El libro negro del comunismo (1998). El mismo Guevara escribió este inequívoco párrafo en sus Notas de viaje (La Habana, 1962): “Aullando como poseído, asaltaré barricadas o trincheras (...) Teñiré en sangre mi arma y, loco de furia, degollaré a cuanto vencido caiga entre mis manos (...) ya siento mis narices dilatadas, saboreando el acre olor de pólvora y de sangre, de muerte enemiga”.
Viaje al centro de la selva
El nueve de octubre de 1967 el periodista británico Richard Gott, del diario The Guardian, reconoció el cadáver del Che Guevara, asesinado unas horas antes por el sargento Mario Terán en la escuela de La Higuera, en Bolivia. Gary Prado, el militar que capturó al Che en la Quebrada del Yuro, declaró al Journal do Brasil que éste le había dicho antes de morir que había sido abandonado por Castro. Para las nuevas generaciones que poco se han ocupado de estudiar la historia contemporánea —pero que lucen orgullosas la estampa del Che en sus playeras— quizá sea inconcebible el hecho de que El Guerrillero Heroico murió a consecuencia de una cadena de factores entre los que se encontraban su propia torpeza militar, una geografía abrupta, el acecho de espías cubanos contratados por la CIA, la escasa colaboración de campesinos y trabajadores bolivianos y el resentimiento del Partido Comunista de ese país, hecho a un lado a la hora de conspirar para la gran insurrección de la América del Sur. La campaña del Che también fracasó por el desinterés de Castro, quien obedeció las consignas de la Unión Soviética y cortó el apoyo a su antiguo camarada —deshaciéndose de él para quedarse solo al mando de la Revolución (ya Camilo Cienfuegos había desaparecido misteriosamente en un vuelo sobre el mar Caribe). La historia adquiere un toque aún más dramático con la participación de una atractiva agente argentina-alemana reclutada por la Seguridad del Estado de Alemania Oriental —a quien el Che había enamorado en una visita a ese país. Transferida a la KGB y comisionada para sabotear la misión del Che en Bolivia, la espía cumplió su misión poco antes de caer abatida por las balas del ejército boliviano, a pesar de haberse enamorado del guerrillero y llevar un hijo de él en sus entrañas. Se llamaba Tamara H. Bunke Bider, pero fue mejor conocida como Tania. Años más tarde, los guerrilleros que sobrevivieron a la aventura boliviana describirían al Che como un hombre arrogante y prepotente que los humillaba y tachaba de maricones (véase Mea Cuba).
Alberto Díaz Korda, falleció en 2001 en Francia, a la edad de 72 años. Foto: Pedro Valtierra / Cuartoscuro.com
De ejecutor a logotipo de la revolución
Los intelectuales de Occidente saludaban efusivamente al comandante Fidel mientras que en la isla los homosexuales, los disidentes y los rebeldes de pelo largo eran confinados para su “reeducación” y “regeneración” en los campos de las Unidades Militares de Apoyo a la Producción. Arreciaban la intolerancia, las aprehensiones, los fusilamientos ordenados por el Che, que era “presidente del tribunal, fiscal, presidente de la comisión depuradora, del tribunal de apelación y comandante en jefe del presidio de La Cabaña” y hacía “juicios que duraban cinco o 10 minutos y enviaba a la gente al paredón” (Sebreli). Los repetidos fracasos de la economía cubana —en los que tuvo que ver la deficiente conducción del ministro de Industria Ernesto Guevara— produjeron escasez y racionamiento. Por esos días el Che y Castro idearon la teoría del foco guerrillero, que traería el triunfo de la revolución mundial: “Crear uno, dos, tres, muchos Vietnams”. Y se fue el Che al Congo, donde sufrió su primera derrota. Luego a Bolivia, lo que fue claramente un suicidio.
La revolución internacional nunca llegó, ni el hombre nuevo socialista anunciado por el Che en el Primer Congreso de Juventudes Latinoamericanas, realizado en La Habana en 1962. El activista del 68 mexicano Marcelino Perelló escribió en el aniversario del Che hace dos años: “Hoy sólo tu apodo y tu estrella permanecen. Símbolo vacío. Significante sin significado. Permaneces en el pecho (por fuera) de los jóvenes que, sin ningún conflicto, igual se hubieran puesto una swástica. Tanto da. Luces exótico e interesante” (Excélsior, nueve de octubre de 2007). Es verdad. La fotografía casual del Che, obra del fotógrafo de modas Alberto Díaz Korda, se ha convertido en la imagen más reproducida de la historia. Qué paradoja más irónica: la imagen misma de la libertad, el orgullo, la templanza revolucionaria, es la de un cruel idealista, un fanático estalinista, un macho homofóbico y vanidoso enamorado de sí mismo y de sus palabras. Morir joven fue una suerte para él.
Revolution and comerce
La curadora inglesa Trisha Ziff, radicada en la Ciudad de México, organizó en 2005 la exposición ¡Che! Revolution and Commerce, que ha sido expuesta en varias ciudades del mundo. En ella pueden verse cientos de imágenes y objetos derivados de la célebre fotografía de Korda, desde carteles y reinterpretaciones hasta los más diversos objetos. Puede verse en www.cmp.ucr.edu/exhibitions/che/
09/05/09
Leyenda negra
LA HABANA, Cuba, 5 de mayo de 2009 - Cubanet - Liberpress.blogspot.com ha colocado recientemente en el ciberespacio los Titulares del Verdadero Che. Cada texto revela aspectos desconocidos sobre Ernesto Guevara de la Serna, el guerrillero argentino mitificado por la propaganda del castrismo a partir de su muerte en Bolivia, donde protagonizó su última aventura internacional en 1967.Los titulares comienzan con la Campaña de los jóvenes franceses contra el Che. No estamos pues, ante la habitual exaltación del comandante de la Sierra Maestra, más bien sacuden su historia, hurgan en el trasfondo que oculta la historiografía oficial y se aproximan a la figura desde testimonios y fuentes desechadas por la censura insular.
Las nuevas páginas ponen al lector de Internet ante un compendio antológico. La posibilidad de escoger es enorme. El guerrero cobra vida desde ángulos más críticos y veraces. Veamos algunos:
La batalla de Santa Clara: ¿victoria heroica o comprada?
Che: guerrillero heroico, terrorista infame.
Ernesto “Che” Guevara. Crimen e incapacidad estratégica. Guevara. Misionero de la violencia.
El mito del cadáver del Che.
Mi primo el Che.
Los fracasos de Che Guevara.
El Carnicero de La Cabaña.
Ernesto Guevara: Su cuestionable título de médico.
Otros títulos abordan aristas controversiales sobre esta figura, cuya mitificación distorsiona la historia de Cuba y encubre la exportación de la revolución liderada por Fidel Castro, quien apoyó a Guevara en sus aventuras bélicas en África y en América Latina, convertidas en centro de penetración de los guerrilleros y los diplomáticos cubanos a partir de 1959.
Las propuestas que circulan en la red incluyen entrevistas a personajes vinculados a Guevara, reportajes tomados de periódicos y revistas del continente, documentales, reseñas de libros censurados en nuestra isla y el listado de las víctimas de Che, quien dirigió los fusilamientos masivos en la fortaleza de La Cabaña antes de ser nombrado por Castro como Presidente del Banco.
Los Titulares de Verdadero Che representan un aporte informativo en la deconstrucción de uno de los mitos más absurdos del siglo XX. La santificación del aventurero comunista se ajusta al sueño del castrismo por petrificar a las personas en función de órdenes militares. El guerrillero argentino exaltaba la violencia y veía al individuo como una “máquina de matar”, ajeno al interés material y dispuesto a morir por ideas que justifican la esclavitud de las masas.
Aunque Guevara ya no es el paradigma de los jóvenes cubanos, su figura sigue en los programas escolares y se comercializa como suvenir para los turistas que visitan la isla. La idealización del hombre contrasta con la realidad, pero la historiografía lo retoma como ícono para reforzar el discurso simplista del partido único.
Che es aun un sujeto necesario para el relato mesiánico y unilateral contado por los escribanos del castrismo, quienes identifican a la nación con los intereses del grupo que conserva el poder desde hace medio siglo.
Los textos colocados en Internet por Liberpress desmontan la leyenda dorada del Cid Campeador. Ya es hora de reescribir la historia. La crítica y desmitificación son imprescindibles.
N de la R: * periodista independiente cubano que escribe desde la isla luego de haber recibido un boletín de noticias de Liberpress con los titulares del sitio Verdadero Che
08/03/09
El verdadero Che Guevara

"Sin su ideología el Che hubiera sido otro asesino en serie"
por Guy Sorman,
filósofo y economista francés, es autor de Empire of Lies
PARÍS – La historia, cuando es contada por Hollywood, a menudo carece de sentido, pero por lo general los creadores de películas tienen el sentido común de no mostrar bajo una luz amable a los asesinos y los sádicos. Sin embargo, la nueva película de Steven Soderbergh hace eso, y más.
El Che como romántico revolucionario, tal como lo representa Benicio del Toro en la película de Soderbergh, nunca existió. Ese héroe de la izquierda, con su aire hippie y su barba, imagen que hoy es icónica de las remeras y taza de café de todo el mundo, es un mito creado por los propagandistas de Fidel Castro, una especie de cruza entre Don Quijote y Robin Hood.
Al igual que esas historias, el mito del Che tiene una similitud superficial con los hechos históricos, pero la historia real es mucho más oscura. Algún Robin Hood probablemente cometió actos violentos contra los ricos y, para cubrir sus rastros, dio a los pobres parte del botín. En la España medieval, probablemente había caballeros parecidos al Quijote cabalgando por las sendas del reino, librándolo no de dragones, sino de los pocos musulmanes que quedaban. Lo mismo es válido para el legendario Che. Ningún adolescente en rebelión contra el mundo o sus padres parece capaz de resistirse al atractivo de la imagen del Che. Vestir una remera con su rostro es la manera más sencilla y barata de parecer estar del lado correcto de la Historia.
Pose de moda. Lo que funciona para los adolescentes también parece funcionar con los directores de películas que quieren sentirse eternos adolescentes. En los años 60, el estilo Che, con barba y boina, era al menos una atrevida declaración política. Hoy es poco más que una pose de moda que inspira una épica de Hollywood de gran presupuesto. ¿Qué viene después, un parque temático del Che? Sin embargo, una vez hubo un verdadero Che Guevara: es menos conocido que la marioneta de ficción que ha reemplazado a la realidad. El verdadero Che fue una figura más significativa que su clon de ficción, ya que fue la encarnación de lo que la revolución y el marxismo realmente significaron en el siglo veinte.
El Che no era un humanista. De hecho, ningún líder comunista sostuvo nunca valores humanistas. Fieles al profeta fundador de su movimiento, Stalin, Mao, Castro ni el Che tuvieron nunca respeto por la vida. Para bautizar un nuevo mundo, era necesario derramar sangre. Cuando uno de sus primeros compañeros de lucha lo criticó por la muerte de millones de personas durante la revolución china, Mao observó que millones de chinos mueren todos los días, así es que ¿qué importa? De manera similar, el Che podía matar y encogerse de hombros. Estudió medicina en Argentina, pero escogió no salvar vidas, sino eliminarlas. Tras llegar al poder, el Che condenó a muerte a quinientos “enemigos” de la revolución sin juicio previo, ni siquiera con demasiada discriminación.
Destruyó la agricultura. Castro, que no es ningún humanista, hizo lo que pudo por neutralizar a Guevara y lo nombró ministro de Industria. Como era de esperarse, el Che aplicó políticas soviéticas a los cubanos: la agricultura fue destruida y por todo el país quedaron regadas fábricas fantasmas. No le importaban la economía de Cuba ni su pueblo: su propósito era buscar la revolución por si misma, significara lo que significara, como el arte por el arte.
De hecho, sin su ideología el Che habría sido poco menos que otro asesino en serie. La propaganda ideológica le permitió matar en números mayores que lo que habría podido imaginar cualquier asesino en serie, y todo en el nombre de la justicia. Hace quinientos años, el Che probablemente habría sido uno de esos soldados que exterminaron a los nativos de América Latina en el nombre de Dios. En el nombre de la Historia, el Che consideraba que matar era una herramienta necesaria de una causa noble.
Pero supongamos que juzgamos a este héroe marxista según sus propios criterios: ¿realmente transformó al mundo? La respuesta es sí, pero para peor. La Cuba comunista que ayudó a crear es un fracaso indiscutible, mucho más empobrecida y menos libre que antes de su "liberación". A pesar de las reformas sociales de las que la izquierda gusta jactarse acerca de Cuba, el índice de alfabetismo era mayor antes de que Castro llegara al poder, y el racismo contra la población negra estaba menos extendido. De hecho, hoy es mucho más probable que los gobernantes de la isla sean blancos que durante los días de Batista.
Gestor de dictaduras militares. Más allá de Cuba, el mito del Che ha inspirado a miles de estudiantes y activistas en toda América Latina, haciéndolos perder la vida en absurdas guerras de guerrillas. La izquierda, inspirada por el canto de sirena del Che, prefirió la lucha armada a las urnas. Al hacerlo, abrió el camino a las dictaduras militares. América Latina aún no se ha curado de estos efectos secundarios del guevarismo.
De hecho, cincuenta años después de la revolución cubana, los latinoamericanos siguen divididos. Las naciones que rechazaron la mitología del Che y escogieron el camino de la democracia y la libertad de mercado, como Brasil, Perú y Chile, están mejor que nunca: la igualdad, la libertad y el progreso económico han avanzado a la par. Por el contrario, las que siguen nostálgicas de la causa del Che, como Venezuela, Ecuador y Bolivia, están en estos momentos al borde de la guerra civil.
El verdadero Che, que dedicó la mayor parte de su tiempo como presidente del Banco Central de Castro a supervisar ejecuciones, merece ser mejor conocido. Quizás si la película épica de dos partes de Soderbergh resulta un éxito de taquilla, sus financistas querrán filmar una secuela más ajustada a la verdad. Ciertamente no faltaría material para “La verdadera historia del Che”.
Copyright: Project Syndicate, 2009.www.project-syndicate.orgTraducido del inglés por David Meléndez Tormen@nacion.com
Campaña de Jóvenes Franceses contra el Che
(Cartas a Ofelia)
París, 3 de marzo de 2009.
Mi querida Ofelia
Ayer al salir de la universidad, me encontré con unos jóvenes que distribuían etiquetas, en ellas aparece el rostro del Ché Guevara con una barra
diagonal sobre él, al interior de un círculo rojo. En una banda amarilla situada bajo el círculo, se puede leer CRIMINEL y al pie de la etiqueta, la
dirección e-mail del grupo político juvenil que lleva a cabo la campaña contra el Ché.
Thibaud Vincendeau, presidente de "Jeunes Pour la France" ( Jóvenes por Francia), organización juvenil cristiana de derecha, inspirada en las ideas
del político Philippe de Villiers, dio una entrevista a la importante revista francesa Valeurs Actuelles ( Valores Actuales).
En ella explica que la Campaña contra el Ché que lleva a cabo su organización juvenil, es debido a "la cheguevaramanía", provocada sobre todo después de la proyección del filme El Ché. Agregó: "la verdad es que Ché Guevara era un criminal y un fanático. Creó los primeros campos de reeducación del régimen cubano y apoyó la revolución cultural china. El 11 de diciembre de 1964 dijo desde la tribuna de la O.N.U.: "hemos fusilado, fusilamos y continuaremos a fusilar mientras sea necesario".
A continuación Thibaud Vincendeau declaró: "hemos hecho un filme que se puede ver en nuestro sitio internet www.jeunespourlafrance.fr , también distribuimos pasquines en las puertas de los cines, para hacer saber quién era el verdadero Ché. En 1961 fue nombrado ministro de industrias y dos
meses después instauró el racionamiento. También suprimió el derecho de huelga y la libertad de prensa.
Para terminar expresó: "Vivimos todavía bajo el dominio intelectual de la izquierda, que nosotros no osamos poner en tela de juicio. Incluso los de derecha. ¡Hasta los jóvenes U.M.P.* se proclaman 'revolucionarios'! Nosotros no."
Y así van las cosas por estos lares.
Te quiere siempre,
* U.M.P., principal partido francés de centro derecha, el que actualmente se encuentra gobernando al país.
LA BATALLA DE SANTA CLARA: ¿VICTORIA HEROICA O COMPRADA?
por Marcelo Gioffré
LiberPress- El Agora, Enero de 2009- En 2005, escribí un artículo en el diario La Nación cuyo título era “Los fracasos del Che Guevara”, en el cual inventariaba una serie de epopeyas fallidas del rosarino. No me animé, en aquella ocasión, a abrir juicio sobre la mítica batalla de Santa Clara, episodio consagratorio por la ingeniosa emboscada al tren blindado, al cual le habrían prendido fuego desde el piso de los vagones, única parte desguarnecida.
Entre noviembre y diciembre de 1958, el Che logró cortar las comunicaciones en el centro de Cuba, bloqueando el transporte. Consiguió una sucesión de éxitos militares. En Cabaiguán logró capturar noventa prisioneros y ochenta y cinco rifles. Las tropas de Batista quedaron desmoralizadas. La columna rebelde se preparó para el asalto de Santa Clara, una ciudad con 150.000 habitantes, 2500 soldados y 10 tanques apostados para la defensa. El Che preparó su ataque con 300 hombres inexpertos y cansados. En ese momento llegó la noticia de que un tren blindado con 400 soldados, muchos de ellos especializados en ingeniería, para reparar puentes y caminos dañados, y pertrechos bélicos de refuerzo, venía de La Habana para sumarse a la defensa de Santa Clara. El tren se estacionó al pie de la Sierra Capiro.
El 28 de diciembre las columnas rebeldes comenzaron a avanzar sobre la ciudad. En el camino recibieron ataques y cinco soldados rebeldes murieron. Por la noche de ese primer día la población civil comenzó a levantar barricadas para impedir pasar a los tanques del ejército. Los soldados rebeldes se infiltraron en la ciudad. Según la leyenda, el 29 de diciembre, cuando el tren blindado, que inesperadamente empezó a cambiar de posición, avanzó hacia el centro de la ciudad notó que parte de los rieles habían sido retirados, provocándose un descarrilamiento de tres vagones. Fue entonces que las fuerzas del Che arrojaron bombas molotov incendiarias, transformando al tren blindado en una ratonera, obligándolo a capitular y obteniendo el profuso armamento.
Henry Louis Gómez, quien me referió que es nieto de un soldado batistiano, por ese entonces con grado de capitán, Enrique Antonio Gómez Perez, que era uno de los 400 hombres que viajaba en el tren blindado, sostiene otra versión de los hechos. El tren no habría sido emboscado y capturado sino “comprado” por el Che al Coronel Florentino Rosell, jefe de las fuerzas leales, con dinero proveniente de tributos aplicados en zonas ya tomadas de la isla. Rossel, el mismo día de la batalla, se habría retirado a realizar actividades lúdicas, lo que no parece consistente con una derrota militar oprobiosa. Luego Rossel huyó a Estados Unidos, donde montó una floreciente empresa.
El Coronel Rossel había llegado a Santa Clara por avión el 24, había cenado en Nochebuena en las barracas y desayunado para Navidad en el tren blindado. Gómez Perez dice haber visto a Rossel y a un hermano de éste, aproximadamente el 26 ó 27, partiendo en un auto con varios portafolios. Rossel nunca volvió al tren, dejándolo al mando del Comandante Gómez Calderón. El padre de mi informante e hijo del Capitán Gómez Perez, Enrique Gómez, de 16 años, condujo a su madre por esos días hasta la casa del Coronel Rossel, en las afueras de La Havana, dado que no tenían noticias de su padre y marido. Fueron atendidos por la suegra de Rossel, quien les dijo que el Coronel se había ido a pescar en un yacht. Casi inmediatamente Rossel se fugó en ese mismo yacht a Miami. Ya su familia se había ido. En poco tiempo Rossel se convirtió, en los Estados Unidos, en un próspero empresario de la industria de la construcción.
Consistente con la versión que me brindó Henry Louis Gómez, el cientista político Jorge Castañeda, en su libro “Compañero” (Alfred Knopf, New York, 1st ed., 1997, pág. 135) reproduce el testimonio de Gutierrez Menoyo, quien sostiene que el hermano de Rossel se entrevistó con el Che Guevara y que él le preguntó varias veces al propio Che qué fue lo que le ofreció, obteniendo sólo una sonrisa de parte del revolucionario. El propio Fulgencio Batista, en su libro “Respuesta” (Sin pie de imprenta, México, 1960) arguye que el tren no fue emboscado por Guevara sino “entregado”, “vendido” por Rossel, a cambio de una suma cercana a los 350.000 dólares que el Che le habría donado. Ramón Barquín, oficial batistiano entrevistado por Castañeda en 1996, confirma que la caída del tren blindado fue parte de un acuerdo.
Sólo los protagonistas directos sabían la verdad definitiva sobre los hechos. Las pruebas que echan un manto de sospecha sobre la mítica batalla de Santa Clara y la emboscada al tren blindado, empero, son varias, precisas y concordantes. El revolucionario derrotado militarmente en Congo y Bolivia, derrotado políticamente en la propia Cuba, vuelto sorpresivamente ícono festivo en remeras y tatuajes, quizás no haya ganado su batalla más épica y consagratoria.
30/10/08
Che: guerrillero heroico, terrorista infame
LiberPress- Libertad Digital- Octubre de 2008 - Al principio del rodaje de su díptico sobre el terrorista marxista-maoísta Ernesto Che Guevara, el director norteamericano Steven Soderbergh reunió a los actores y les dijo que iban a hacer una película sobre "los últimos idealistas". La anécdota revela la confusión conceptual que lastra cinematográficamente este proyecto de iluminar la vida revolucionaria del médico asmático argentino que fumaba puros cubanos.Se acaba de estrenar Che, el argentino, cuya segunda parte –Guerrilla– tiene previsto proyectarse al inicio de 2009. De lo que podemos estar seguros es de que Soderbergh no es tan idealista como su admirado y mitificado personaje. A la pregunta de por qué no ha estrenado la película en su formato originario, tal y como se ha proyectado en diversos festivales, ha contestado como sigue:
La gente no tiene tiempo para pasar toda una tarde en el cine (…) Como ejercicio capitalista, creo que va a encontrar su audiencia (…) Desde un estricto sentido comercial, lo que tenemos aquí es una película con una marca perfecta: ¿quién no conoce al Che? El filme trata de desvelar el misterio del origen del mito.
Si nos atenemos a su declaración de intenciones, la película es un éxito como artefacto capitalista (en su primera semana fue la más taquillera) y un fracaso como experiencia artística. Superficial y desmañada, aburrida en su grandilocuencia ahogada, manipuladora en su pedagogismo regurgitado, a través de 140 minutos Soderbergh sólo acierta a retratar con garra y justeza a… ¡Fidel Castro!, interpretado con alegre desparpajo por Demián Bichir. No es de extrañar que las autoridades cubanas hayan advertido de que la cinta posiblemente será censurada en el próximo Festival de la Habana.
El argentino comienza con una cena en un apartamento en el que están reunidos varios conspiradores contra la dictadura de Batista, entre los que se encuentra Ernesto Guevara. Unos tremendos golpes en la puerta hacen que todos se teman la llegada de la policía. Pero es sólo Fidel Castro, que con su energía habitual monopoliza durante la reunión la charla revolucionaria, salpicada de estadísticas de pobreza y consignas militaristas. Más tarde, ya a solas, Castro y Guevara sellan una alianza basada en la locura.
El resto de la película transcurre en Sierra Maestra, en las luchas guerrilleras contra el ejército cubano, en las que Soderbergh se rinde a la imagen mítica del Che estampada en camisetas y tangas, tatuajes y posavasos: carismático, duro y rebelde. La fotografía estándar del cine hollywoodiense cuando se trata de junglas se combina con la música épico-lírica al uso, compuesta por el cada vez más impersonal Alberto Iglesias. El contrapunto del Che sudoroso, asmático y temerario en las trincheras caribeñas se sitúa en los lujosos apartamentos neoyorquinos en los que la radical-chic homenajea al buen salvaje, venido del inframundo tercermundista para hablar ante la ONU en representación de Cuba, cuando lanzó ese famoso y terrible discurso en el que amenazó con exportar la guerra revolucionaria a todo el continente americano.
Este es el momento más indecente de la película, cuando nos preguntamos si Soderbergh es sólo un ingenuo que se ha leído todos los libros sobre el Che sin entender ninguno o es un cínico que sabía que el éxito de la película dependía de una calculada ambigüedad. ¿Cómo conseguir que el reconocimiento por parte del Che de que la revolución castrista se ha despeñado por el asesinato como medio revolucionario sea admitido con aquiescencia por el espectador? Pues mostrando, antes de que Guevara proclame soberbio ante los embajadores: "Fusilamientos, sí; hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario"; mostrando, decía, una ejecución con la que el personal esté emocionalmente de acuerdo: la de dos desertores de la tropa castrista que se habían dedicado a robar a los campesinos y violar a sus mujeres e hijas. Un buen ejemplo de torticero montaje dialéctico.
Naturalmente, dado que Soderberg concibe su película como un arma de desinformación masiva, el final nos muestra a un Che triunfante en su acoso a la ciudad de Santa Clara, sin que por un momento se le vea cumpliendo su labor de matarife burocrático en La Cabaña.
Soderberg ha querido exculpar al Che, "comprenderlo", haciendo referencia al contexto. Ha venido a decir que era la reencarnación de Washington, Jefferson y Adams juntos. Para ello ha tenido que despreciar y satanizar a los adversarios de Batista que luchaban contra el dictador por medios no violentos y a los que querían la derrota de la dictadura para implantar en su lugar una democracia liberal. Ernesto Guevara, como buen marxista, detestaba todavía más a estos pequeños burgueses que a Batista. Asimismo, y siguiendo el guión guevarista, los líderes de la oposición son presentados como corruptos "negociadores", tan distantes del purísimo, inmaculado argentino.
Por supuesto, el Che nada tenía que ver con los libertadores americanos, y de buscarle un paralelo histórico habría más bien que aludir a la virtud paranoica y el furor homicida de los revolucionarios Robespierre y Saint-Just. A Guevara se le puede aplicar perfectamente el atinado y tremendo análisis que dedicó Hegel a los jacobinos franceses:
La respuesta que Robespierre tenía dispuesta para todo era: la mort! Su uniformidad es soberanamente aburrida, pero vale para todo (…) Yo puedo matar todas las cosas, hacer abstracción de todo. Así, la propia infatuación es irresistible y puede superarlo todo. Pero lo supremo, lo más alto que habría que superar sería precisamente esta libertad, esta muerte misma.
Se entiende ahora mejor la trampa de la sentencia promocional del film: "Un revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor; amor a la humanidad, a la verdad y a la justicia". Y es que la gran paradoja, que Soderbergh no llega siquiera a rozar, es que el amor por la humanidad, en abstracto, es compatible con el odio hacia todos y cada uno los hombres, en concreto. Una paradoja que terminó devorando a Ernesto Guevara, uno de los sudamericanos más importantes del siglo XX para Soderbergh y la presidenta argentina. Así les va.
Comenta Soderbergh que su objetivo es que la chica que vio una vez en Manhattan con el rostro del Che tatuado en el trasero conozca mejor al hombre tras la máscara mercantilizada. Me temo que la chica seguirá perteneciendo al club de los grandes ignorantes que admiran a Guevara, y al que pertenecen desde Maradona al director de Le Monde Diplomatique, pasando por Mike Tyson. En cuanto a los que lo conocen de verdad –por ejemplo, el terrorista Iñaki Bilbao, que vestía una camiseta con su efigie el día en que amenazó a un juez de la Audiencia Nacional con pegarle siete tiros–, les parecerá insufriblemente superficial, al mostrar un Che descafeinado ideológicamente, una versión cubana del Capitán América. Al resto, a los que sólo buscan una buena película, les pronostico una tarde laaarga y aburrida.
CHE: EL ARGENTINO (EEUU-España, 2008; 140 minutos). Dirección: Steven Soderbergh. Guión: Petr Buchman. Música: Alberto Iglesias. Intérpretes: Benicio del Toro, Demián Bichir, Elvira Mínguez, Jorge Perugorría, Eduard Fernández, Óscar Jaenada, Carlos Bardem. Calificación: Interminable (5/10).
05/10/08
Ernesto "Che" Guevara. Crimen e incapacidad estratégica
LiberPress/ GEES - Lecciones maoístas, lecciones leninistas: Si Lenin unió el materialismo dialéctico de Marx a una forma de hacer política despiadada y cruel, Mao Tse Tung dio un paso más que éste, y sumió la guerra revolucionaria en una profunda hostilidad que sólo Ho Chi Minh y algunos émulos hispanoamericanos conseguirían superar. Mao, a diferencia de sus camaradas soviéticos, dotó a su revolución de un carácter telúrico que el leninismo no poseía; la guerra revolucionaria sería además la guerra de liberación nacional. Liberar China para liberar al mundo se convirtió en la misión máxima maoísta. La lucha contra el capitalista se fundía con la lucha contra el invasor en defensa de la tierra, de manera que la violencia ascendió en el país chino hasta sus límites extremos.El componente nacionalista no será ajeno a la enemistad entre chinos y soviéticos, e introducirá un componente ideológico nuevo en la revolución marxista. A partir de la obra de Mao, la guerra mundial contra el capitalismo pasó a ser la guerra de los pueblos por su independencia. La guerra revolucionaria asiática se convirtió en el espejo de la izquierda mundial; vía Vietnam y Argelia, llegaría hasta los matarifes etarras. Durante años, los asesinos etarras soñaban con convertir las estribaciones del Txindoki o de la sierra de Aralar en las selvas chinas o vietnamitas.
El éxito maoísta no fue casual, como no lo fue el de Lenin. Ambos tenían en mente dos de los principios eternos de la estrategia; ésta debe adaptarse a las circunstancias históricas –institucionales, sociales, económicas, humanas, geográficas- en las que se desarrolla. Y, como Lenin había leído en Clausewitz, la guerra es la continuación de la política por otros medios. Lo que en términos revolucionarios viene a indicar la necesidad de preparar las condiciones políticas para la guerra final.
El genio estratégico de Mao consistió en adaptarse a las circunstancias, tal y como Lenin había hecho tiempo antes; las leyes de la dirección de la guerra cambian en función de las condiciones de la guerra, o sea, tiempo, lugar y carácter de la misma. En cuanto al factor tiempo, tanto la guerra como las leyes de su dirección se desarrollan. Cada etapa histórica tiene sus características, y, por lo tanto, las leyes de la guerra en cada etapa histórica tienen las suyas y no pueden ser trasladadas mecánicamente de una etapa a otra”(“Problemas estratégicos de la guerra revolucionaria china”, capítulo primero)
En la China colonial poco sentido tenía la revolución proletaria urbana con que Marx soñaba y que Lenin llevó a cabo. Las barricadas y las fábricas se convirtieron en las emboscadas en la jungla, el obrero se convirtió en el campesino. Además, estaba la ocupación japonesa. El Partido Comunista de China hizo imposible cualquier revuelta nacionalista; levantarse contra el orden político pertenecía tanto a la ideología nacionalista como a la comunista; el imperialismo unía armoniosamente ambas figuras.
Mao tampoco obvió la otra característica heredada de la propia naturaleza de la guerra; ésta es la continuación de la política por otros medios. Lenin, leyó con agrado a Clausewitz, y sacó la consecuencia acertada; las guerras de las potencias occidentales son la continuación de su política capitalista. El imperialismo es la continuación necesaria del capitalismo. Y a esto debía oponerse una guerra igualmente política; la guerra revolucionaria era la continuación de la política revolucionaria. Si la guerra revolucionaria sería la guerra popular, el pueblo era el origen y el fin de ella. En consecuencia, el maoísmo abordará primero los corazones y mentes de los campesinos. Eliminará maestros, médicos e intelectuales. Y caerá sobre los campesinos con todo el peso ideológico de la revolución; adoctrinamiento, propaganda, organización: “Debemos ayudar a las masas a comprender que nosotros representamos sus intereses y que nuestro aliento se funde con el suyo. Debemos ayudarlas a que, partiendo de estas cosas, lleguen a comprender las tareas aún más elevadas que hemos planteado, las de la guerra revolucionaria, de manera que apoyen la revolución, la extiendan a todo el país, respondan a nuestros llamamientos políticos”(”Preocupémonos de las condiciones de vida de las masas”, discurso de enero 1934)
Tanto Lenin, padre de la revolución, como Mao, padre de la guerra revolucionaria, tenían claros ambos principios; adaptación de la guerra a las circunstancias, preeminencia de la política revolucionaria. Ello, unido a una violencia y un desprecio por la vida humana repulsivo, les proporcionó el triunfo esperado. Captaron que ambas leyes no eran optativas; constituían la condición de posibilidad para el triunfo revolucionario.
Guevara: cortocircuito China-Cuba: Cuba sólo era China en la mente ciega de los comunistas hispanoamericanos. A finales de los cincuenta, el régimen de Batista había comenzado a caer en desgracia, sin empujón revolucionario alguno. El descontento ante el régimen era generalizado; la crisis económica y la corrupción generalizada, la oposición entre las clases urbanas ilustradas cada vez más poderosa.
Ironía estratégica o casualidad histórica, la guerrilla castrista no fue ni el único ni el más importante factor de la caída de Batista. No fueron Castro y Guevara quienes acabaron con el dictador; desde los estudiantes hasta los empresarios, la oposición al dictador lo había sentenciado de antemano, situado en una cuesta debajo de seguro resultado. En 1959, el régimen de Batista era un régimen en descomposición, que se desmoronaba poco a poco. Sin el profundo descontento urbano, sin el abandono y la hostilidad crecientes de las clases medias de La Habana, Batista hubiese acabado con los insurrectos del Granma sin demasiado esfuerzo.
Descomponiéndose desde arriba y desde las ciudades, la lucha antirrevolucionaria estaba llamada al fracaso; la guerrilla castrista se “enfrentó” a un ejército desmotivado y pésimamente armado. Al ejército parecían afectarle los mismos males que afectaban al régimen. Las deserciones y traiciones parece ser que fueron frecuentes. Los enfrentamientos en la sierra con los guerrilleros fueron más bien escaramuzas de escasa entidad; el tren blindado de Santa Clara tenía poco de blindado, y sus soldados desertaron a la menor ocasión, sin defenderlo. Pese a la propaganda castrista, los hechos parecen ser tozudos; el ejército cubano era, en 1959, una institución en disolución.
Así las cosas, la lección histórica para el revolucionario debiera haber sido evidente; políticamente, no fue ella la que acabó con el régimen de Batista. Estratégicamente, no luchó una verdadera guerra contra un enemigo digno, sino contra una caricatura militar. Ni los revolucionarios vencieron militarmente a las fuerzas del Estado cubano ni la población estaba rendida ideológicamente a los hombres de Castro. Un mínimo de prudencia exigiría en el revolucionario una lectura realista de la situación; una adhesión temporal de las masas, una oposición al régimen que sobrepasaba a los castristas exigirían una mezcla de brutalidad y fintas políticas institucionales que quizá sólo Fidel Castro sí entendió y perpetuó hasta nuestros días.
Pero ciego de ideología, ebrio de poder y de popularidad, Ernesto Guevara no pudo sacar las consecuencias que el revolucionario chino o soviético, realista a más no poder, hubiera sacado en su lugar. En primer lugar, ignoró las consecuencias particulares de Cuba; los menos de cien guerrilleros que desembarcaron del Granma nada tenían que ver con los soviets o el Partido Comunista Chino, la victoria de los barbudos de Sierra Maestra fue más bien la derrota de su oponente; nada que ver con las salvajes guerras civiles rusa y china. En estas circunstancias, el peor error posible sería sacar de la experiencia cubana una lección revolucionaria universal. Guevara lo cometió, y además cometió el segundo; creyó que la guerra que ellos desencadenaron se bastaba para suplir la política revolucionaria, que, de todas formas, se desarrollaba en su versión más democrática en las ciudades cubanas. Incapaz de entender esta sencilla experiencia, alumbró uno de los conceptos estratégicos más desafortunados, criminales y suicidas de la historia: el foquismo.
Foquismo: violencia, principio y fin :Revolucionario de póster y alocución radiada, Guevara se situaba a años luz del genio estratégico revolucionario. Pensó en primer lugar que la guerrilla cubana era el modelo teórico a seguir, con independencia de las condiciones históricas, del tiempo y del espacio. En consecuencia, adaptó las circunstancias cubanas a sus deseos, ignoró las circunstancias en las que se produjo la caída de Batista y buscó adaptar la realidad a su “teoría” estratégica. Ebrio de victoria, creyó que la caída de Batista era fruto de la lucha desarrollada por los comunistas cubanos, y que la política surgía de la victoria militar.
Con orgullo y soberbia política, a la vez que con incompetencia estratégica, alumbró el concepto de “foquismo”; “No siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional puede crearlas”, escribía en “La Guerra de Guerrillas”. Ni Mao ni Lenin habrían firmado jamás un sinsentido estratégico, lo que no les impidió en ningún momento comprender que la problemática de la relación entre teoría y práctica se superaba con el uso máximo de la violencia.
¿Debe el revolucionario esperar inmóvil que las condiciones para la revolución maduren?¿debe acelerar o provocar el estallido violento? Más allá de la filosofía, Lenin introdujo su despiadado realismo de político revolucionario; reconocer que el proceso de espera no puede ser ad-infinitum, y que la historia no la hace sólo el materialismo dialéctico, sino la voluntad humana. La revolución soviética dice mucho del genio político y estratégico leninista; en Rusia no se daban todas las condiciones, pero se daban las condiciones necesarias para que la violencia revolucionaria hiciese el resto. Condiciones no filosóficas, sino históricas y estratégicas; un gobierno débil, una sociedad desordenada y unas fuerzas de choque rojas perfectamente adoctrinadas y preparadas. Suficiente.
El uso de la violencia para agravar las condiciones no era nueva, a condición de que las condiciones, entre los propios y el enemigo, existan. Espiral típicamente revolucionaria, que Mao había usado bien, con una salvedad que Guevara nunca acertó a intuir: La espiral acción-represión-acción tenía como condición la conciencia de su condición estratégica; ella en sí misma agudizaba la violencia revolucionaria, pero no la creaba. La represión sobre el campesinado chino se producía con éste ya lo suficientemente politizado, adoctrinado, entregado a las manos de los profesionales de la revolución. El campesino asiático creía ya en la represión antes de que ésta se desencadenara sobre él, o al menos creía que el guerrillero era superior al soldado japonés. La victoria, de hecho, empezaba cuando el campesino formaba parte ya, moralmente, del movimiento maoísta. Condición que de ninguna manera puede crear en sí misma la acción guerrillera.
Ernesto Guevara jamás se paró a pensar en lo que Sun Tzu, Clausewitz, Lenin o Mao tenían por fundamental. Ignoró en todo momento esta preeminencia de la política revolucionaria sobre la guerra revolucionaria, y puso la violencia en primer plano; creyó que la política seguiría de mal o buen grado al estallido violento. Con una escasa coherencia argumental, utilizó el lenguaje de los revolucionarios europeos y asiáticos para hacer algo que éstos hubiesen despreciado profundamente:
Naturalmente, cuando se habla de las condiciones para la revolución no se puede pensar que todas ellas se vayan a crear por el impulso dado a las mismas por el foco guerrillero. Hay que considerar siempre que existe un mínimo de necesidades que hagan factible el establecimiento y consolidación del primer foco. Es decir, es necesario demostrar claramente ante el pueblo la imposibilidad de mantener la lucha por las reivindicaciones sociales dentro del plano de la contienda cívica. Precisamente, la paz es rota por las fuerzas opresoras que se mantienen en el poder contra el derecho establecido (“La Guerra de Guerrillas, capítulo I)
Construyó sobre sí, con el aplauso de la izquierda europea, una teoría estratégica dogmática y criminal. Dogmática porque creó un modeló teórico dogmático que ni Mao ni Lenin hubiesen firmado, el del carácter eterno del modo cubano de lucha. Criminal porque propugnaba, abiertamente, el uso de la violencia sin ningún sentido ni finalidad más allá de los libelos propagandísticos del argentino. Guevara creó que sembrar la semilla de la violencia en cualquier parte del mundo sería suficiente para que prendiera la política revolucionaria. Ni siquiera ocurrió en Cuba, donde la violencia guerrillera se insertó en un clima político de descomposición del régimen de Batista. Clima que Guevara fue incapaz de observar, apropiándose para sí y los suyos la caída en desgracia del dictador.
Bolivia o no sacar las consecuencias necesarias: Aún tuvo Guevara una primera oportunidad de enmendar una teoría estratégica estrambótica; la aventura en El Congo. En la selva todos los errores que podría reconocer cualquier revolucionario mundial se mostraron empíricamente a Guevara. En primer lugar, en nada se parecían las circunstancias congoleñas a las circunstancias cubanas, aquellas que Guevara había creído que eran universales. El ejército congoleño estaba bien preparado, armado y entrenado que el de Batista. Bien dirigido por militares y mercenarios europeos, con tácticas profesionales. Los nativos congoleños vivían demasiado alejados del poder como para preocuparse demasiado de éste, y miraron desde el principio con desconfianza y lejanía a los aventureros cubanos que perturbaban sus vidas. Y cuando se unían a éstos, lo hacían siguiendo sus propias reglas militares, que ni eran reglas ni eran militares.
En segundo lugar, nadie en El Congo sabía exactamente qué hacían unos extranjeros, disfrazados de guerrilleros, de selva en selva. En su “biografía del Che” (Edit. Dastin, Madrid, 2004), cuenta Fernando Díaz Villanueva como Kabila, supuesto aliado, le ninguneó hasta el final, y los enfrentamientos con las tropas congoleñas se saldaron con derrotas y fracasos. No sólo anduvo perdido por la selva; Guevara trató empecinadamente de prender fuego a un foco guerrillero sin que existiera una sola condición política adecuada, y sin que considerara necesario llevarla a cabo. En consecuencia, su fracaso fue inapelable. Sólo su fe en una doctrina equivocada le mantuvo unos meses en las selvas congoleñas.
De derrota en derrota, tampoco Guevara sacó las conclusiones pertinentes de su experiencia en las orillas del lago Tanganica. Si se mostró incapaz de sacar las conclusiones pertinentes del caso cubano, menos aún fue capaz de sacarlas del Congo. Díaz Villanueva revela como repartió culpas entre los congoleños y sus propios compañeros. Sea como fuere, siguió considerando el caso cubano como un caso universal, y despreciando el trabajo político como condición revolucionaria indispensable. Ni corto ni perezoso volvió a repetir los mismos errores en Bolivia, pero esta vez lo hizo aún peor; desconocía aún más las circunstancias particulares del país, y despreció aún más la política como hilo conductor de la violencia.
En Bolivia, el gobierno de Barrientos gozaba de cierta popularidad social. Su política incluía reformas agrarias, nacionalizaciones. No era un gobierno medieval como el congoleño, ni en descomposición como el de Batista. Las condiciones sociales estaban lejos de ser las que Guevara consideraba aptas para desarrollar el foco insurreccional. Por supuesto, el activista no sopesó el carácter misionero del revolucionario; pretendió suplir la educación, la propaganda y el adoctrinamiento por las escaramuzas en la frontera entre Bolivia y Brasil.
Incluso los dirigentes del Partido Comunista de Bolivia miraron con desconfianza a Guevara; la desconfianza se tornó en hostilidad. Si Kabila despreció a Guevara, el PCB acabó tomándolo como un enemigo. Castro y Guevara iniciaron el proceso subversivo en Bolivia teniendo en frente al mismo dirigente del comunismo boliviano, Mario Monje. Un vistazo a la situación exigiría al menos, una estrategia totalmente diferente a la desarrollada en Cuba años atrás. Guevara ni lo pensó.
Despreciando la primacía de la política, las “operaciones militares” -marchas de reconocimiento y de aprovisionamiento-, se llevaron a cabo al margen y por encima de la población. Los pocos campesinos con los que se cruzaban los guerrilleros guevaristas o pasaban de largo o les denunciaban a las fuerzas de seguridad. El argentino pagó demasiado cara su incapacidad estratégica; su muerte en la Quebrada del Yuro resultó fruto de la inconsciencia del soldado, el desconocimiento del comandante y la incapacidad del político.
Entre noviembre de 1956 y octubre de 1967, la reflexión estratégica de Guevara fue errónea incluso para el revolucionario más ideologizado. Extrajo de Cuba la peor conclusión posible, la que ni Lenin ni Trostky ni Ho Chi Minh sacarían jamás; considerar que la actividad guerrillera allí desarrollada tenía carácter universal, y considerar que la derrota de Batista era producto de la actividad violenta comunista. Dos errores, que tenían que desembocar en el ridículo congoleño; la incapacidad militar por un lado, y la ausencia política, por otro.
En Bolivia se mostraron de manera trágica las limitaciones estratégicas de Guevara; la incapacidad de adaptar la política revolucionaria a las circunstancias históricas de cada lugar, y la necesidad imperiosa de que la política revolucionaria precediera a la guerra revolucionaria. Su más conocida frase, “Crear dos, tres... muchos Vietnam” resume sus dos erróneos principios; el dogmatismo teórico y el belicismo más salvaje. Ambos le llevaron a la tumba. A él, a sus seguidores y a demasiadas de sus víctimas, ejecutadas a sangre fría por él mismo, en nombre de una ideología criminal y de una incapacidad estratégica importante.
Guevara: Misionero de la Violencia
LiberPress/ Información Gente del Siglo XXI Portal Web - En el corto texto de Alba como comentario a "Guevara: Misionero de la Violencia", leemos que… "Hay trabajos que marcan las futuras investigaciones. Este es uno de ellos. Es una de las labores más importantes e interesantes que ha desarrollado el Instituto de la Memoria Histórica contra el Totalitarismo.Con ese sentido de preservación histórica, ha unido en esta obra, todas las entrevistas realizadas para el documental "Guevara: Anatomía de un Mito". Pasan decenas de personas que tuvieron alguna relación con Ernesto Guevara. Combatientes revolucionarios, militares que le combatieron, revolucionarios del clandestinaje, periodistas, familiares de las víctimas, colaboradores iniciales. Fue una búsqueda y hallazgo de éxito.
La finalidad no es para el momento, es de futuro. Hay anécdotas que descifran la psicología del quien llegara a convertirse en uno de los más alcanzados mitos de la tragedia cubana. Destaca el carácter personal de los relatos, la impresión personal, de primera mano, que como documento de referencia, de apuntes para el conocimiento de la personalidad de Guevara, convierten la obra en cita futura obligada.
Muchas de esas entrevistas ayudan a dar la verdadera imagen de Ernesto Guevara, antes de que se convirtiera en el símbolo de la violencia (que llaman en ocasiones revolucionaria para ser menos criticada). Con tranquilidad y sólidos argumentos el autor, Pedro Corzo, insiste en la titánica tarea de quitarle el brillo a Guevara, de poner en su verdadera dimensión, en bajarlo con la verdad histórica de ese pedestal que le han levantado y del que pretenden seguir utilizando en América Latina.
Las futuras generaciones serán las beneficiarias de estos trabajos. Se encargaran otros cubanos, y de muchas otras nacionalidades, aún por nacer, de hacer el veredicto final sobre la figura de Ernesto Guevara. Aquí están las pruebas, aquí están los argumentos del debate y la reflexión".
Desde el Portal Gentiuno.com, nos complace invitarles a esta nueva presentación de Pedro Corzo periodista e investigador cubano. Presidente del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo. Productor y director de documentales audiovisuales que en número de 8, dan testimonio de la incesante lucha a favor de la democracia en Cuba, y de los cuales citamos aquí "Guevara, Anatomía de un Mito" y "Las Torturas de Castro". Ha publicado "Cuba, Cronología de la lucha contra el Totalitarismo", "Mártires del Escambray" y el ensayo "Perfiles del Poder".
La presentación de "Guevara: Misionero de la Violencia" se realizará -como ya hemos señalado comenzando esta pequeña crónica- el jueves 9 de octubre de 2008. Contando con las intervenciones de los reconocidos periodistas y analistas cubanos Pablo Alfonso y Enrique Ros y una introducción realizada por el también periodista Enrique Encinosa.
Dirección: Instituto de Estudios Cubanos Cubano-Americano
Casa Bacardí - 1541 Brescia Avenue. Coral Gables, Miami, Fl.
(305-5518749 / 305-8275645) Hora: 7 de la noche
18/09/08
«Si el Che hubiera ganado, hoy toda Sudamérica sería una patética Cuba»
LiberPress- La vanguardia.es -España 16 de septiembre de 2008 - ¿Héroe o villano? - "¿Me atrevo con el Che? La sola pregunta implica una autocensura que funciona con precisión automática cuando el tema escogido para un artículo presenta aristas incómodas. Y los mitos caídos en la trinchera son lo más sagrado de la religión atea, tanto, que analizarlos críticamente implica la expulsión directa del paraíso. En estos tiempos en los que Don Quijote ya no topa con la Iglesia (quizá porque la pobre lleva años zarandeada), choca frontalmente con las religiones ideológicas, cuyos autos de fe son implacables contra los herejes. Y el Che es la fe en ella misma, el Santo Grial de los revolucionarios, el cáliz donde beben las bocas sedientas de viejas ideologías"."¿Quién duda de la bondad extrema del Che, de su entrega, de su heroicidad? Él, que sacrificó una vida de bienestar, que huyó de las medallas y de los honores, que volvió a las selvas de la lucha, allí donde germinaba la semilla de la revolución. Él, que dio su vida por el pueblo. Icono de masas, profeta de libertades y marca comercial por excelencia, el Che sobrevive al tiempo y a la historia, convertido en el cadáver más exquisito del siglo XX. Dicen que su perfil, extraído de la foto de Alberto Korda, es el símbolo más reproducido de la historia moderna"."Ahora, la película de Steven Soderbergh, con el espléndido Benicio del Toro metido en la piel del mito, da nueva luz al icono, y con ella retornan los tiempos de los pósters en las habitaciones de los adolescentes. Especialmente en Latinoamérica, donde los problemas endémicos se entrecruzan con los mitos revolucionarios y las promesas vacuas de los demagogos populistas"."…¿no ha llegado la hora de deconstruir al mito, cuya bondad suprema es uno de los montajes propagandísticos más eficaces de la historia del comunismo? Por supuesto, Ernesto Guevara fue un hombre extraordinario, tanto por su magnética personalidad, como por su capacidad intelectual. Mucho más complejo que su amigo Fidel, un simple autoritario con ínfulas de Mesías, el Che fue el auténtico líder de los sueños utópicos de los años sesenta. Pero ello no evita reflexionar sobre algunos aspectos de su violenta biografía, en nada parecida a Santa Teresa de Calcuta. Fue el Che el que hizo ejecutar a decenas de disidentes cubanos en la fortaleza de San Carlos de La Cabaña, como supervisor de los sumarísimos 'juicios revolucionarios' en Cuba. Y fue él mismo el que masacró pueblos enteros de campesinos, en su implacable avance revolucionario"."Estalinista convencido, nunca luchó por la libertad de ningún pueblo, sino para instaurar dictaduras del proletariado en todos los países sudamericanos, y su causa contenía, sin ambages, ni complejos, todos los elementos de la tiranía comunista. ¿Un libertador? Tanto como lo fue cualquier otro líder comunista de la época. Salvador del pueblo, en el sentido más patológicamente egocéntrico, su figura sólo puede entenderse como heroica si se considera heroico imponer las ideas matando a decenas de personas"."Sin duda fue un autoritario, y sin ninguna duda no tuvo problemas morales en ser un asesino. Que su causa naciera de razones nobles, que fuera un hombre con convicciones, que hubiera podido vivir una vida de comodidades y se dedicara a luchar por sus ideas, etcétera, todo es cierto. Pero nada de ello niega la mayor: que fue un enfurecido visionario, que quiso imponer, a sangre y fuego, sus dogmáticas e inapelables razones. Si el Che hubiera ganado en su carrera hacia la liberación, hoy toda Sudamérica sería una patética Cuba. O, peor aún, naufragaría entre déspotas y mafias, cual una Rusia cualquiera. Y nada de ello, nada, tiene que ver con la libertad". 14/09/08
Che, el asesino
LiberPress- ABC.es- Lunes, 08-09-08 - NO es descabellado asegurar que, en cierto modo, ese culto sectario, interminable, beatón y siniestro, que se le rinde a Ernesto Che Guevara en el ruinoso altar de la revolución pendiente, responde a una liturgia establecida por el rock y transferida a un asesino fotogénico. «Vive sin cortapisas, muere joven, que un hermoso cadáver abone tu leyenda». El credo trinitario del «showbizz» en los años lisérgicos le viene al argentino como anillo al dedo. El Che, evidentemente, cumplió el contrato fáustico sin saltarse una coma, ni un matiz, ni una adenda. Se bebió la existencia a puro trago, amorrado al gollete. Murió cuando tocaba, con la puntualidad de un «gentleman». Y dejó tras de sí un fiambre exquisito y abrumadoramente estético en el que -para los meapilas del marxismo y para los profetas del cristianismo agreste- se confundían las imágenes del Redentor y Lenin.La representación, al cabo, resultó tan perfecta que cabría pensar que el guerrillero ejerció de escenógrafo en su propia tragedia. Pero esa es otra historia que ahora no viene a cuento. Lo que interesa es subrayar que los cuentistas de su época (Sartre, por descontado; Regis Debray, Feltrinelli...) lograron transformar el plomo en oro y al matarife en héroe. ¿Se acuerdan de los versos de Nicolás Guillén llorando tinta roja desconsoladamente? «Soldadito de Bolivia, soldadito boliviano / armado vas de tu rifle, que es un rifle americano / que es un rifle americano, soldadito boliviano, / que es un rifle americano. Te lo dio el señor Barrientos, soldadito boliviano / regalo de míster Johnson para matar a tu hermano / para matar a tu hermano, soldadito de Bolivia / para matar a tu hermano». Si los ripios matasen, ya metidos en duelos, el rapsoda castrista, huérfano de inspiración, pudo haber expirado en aquel mismo momento. ¡Lástima de Guillén! Se le desafinó la lira y se le secó la bemba. «Tamba, tamba, tamba, tamba. / Tamba del negro que tumba; tumba del negro, caramba...».
De cualquier forma, al Che la poesía le importaba un bledo. No la consideraba un arma cargada de futuro -aunque Celaya se empeñase con el fervor de los ingenuos-, sino un vicio burgués, una mariconada decadente, que no ayudaba en absoluto a construir el Hombre Nuevo. Los maricones a la zafra a que les den caña a espuertas. Y a los que reincidan, que les den en la celda. Dicho y hecho. Mientras tanto, Fidel, con la popa a cubierto, se dedicaba a acumular poderes y a fantasear con la genética. Porque el máximo líder también tenía un sueño: crear una raza de vacas de bolsillo que se pudieran estabular en el retrete. «El comandante inventó la cabra, chico», se choteaban los cubanos con sorna caribeña. Por lo demás, iba de perorata en perorata y de ocurrencia en ocurrencia. Guevara, por su parte, fusilaba a destajo para curarse el mono de la Sierra Maestra. La cosa le ponía. Incluso lo dejó escrito al perfilar su autorretrato a golpes de machete: «Soy una fría y selectiva máquina de matar». Nadie puede acusarle de mentir al respecto.
Ahora, Steven Soderbergh, el director de «Traffic», y Benicio del Toro, su actor predilecto, han vuelto a amortajar con celuloide al asmático icono de un fracaso sangriento. Y han vuelto a desgranar ante las cámaras la fatigosa letanía en loor del guerrillero: martillo de tiranos, paladín de los débiles, guardián de la utopía, rey Arturo con boina que extrae de la roca la espada justiciera... Con su pan se lo coman y allá ellos. Lo malo sería soportar otro brote epidémico de la dichosa camiseta (llámenla «camicheta»). Con la imagen que Korda capturó por azar en el amanecer del régimen y que -finiquitado el Che, en el sesenta y ocho, casualmente- Giangiacomo Feltrinelli lanzó a los cuatro vientos. Sin la foto de Korda (o sea, sin «la foto», ninguna se le acerca), Guevara sería poco más que Camilo Cienfuegos: una discreta nota a pie de página en el aperreado cronicón de Iberoamérica. Pero aquella instantánea le blindó «ad aeternum». Rindámonos, pues, a la evidencia: Ernesto Che Guevara, el asesino, es el equivalente a Mickey Mouse en la Revoluciolandia de la izquierda. No hay remedio.
05/07/08
El Che Guevara no fue un héroe para aquellos a los que ultrajó
LiberPress- The Independent Institute-Washington-2 de julio de 2008-Reproducimos una traducción de la carta publicada en la edición de hoy del The Wall Street Journal:El artículo de Michael Casey "In Argentina, Che Guevara Finally Gets More Than a Lousy T-Shirt -- Rebel's Birthplace Unveils a Statue of Him As It Reconsiders His Complex Legacy" (“En Argentina, el Che Guevara finalmente obtiene algo más que una andrajosa remera – El lugar de nacimiento del rebelde inaugura una estatua suya al tiempo que reconsidera su complejo legado”) -14 de junio- sobre el resurgimiento del Che Guevara en Argentina en el 80º aniversario de su natalicio, se refiere tan solo de manera tangencial a los crímenes del revolucionario y puede dejar la impresión de que son una cuestión de opinión política en vez de un hecho histórico.
El artículo menciona que "durante su época como guerrillero, él. . . ejecutó al menos a un sospechado de traidor". Ejecutó a muchos más. Por ejemplo, Jaime Costa Vázquez, un ex comandante del ejército revolucionario de Fidel Castro, afirma que poco antes del triunfo de la revolución Guevara ordenó la ejecución de más de 20 personas en Santa Clara, donde su columna se encontraba activa. Este testimonio es confirmado por Marcelo Fernándes-Zayas, otro ex revolucionario, quien explica que entre las victimas se incluían campesinos que se habían unido a los rebeldes porque no tenían trabajo.
Esas ejecuciones empalidecen en comparación con lo que aconteció cuando Guevara fue puesto al mando de la prisión conocida como "La Cabaña" inmediatamente después del triunfo de Fidel Castro. Si bien es cierto que ejecutó a cientos "del régimen de Batista", también ejecutó a individuos que no tenían vinculación con el régimen. Javier Arzuaga, el capellán vasco que se desempeñaba en ese entonces en "La Cabaña", me manifestó que entre los 800 prisioneros habían algunos periodistas, empresarios y comerciantes.
Guevara envió a muchos jóvenes latinoamericanos a la muerte considerando que eran mártires de una religión secular. Con la excepción de Cuba, toda revolución que organizó fue aplastada, incluidos los esfuerzos guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá, Haití y su país natal, Argentina, donde los seguidores de Guevara provocaron una reacción de los militares que costó decenas de miles de vidas. También se entrometió en el Congo en 1965, donde se alió con dos carniceros -- Pierre Mulele y Laurent Kabila. Eventualmente, tuvo que abandonar el país. Su incursión fatal en Bolivia falló en generar una revolución campesina y provocó la muerte de muchos de sus compañeros, así como la suya propia.
Otras proezas de Guevara incluyen el establecimiento de campos de trabajos forzados (Guanahacabibes, 1961). Ayudó a que Cuba se convirtiese en un títere soviético, y arruinó la economía de la isla, primero como titular del Banco Central, y luego como Ministro de Industria al desviar recursos hacia industrias que colapsaron poco después de que fueron creadas. También redujo la cosecha de azúcar (el pilar de Cuba) a la mitad, creando en consecuencia la necesidad de un severo racionamiento de alimentos.
No sorprende en absoluto que los secuaces progubernamentales que están empleando la violencia contra algunos de los críticos de las políticas populistas de la Presidente Cristina Fernández por estos días en Argentina enarbolen las banderas del Che Guevara. Guevara se refería así mismo como una "máquina de matar", un lenguaje que esos secuaces comprenden muy bien. El gobierno al que apoyan está encaminado a arruinar la agricultura de Argentina al aplicar gravámenes sobre el 75% de las ganancias de los agricultores, controlar los precios, limitar las exportaciones e inflar la moneda.
Alvaro Vargas Llosa
Traducido por Gabriel Gasave
Hoy murió el Ché
Liberpress - Buenos Airess, 2 de julio de 2008 - El Ché Guevara murió físicamente hace cuarenta años. Pero hoy, con el rescate de Ingrid Betancourt acaba de morir su fantasma.Mientras en Argentina le levantamos estatuas de cuatro metros de altura, en Colombia, donde aun trabajan sus compañeros de las FARC, un pueblo y unas instituciones democráticas acaban de propinarle un golpe histórico a esos "idealistas", cuyo emblema, referente y santo es justamente el Che Guevara.
Los compañeros del Che, en Colombia, secuestraron a centenares de inocentes, obtuvieron rescates millonarios, comerciaron droga, jugaron a la "paz", mientras preparaban la guerra, engañaron, torturaron, se rieron de los "derechos humanos" , de la "democracia formal", mientras daban cátedra de supervivencia al resto de los idiotas latinoamericanos que admiran a esta anacrónica guerrilla.
Pero ¿Quién puede admirar hoy al un grupo de infradotados, que se dejan infiltrar por la inteligencia militar y que dan el espectáculo de ser engañados a los ojos de todo el mundo? ¿Como, en cambio, no admirar la audacia, la inteligencia, la valentía de los que planearon y ejecutaron un operativo que sin disparar un solo tiro, liberó a quince rehenes, apresó a varios terroristas y nos mostró que la democracia puede ser fuerte, puede defenderse de sus enemigos, puede liberar rehenes, puede apresar malhechores disfrazados de idealistas?
Hoy murió el Che, transformado en un hazmerreír, en una tropa en desbandada sin moral, sin valores, sin misiones, sin objetivos como no sean el de durar, como una especia de absurda burocracia guerrillera, enamorada de la selva y de sus armas, aislada de toda civilización.
Hoy me emocioné viendo a Ingrid - un cuadro político extraordinario- agradecer a su adversario político, el Presidente Uribe, solo como un ser humano íntegro puede hacerlo.Todos sabemos que Chávez, ese otro remoto heredero del Che siempre conspiró contra Uribe y su empeñosa estrategia de presionar a las FARC. Y sabíamos que la familia de Ingrid apoyaba esos intentos de "canje humanitario" y se enfrentaba a la política "dura" de Uribe. Hoy todo eso es pasado: dijo Ingrid "agradezco los esfuerzos de Chavez, pero debe saber que los Colombianos elegimos a Uribe, no a las FARC" Más claro, agua.
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26/06/08
Guevara
29/05/08
Infamia y estulticia
LiberPress- El Nuevo Herald- 29 de Mayo de 2008 -''Estulto'' era un adjetivo favorito de Lydia Cabrera, la célebre etnóloga cubana de quien no puedo evitar acordarme siempre que la palabra me viene a la cabeza. ''Estulto'' es otra manera de decir ''necio''; pero --o al menos a mí me lo parece-- con un cierto matiz de desprecio o de ligera repugnancia; en tanto lo de necio puede ser una afrenta atenuada por la misericordia.
Unos cuantos argentinos, pero con la suficiente estridencia para enfangar a muchos, acaban de dar una prueba de estulticia: una gigantesca estatua en bronce de Ernesto Che Guevara que ha recorrido esta semana las calles de Buenos Aires antes de que la instalen definitivamente en la norteña ciudad de Rosario el próximo 14 de junio, día en que el famoso guerrillero comunista habría cumplido 80 años.La estatua, de cuatro metros de alto y tres toneladas de peso, obra del escultor Andrés Zerneri, es el resultado de la fundición de 75,000 llaves y pequeños objetos de bronce donados por 14,000 personas, desbocados fans de un criminal inepto y despiadado devenido icono de la izquierda mundial.
¿Cómo es que las autoridades, particularmente las de Rosario, así como la clase política y empresarial de esa ciudad, consiente en semejante despropósito: el homenaje permanente en el espacio público de un tipo que murió en el empeño de subvertir el orden que ellos representan? ¿Cómo puede un alcalde, un concejal, un diputado, un funcionario cualquiera tolerar --no digo promover-- un reconocimiento que constituye una afrenta al sistema institucional que los ampara? ¿Están locos o son estultos simplemente?
Rosario es hoy una ciudad que difícilmente el Che habría reconocido: una urbe de casi un millón de habitantes (y de bastante más de un millón si contamos toda el área metropolitana), llena de espléndidos rascacielos que, en la noche, reflejan sus luces en las aguas del Paraná; centro de actividad económica de cuya pujanza presume la gente de la localidad. ¿Qué parentesco puede tener el moderno perfil de esa ciudad (un skyline que remeda al de Nueva York) y las instituciones que la respaldan con un forajido maoísta que soñaba con colectivizar América Latina?
Si alguna duda tienen de esa contradicción los rosarinos --y quienes los gobiernan-- basta que miren a La Habana, una ciudad que estaba en pleno despegue económico hace medio siglo y a la cual el proyecto político del que Guevara fue un entusiasta creador y promotor ha convertido en un mugriento y andrajoso cascarón. Para el apóstol del igualitarismo miserable que fue el Che, el desarrollo capitalista --¿cuál si no?-- de su ciudad natal le hubiera parecido una abominación.
Los idiotas que nunca faltan para alimentar estos cultos siguen repitiendo la ridícula cancioncita de Carlos Puebla, vistiendo las camisetas con la foto de Korda y afirmando de que se trataba ''del más grande idealista del siglo XX'', definición que le hubiera producido náuseas a Guevara quien, como buen marxista, detestaba el idealismo hasta en esa acepción popular. El Ché no era más que ''una fría máquina de matar'' en el empeño de tomar el poder a fin de destruir --formal y substancialmente-- todo lo que la democracia representa.
La erección de esta estatua es una verdadera infamia y tan absurda como si, en medio de una judería, le erigieran un monumento a un conspicuo criminal nazi; un insulto al que las personas decentes de Rosario deben oponerse de la manera más enérgica. En tanto llegue el día de su remoción, esperemos que no falten los que vayan a lanzar desperdicios y piedras a la imagen del notorio facineroso. - ©Echerri 2008
23/10/07
El mito del cadáver del Che Guevara
Noviembre de 2007- Miles de cubanos y extranjeros han acudido en masa al mausoleo del Che Guevara en el centro de Cuba para conmemorar el 40 aniversario de su muerte. Durante diez años, el gobierno cubano le ha dicho al mundo que el cuerpo enterrado allí pertenece al famoso guerrillero. ( foto der: restos de cuatro guerrilleros, incluyendo el supuesto cadáver del Che Guevara, son cargados por la Guardia de Honor cubana en Santa Clara)Es una mentira diseñada para hacer que la población rinda pleitesía al revolucionario de origen argentino como si fuese un santo y a la Revolución Cubana como si se tratase de una religión. Un brillante trabajo de investigación realizado por el periodista francés Bertrand de la Grange y publicado recientemente en El País, en España, demuele la versión oficial.
En 1995, el general boliviano Mario Vargas, que había combatido a los guerrilleros del Che en los años 60, reveló que el cuerpo se encontraba enterrado a pocos metros de la pista de aterrizaje del aeropuerto de Vallegrande, una ciudad cercana a La Higuera, el pueblo del este de Bolivia donde fue asesinado (Guevara fue ejecutado luego de que el presidente boliviano ordenara a los soldados que lo capturaron deshacerse de él). Cuba envió un equipo forense, diplomático y legal a Vallegrande.
El 28 de junio de 1997, el equipo anunció que había hallado los restos del revolucionario. El cuerpo fue repatriado a Cuba pocas semanas antes del 30 aniversario del deceso de Guevara.
Numerosos hechos desmienten la afirmación cubana. Los enviados de La Habana afirman que encontraron el cuerpo en la misma tumba en la que fueron enterrados otros seis guerrilleros muertos en La Higuera. Sin embargo, el general Vargas sostiene que el cuerpo de Guevara fue enterrado por separado.
El hecho ha sido confirmado por la viuda del teniente coronel Andrés Selich, el hombre que enterró todos los cuerpos en 1967.
En el cadáver exhumado en 1997, fueron hallados una chaqueta y un cinturón.
Pero el verdadero cadáver de Guevara fue enterrado sin ropa: Moisés Abraham, el médico que realizó la autopsia en 1967, se encargó de quitarle la chaqueta. Abraham vive actualmente en México donde lo han visitado emisarios cubanos ansiosos por comprársela.
Erich Blossl, un ingeniero agrónomo alemán que trabó amistad con Abraham en la década del 60 y vio la ropa del Che Guevara en 1967, afirma que la chaqueta encontrada en el cuerpo exhumado en 1997 no es la misma. “Era una capota impermeable, como las usadas por los militares”, afirma, en referencia al cadáver repatriado a Cuba. Tuvo oportunidad de verla porque el equipo cubano le pidió que le echase un vistazo.
No menos significativas son las groseras discrepancias entre la autopsia del cuerpo de Guevara llevada a cabo en 1967 y el informe forense del cadáver encontrado en 1997.
Tres médicos europeos, dos de España y uno de Francia, han comparado los documentos. Uno de ellos, José Antonio Sánchez, ha descubierto que las fracturas presentes en las costillas, la clavícula, las piernas y las vertebras de los dos cuerpos no coinciden, y que algunos dientes ausentes en un cuerpo no faltaban en el otro.
El informe de 1997 no menciona ninguna marca relacionada con la amputación de las manos de Guevara, que fueron cercenadas en 1967 para verificar que las huellas dactilares coincidían con las que tenía la policía argentina.
“El Che tenía que estar en La Habana antes del 26 de julio de 1997 para celebrar en grande el regreso del hijo pródigo y dar un poco de moral a los cubanos”, concluye De la Grange con relación a la fecha emblemática del calendario revolucionario. “Era la orden de Fidel Castro. Que no fuera el verdadero, sería, después de todo, un mal menor”.
No sorprende, desde luego, que el cuerpo del Che Guevara sea un mito. Todo lo relacionado con este santo moderno es un mito: su amor por la justicia, sus disposición romántica, su bondad. Lo cierto es que ejecutó a cientos de personas, arruinó la economía cubana, intentó convertir a Cuba en una potencia nuclear y ayudó a instaurar muchas dictaduras militares en América Latina por reacción contra las guerrillas que inspiró en los años 60 y 70.
El falso cadáver del Che Guevara nos recuerda que el poder totalitario está edificado sobre la abolición de la verdad histórica y la manipulación psicológica de los ciudadanos para abolir en ellos el espíritu crítico.
Hay algo de terrorífico y a la vez de fascinante en el hecho de que este acto de propaganda fuera urdido por un montón de científicos, diplomáticos y juristas perfectamente dispuestos a mofarse de sus profesiones para ofrecer la verdad que un hombre, Fidel Castro, les ordenó fabricar a sabiendas de se trataba de una colosal mentira. (c) 2007, The Washington Post Writers Group
22/10/07
MITOS
Liberpress- El País- Octubre de 2007- Qué irremisible necesidad de mitos padecemos los humanos. Lo digo al hilo del embeleso acrítico que sigue produciendo la figura del Che. Lo peor de los mitos es que encienden los sentimientos y no el cerebro. Comprendo que, en el asqueroso e inquietante mundo en que vivimos, resulte muy tentador mantener intacto un ejemplo de pureza y entrega. Un modelo de solidaridad. Un santo laico, para poder seguir creyendo en la belleza de la vida y en la viabilidad de todas esas hermosas ideas de libertad y justicia que nos calientan el corazón. Y el Che parece el héroe perfecto. Era guapo, abandonó el poder para seguir peleando, lo mataron joven. Pero la realidad es tozuda y feroz y no entiende de mitos; y en la realidad el Che fue cruel y violento. Tenía la boca llena de grandes palabras, pero se diría que despreciaba a esa gente humilde que tanto se jactaba de defender: "La dictadura del proletariado se ejerce sobre el proletariado mismo", proclamó, totalmente en serio, en un texto político. Hubo cosas peores: "Tenemos que crear la pedagogía de los paredones de fusilamiento y no necesitamos pruebas para matar a un hombre", dijo en 1959 a los Tribunales Revolucionarios. También escribió: "Un revolucionario tiene que convertirse en una fría máquina de matar". Durante sus seis meses al mando de la fortaleza de La Cabaña, mandó fusilar, tras juicios de opereta, a centenares de víctimas. Están documentadas 164. También ejecutó a 14 personas durante los años de Sierra Maestra, y otras 23 en Santa Clara. Hablo sólo de las muertes comprobadas. Hay casos bien acreditados, como el de Eutimio Guerra, en los que fue el propio Che quien reventó los sesos de los presos con su pistola. La verdad, creo que yo prefiero hacer un esfuerzo y seguir calentándome el corazón con las ideas hermosas sin tener que inventarme a un héroe para ello. Distribuye © LiberPress - Contenidos & Noticias http://liberpress.blogspot.com - liberpress@gmail.com Visite Los Especiales de LiberPress: http://especialesliberpress.blogspot.com y Cuba Represión: http://cubarepresion.blogspot.com
16/10/07
Homenaje a un Criminal
"Es preciso, por encima de todo, mantener vivo nuestro odio y alimentarlo hasta el paroxismo. (...) Odio como factor de lucha,odio intransigente al enemigo, odio capaz de llevar al hombre más allá de sus límites naturales y transformarlo en una fría,
selectiva, violenta y eficaz máquina de matar."
(Ernesto Guevara, 16 de abril de 1967).
Lo que resulta increíble es que quienes sí lo saben, persistan en rendir homenaje a este asesino serial, autor de centenares de muertes de inocentes y responsable de otras miles, cometidas por las bandas de delincuentes terroristas que ensangrentaron nuestro continente en la década del ´70, a las que ayudó a formar y a entrenar. Y responsable también de la más cruel tiranía que hasta hoy soporta el pueblo cubano, de la mano de un monarca atornillado desde hace medio siglo al trono, desde el cual conculca las libertades y atropella los derechos de sus propios compatriotas.
Resulta inverosímil que quienes se autoproclaman defensores de los derechos humanos rindan pleitesía a estos violadores consuetudinarios de esos mismos derechos que dicen defender. Cuesta entender cómo los mismos que condenan las aberrantes violaciones de nuestra última dictadura, rinden homenaje a quien las cometió a escala continental y lo sigue haciendo hoy.
Me gustaría preguntarles a los admiradores del terrorista Guevara y del autócrata Castro, si también quieren que en la Argentina desaparezca la propiedad privada, que los únicos medios de prensa sean del estado, que el partido único sea el del dictador, que quien opine diferente al gobierno sea encarcelado y quien lo critique fusilado, y que el que intente huir –ya que salir libremente no se puede– merezca una condena a cadena perpetua.
Pretender exaltar estas figuras abominables a la categoría de próceres es una dolorosa demostración de nuestra decadencia moral. Difícilmente podremos reconstruir en nuestro país un ámbito de convivencia respetuosa y armónica, mientras rindamos homenaje de héroes a quienes hiceron de la violencia, el terror, la tortura y la tiranía, su medio de vida.
Médico, historiador y escritor.
Es miembro de Número de la Junta Provincial de Historia de Córdoba y correspondiente de numerosas instituciones históricas del país y del extranjero.
Ha sido subsecretario de Cultura de la Municipalidad de Córdoba, senador y diputado provincial.
Fue designado dos veces el mejor legislador del año y en 1981 fue elegido entre los diez jóvenes sobresalientes de la Bolsa de Comercio de Córdoba. Recibió una mención especial del Consejo de Cultura del Arzobispado de Córdoba por su libro La Cañada, historia, pluma y pincel.
Tiene publicados once libros y más de un centenar de artículos y ensayos sobre temas históricos y políticos en diarios, revistas y publicaciones periódicas de Córdoba y de otras ciudades argentinas. Es además autor de una novela titulada Laberintos y Escorpiones, editada en 2001.
14/10/07
MI PRIMO, EL CHE
LiberPress- Buenos Aires, 14 de Octubre de 2007 - Ahora que se han aquietado algo las aguas de un nuevo aniversario de la muerte del Che Guevara, escribo sobre este personaje macabro con algún ingrediente que, en parte, introduce otra perspectiva.El Autor:
Alberto Benegas Lynch (h) es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias, en Argentina.Es Doctor en Economía y es Doctor en Ciencias de Dirección. Integra también la Academia Nacional de Ciencias Económicas.
Es autor de once libros y cuatro más en colaboración y enseña desde hace 35 años en universidades de la Argentina y del exterior. Sus libros incluyen prólogos del premio Nobel en Economía James M. Buchanan, del ex-Secretario del Tesoro del gobierno de los Estados Unidos, William E. Simon, del premio Nobel en Economía F.A. Hayek y de Jean-François Revel, miembro de la Academia Francesa.
En dos oportunidades integró el Consejo Directivo de la Mont Pelerin Society y fué asesor económico de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, de la Cámara Argentina de Comercio, de la Sociedad Rural Argentina y del Consejo Interamericano de Comercio y Producción.
Ha dictado seminarios y pronunciado conferencias en Canadá, Estados Unidos, Austria, Suiza, España, Australia, Corea del Sur, la República de China y en la mayor parte de los países latinoamericanos.
Pueden consultarse aquí el detalle de sus publicaciones.
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13/10/07
El Che,un mito que declina
LiberPress-Baracutey Cubano - 10 de octubre de 2007- , que portan miles de adolescentes en el mundo, por rutina es cierto, pues la gran mayoría de ellos ignora que el hombre impartía la muerte a donde quiera que fuera. Pocos entre ellos han leído los textos del personaje, donde la violencia llamada "política" es el alfa y omega de un pensamiento que se pretende revolucionario, justiciero y puro. El 40 aniversario de la muerte del Che, gris a más no poder, muestra que la verdad respecto de ese personaje se abre paso, por fin, en los cinco continentes. A diferencia de lo que ocurrió en otras ocasiones, esta vez sólo hubo dos celebraciones oficiales. La más obvia de todas, la de Cuba, fue un acto rutinario, sin brillo, pues Raúl Castro, quien reemplaza a su hermano Fidel en la conducción de la isla, nunca fue un idólatra de "el argentino", como Raúl llamaba a Guevara.Guevara era, en efecto, un exaltado que no vaciló en decir ante una asamblea general de la ONU estas palabras escalofriantes: "Sí, nosotros hemos fusilado; nosotros fusilamos y seguiremos fusilando hasta cuando sea necesario". Otro aporte de Guevara al "humanismo" de todos los tiempos, que los jóvenes pacifistas que deambulan con el rostro del Che en sus pechos probablemente ignoran, es esta fórmula de antología de su conocido Mensaje a la Tricontinental, que constituye, en verdad, su único testamento político: "el odio intrasigente del enemigo". Ese, "odio intrasigente del enemigo" es el que, según Guevara, "empuja más allá de sus límites naturales al ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fria máquina de muerte".Impermeables a esta revolución teórica y a todo diálogo, los grupúsculos de extrema izquierda francesa, son los únicos que intentan relanzar el culto del Che. El diario comunista L'Humanité lanzó un ladrillo de varias páginas para tratar de demostrar la "originalidad" del pensamiento de Guevara. El resultado no es convincente.
El Che es el “santo patrono” de la guerra
LiberPress/ El Instituto Independiente- Octubre de 2007- Asís, Italia—Mientras camino hacia la imponente basílica de San Francisco en esta antigua ciudad, observo un rostro familiar en un puesto de suvenires a mi izquierda. Era el Che Guevara, la imagen del macho barbudo y desalineado que todos conocen de la famosa fotografía de Korda, con el halo.Este mes marca el cuadragésimo aniversario de su muerte en Bolivia. Encontrar una remera con la imagen del Che en este pequeño pueblo de Umbría junto a las estatuillas del santo patrono de los pájaros enfatiza la “férrea benevolencia” practica casi franciscana del Che tal como es descripta en el culto actual. En Bolivia, el presidente Evo Morales habló en estos términos cuando le dijo a los asistentes aun acto que nadie podrá ser jamás un sucesor del Che a menos que “diese su vida por la humanidad”.
La Iglesia Madre de la reencarnación del Che como un santo se encuentra en Cuba, donde la comercialización del héroe es tan vertiginosa como lo son las ventas de San Francisco en Asís. Cuba informó a comienzos de octubre que médicos cubanos acababan de devolverle la visión al verdugo del santo. La moral, sostuvo Granma el periódico del Partido Comunista, es que a cuatro décadas de que el hombre había “intentado destruir un sueño y una idea, el Che regresaba para ganar otra batalla”.
La yuxtaposición aquí en Asís resalta la mentira de la santidad del Che, a menos que exista un santo de la guerra. San Francisco fundó a los franciscanos después de que un tiempo en el campo de batalla lo iluminara espiritualmente y prometiera predicar la salvación a través de la pobreza, la penitencia y la no confrontación. La iluminación del Che ocurrió durante un viaje narrado en el popular film “Diarios de Motocicleta” y después de que se convirtiera en un cada vez más entusiasta defensor y practicante de la salvación popular a través de la guerra.
El Che era una figura intransigente y al estilo de un mesías en una región plagada por lo que le venezolano Moises Naim denomina “malignidades legendarias: desigualdad y pobreza, una política disfuncional e instituciones que funcionan mal”. Durante siglos la cultura latina ha inclinado a la gente a buscar y seguir a milagrosos paternalistas, a veces llamados caudillos, como actualmente el presidente venezolano Hugo Chávez, quien promete brindar una vida mejor a sus leales seguidores.
Al igual que Chávez en la actualidad, el Che juró llevar justicia a los oprimidos por centenarias tiranías aplastantes. Probablemente lo pensaba, era ciertamente audaz, dio su vida por la causa y su reputación se benefició mucho del hecho de que fue martirizado por los estadounidenses a los que tanto odiaba. Ante el resultado de la guerra de Irak, su combinación de virtudes verdaderas y falsas ha renovado su atractivo para el frustrado, el descontento y el ideologizado en un mundo cada vez más anti-estadounidense.
Pero solamente los ignorantes o interesados pueden ver los antecedentes de Guevara y juzgarlo como un desinteresado defensor de los pobres o un éxito impresionante en la mayoría de sus esfuerzos. Su camino, totalmente contrario al de San Francisco, fue el de promover el conflicto y la guerra en todos los continentes. El Che apoyaba totalmente la máxima de Fidel de que “el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”, no negociar las reformas con todas las parte involucradas.
Los escritos del Che sobre la guerra de guerrillas se volvieron mundialmente famosos, pero los esfuerzos para liderar a los guerrilleros que lo absorbieron en los últimos años de su vida fueron fracasos patéticos, en África y América Latina, y miles influenciados por él perecieron en guerras contra dictadores y demócratas. En un país tras otro, los oprimidos perdieron mucho más de lo que ganaron con las ideas, actividades y fanatismo de este convencido.
El Che estaba obsesionado con la participación estadounidense en Vietnam y más allá y trazaba conclusiones apocalípticas a partir de allí. Su ultimo escrito importante, el Mensaje a la Tricontinental de 1967, una agrupación de revolucionarios tercermundistas, aguardaba ansiosamente “dos, tres, muchos Vietnams” alrededor del mundo lo que extralimitaría a los Estados Unidos como para precipitar su colapso. La guerra de 1966-67 en Bolivia, donde murió, fue planeada precisamente para crear “un Vietnam en las Américas con su corazón en Bolivia”, tal como escribió su camarada cubano Pombo en su diario justo antes de que perecieran juntos en los Andes.
Por lo tanto, si alguna vez compra una remera del Che, o hace un gesto de aprobación cuando se topa con alguien que está luciendo una, recuerde qué es lo que está avalando. Tal como escribió Paul Berman en ocasión del estreno del film Diarios de Motocicleta, el culto del Che es “un episodio en la insensibilidad moral de nuestra época”
Incluso George W. Bush parece haber aprendido que la negociación puede resultar más provechosa que el conflicto. La última cosa que necesita el mundo hoy día es que alguien más glorifique a la guerra como la única solución ante los diferendos. Los escritos finales del Che hacen precisamente eso, promueven la manipulación del “odio intransigente” del cual los hombres son capaces a fin de convertir a cada persona en “una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”. Un objetivo verdaderamente humanitario sería trabajar para tener menos Vietnams e Iraks, no más.
William Ratliff es Asociado Adjunto en The Independent Institute, Investigador Asociado en la Hoover Institution de la Stanford University, y un frecuente escritor sobre temas de la política exterior china y cubana.
12/10/07
Los fracasos del Che Guevara
Para LA NACION
LiberPress- Diario La Nación, Bs As, 30 de Julio de 2005 - Un legislador de la ciudad de Buenos Aires ha propuesto la denominación de "Che Guevara" para la avenida Cantilo, lo que lleva a meditar sobre los eventuales méritos del personaje postulado.Hijo de una familia aristocrática argentina, Guevara renegó de su origen y de su tierra. Recibió el título de médico y también declinó el ejercicio de la profesión. De estudiante, intentó fabricar gamexane con talco, marca Vendaval, pero le fue mal en la empresa. En 1952, abandonó en un leprosario de Venezuela a su amigo Alberto Granado, con la promesa de que volvería, cosa que nunca hizo. En Guatemala, en el 54, intentó en vano la defensa de Jacobo Arbenz frente a un golpe de Estado. Como intendente provisional de Sancti Spiritus, prohibió la bebida y el juego, regla que debió revocar al día siguiente. Fracasó en su matrimonio con Hilda Gadea. Por vanidoso, cometió el error de publicar su libro Guerra de guerrillas, que fue muy útil para el Pentágono, al poner en evidencia los secretos de la subversión armada. Fracasó al subestimar el bloqueo. No tuvo ningún éxito en su misión diplomática en la Conferencia de Punta del Este de 1961, donde debía llegar a un acuerdo con los norteamericanos. Fracasó en su plan de industrialización acelerada y con ello provocó una debacle de la zafra azucarera. Perdió con los economistas rusos la controversia sobre los estímulos (que él pretendía morales -el "hombre nuevo"- y los técnicos soviéticos, materiales). Fracasó en su valoración de China y no pudo convencer a Mao Tse-tung, en 1965, de hacer otra guerra de guerrillas en América latina. Contribuyó en Cuba a crear un monstruo y debió renunciar e irse. Fracasó como hijo (al menos en la famosa dicotomía moral que Jean-Paul Sartre plantea en El existencialismo es un humanismo), ya que cuando la madre murió de cáncer no pudo estar a su lado, y en una carta final, que llegaría tarde, escribió: "Los he querido mucho; sólo que no he sabido expresar mi cariño". Cometió el error de confiar a Fidel Castro una carta para ser leída después de su muerte y Castro la leyó prematuramente, traicionándolo. Fue a luchar al Congo y, más allá del pintoresquismo de saborear sopa de mariposas, debió abandonar la misión. Le armaron una guerrilla inverosímil en Bolivia y también fracasó. No fue hábil para captar al comunista Monje ni a los campesinos para esa lucha guerrillera. Fue padre de cinco hijos y, objetivamente, los dejó librados a su suerte para emprender un viaje disparatado hacia utopías mal calculadas. El conjunto de su vida podría verse como una impecable estética del fracaso, que concluyó, póstumamente, con toda una generación diezmada en su nombre.
¿Cuál es su mérito real, dejando de lado el hecho de ser un fetiche de la rebeldía setentista, estampado en infinitas remeras fabricadas según cánones capitalistas?
Es verdad que accedió a la difícil categoría de mito, pero a ello contribuyeron circunstancias aleatorias que nada tienen que ver con sus virtudes. El triunfo militar en Cuba se debió mucho más a la prudencia de Castro que al heroísmo irresponsable del Che. La muerte y la desaparición del cuerpo ayudaron a forjar la leyenda. La necesidad del régimen cubano de tener próceres, también. Su condición de fundamentalista de la pureza, que comparte con Hitler, también. Pero ninguno de estos aspectos son méritos genuinos. Su antiperonismo tampoco puede ser visto como la vedette de su pensamiento, sino más bien como la típica crítica del intelectual de izquierda a un partido reformista.
Es más: hace dos años, almorzando en un bar de la calle Salguero con Humberto Vázquez Viaña, un boliviano que integró los cuadros de apoyo guerrillero a quien Guevara menciona en su diario, fui objeto de una confesión estremecedora. Este hombre conjeturaba que el verdadero motivo por el cual Guevara había luchado no era ideológico ni idealista, sino terapéutico. Como se sabe, Guevara sufría de asma y nunca experimentó un ataque en medio de una batalla -quizá por la generación de adrenalina adicional-, razón por la cual el propósito oculto de sus campañas, de su irrefrenable deseo de seguir luchando y apartarse de las tareas de escritorio, no habría sido otro que evitar esos espasmos bronquiales. Un motivo francamente espurio, cuya eventual confirmación dejaría mudos a tantos manifestantes que enarbolan su foto con la boina calada.
Pero hay un segundo tema: ¿cuál es el límite a los cambios en las ciudades? En Nueva York se está dando un debate sobre la ampliación del Whitney Museum of American Art, que está emplazado en Madison Avenue y la calle 75. De acuerdo con el proyecto original del arquitecto italiano Renzo Piano, la ampliación requería la demolición de dos fachadas antiguas y arquetípicas, de piedra marrón, con sus escaleras de hierro colado por fuera, lo que en principio está prohibido por la legislación local.
Pero dicha imposibilidad podía ceder frente a una decisión expresa de la Landmarks Preservation Commission, cuya tarea consiste, justamente, en establecer cuáles son las excepciones admisibles a la norma. Planteada la cuestión a la comisión, ésta optó por un proyecto alternativo, mucho más modesto, según el cual se tirará abajo sólo una de las fachadas, lo que obligará a achicar la puerta de acceso del nuevo museo y seguir el ámbito previsto por detrás de la fachada que se mantendrá intacta, en su parte exterior, sobre Madison Avenue.
Renzo Piano mantuvo el optimismo, quizá por razones más crematísticas que arquitectónicas, y sostuvo que la pequeña entrada ayudará a crear un elemento oblicuo de sorpresa, al acceder a un gran lobby inundado de luz, como en los jardines edénicos. El New York Times, en cambio, criticó la decisión en un artículo titulado "La comisión preserva el pasado al costo del futuro", indicando que esa comisión tiene por cometido estudiar cuándo las reglas deben ser rotas y establecer, así, un correcto balance entre la preservación histórica y el florecimiento de los nuevos emprendimientos arquitectónicos y que, en cambio, ha adoptado una actitud timorata que lleva a una suerte de "fachada Potemkin", que paradójica y simbólicamente parece definir las funciones que cumple en la práctica el organismo: limitarse a la defensa de lo superficial.
La cuestión es que ni Nueva York ni Buenos Aires viven ya, como sí quizá pasaba en los años 60 y 70, con la amenaza arrasadora del modernismo. Llaman la atención, por eso mismo, ciertas voces reaccionarias que se aferran al mero nombre de una calle, como si eso fuera el alma de la ciudad y su eventual cambio pudiera herirla de muerte.
Hace unos días, en una carta de lectores, un señor se lamentaba de que el consultorio de su padre hubiera estado en una avenida que hoy tiene otro nombre. La vieja puja de tradicionalistas y modernistas es ya obsoleta. Es la suma de diferentes épocas históricas, cada una aportando sus propios valores y visiones del mundo, la que otorga riqueza y sentido a las cosas: sólo en esa dinámica creativa y dialéctica se van articulando y reinventando las ciudades, lo que torna inaceptable la intransigencia dogmática frente al cambio.
Pero entre ese ensamble tenso y rico y la idea de homenajear a soñadores trasnochados, por más romántica que sea la estela que hayan dejado, media una distancia que no puede ser salvada sin temeridad.
El autor es escritor, periodista y abogado. Su último libro es la novela Mancha venenosa.
11/10/07
San Che Guevara
LiberPress- HACER.ORG - Se lo recuerda como un mártir, desprendido, incorruptible, lleno de amor por la humanidad, especialmente por los más pobres y los más oprimidos. Se lo rodea ya con la aureola de la santidad -una santidad laica, claro está- como un personaje noble e idealista que luchó por una utopía que proponía la creación de un hombre nuevo, revolucionario y altruista. Se evoca siempre su trágico final, asesinado cuando ya se había rendido, después de fracasar en un intento guerrillero que lo llevó hasta las selvas bolivianas al frente de un puñado de hombres. Se lo ensalza hoy, a cuarenta años de su muerte, convertido en un mito que apela a los sentimientos más puros de la juventud.Sucede así porque El Che, y la extraña parábola de su vida, ofrecen el material propicio para construir a su alrededor la imagen mítica que los seres humanos siempre queremos tejer en nuestros sueños, porque parece apelar a ciertos valores que se presentan como puros, superiores, propios de un humanismo no contaminado. Pero la realidad, lo sabemos bien, poco tiene que ver con su supuesta santidad ni con esta imagen idealizada por el tiempo.
El Che nunca alcanzó el poder supremo y, por eso, puede ser más fácilmente canonizado que otras figuras que se convirtieron en despóticos amos de pueblos enteros: Mao, Lenin, Ho Chi Minh o Tito, por ejemplo. Pero Ernesto Guevara era sin duda uno de ellos, un revolucionario dispuesto a todo por imponer su visión del mundo, no por la persuasión sino por medio de la más descarnada violencia, ansioso de crear dictaduras totalitarias donde el ser humano pierde todo vestigio de libertad. Murió en una encrucijada trágica, no cabe duda, pero sucumbió cuando trataba de levantar en armas un pueblo que quería vivir en paz, cuando trató de subvertir el orden de un país que no lo había llamado, cuando su aventura fracasó del modo más estrepitoso ante la indiferencia o el profundo rechazo de esos mismos campesinos a los que quería incorporar a su guerra santa.
Sí, es cierto que se movió por ideas a las que entregó su vida y que no se detuvo ante ningún sacrificio. Pero no debiera olvidarse que en el camino no tuvo la menor piedad por quienes se oponían a su violenta cruzada y que no vaciló en matar, con su propia mano cuando llegó el caso, a quienes juzgó como burgueses o contrarrevolucionarios, escorias de un mundo al que quería destruir de raíz.
Su dureza y su pasión sin límites por esa utopía a la que quería arrastrar a los demás me parecen más las actitudes de un fanático o de un inquisidor que las de un santo o un modelo de humanismo. Su martirio no fue el de quienes se enfrentaron con sus manos desnudas a los leones del circo romano sino la del portador de una metralleta que quería llevar a una guerra implacable a todo un continente. Quería muchos Vietnam el Che Guevara, porque no le bastaban los millares de muertos que produjo la guerra en Indochina.
Y, por último, unas preguntas sobre su trágico final: ¿Valía más la vida del Che Guevara que la de esos jóvenes soldados indígenas que murieron por culpa de su descabellada aventura? ¿Por qué no recordarlos también a ellos, y a todos los cubanos y congoleños que tuvieron la mala fortuna de encontrarse con la dura realidad que provocaban sus utópicas visiones?
Caudillo Guevara
LiberPress/ Diario el País-Editorial del 10/10/2007 - El romanticismo europeo estableció el siniestro prejuicio de que la disposición a entregar la vida por las ideas es digna de admiración y de elogio. Amparados desde entonces en esta convicción, y a lo largo de más de un siglo, grupúsculos de las más variadas disciplinas ideológicas han pretendido dotar al crimen de un sentido trascendente, arrebatados por el espejismo de que la violencia es fecunda, de que inmolar seres humanos en el altar de una causa la hace más auténtica e indiscutible.En realidad, la disposición a entregar la vida por las ideas esconde un propósito tenebroso: la disposición a arrebatársela a quien no las comparta. Ernesto Guevara, el Che, de cuya muerte en el poblado boliviano de La Higuera se cumplen 40 años, perteneció a esa siniestra saga de héroes trágicos, presente aún en los movimientos terroristas de diverso cuño, desde los nacionalistas a los yihadistas, que pretenden disimular la condición del asesino bajo la del mártir, prolongando el viejo prejuicio heredado del romanticismo.
El hecho de que el Che diera la vida y sacrificara las de muchos no hace mejores sus ideas, que bebían de las fuentes de uno de los grandes sistemas totalitarios. Sus proyectos y sus consignas no han dejado más que un reguero de fracaso y de muerte, tanto en el único sitio donde triunfaron, la Cuba de Castro, como en los lugares en los que no alcanzaron la victoria, desde el Congo de Kabila a la Bolivia de Barrientos. Y todo ello sin contar los muchos países en los que, deseosos de seguir el ejemplo de este mito temerario, miles de jóvenes se lanzaron a la lunática aventura de crear a tiros al "hombre nuevo".
Seducidos por la estrategia del "foquismo", de crear muchos Vietnam, la única aportación contrastable de los insurgentes seguidores de Guevara a la política latinoamericana fue ofrecer nuevas coartadas a las tendencias autoritarias que germinaban en el continente. Gracias a su desafío armado, las dictaduras militares de derechas pudieron presentarse a sí mismas como un mal menor, cuando no como una inexorable necesidad frente a otra dictadura militar simétrica, como la castrista.
Por el contexto en el que apareció, la figura de Ernesto Guevara representó una puesta al día del caudillismo latinoamericano, una suerte de aventurero armado que apuntaba hacia nuevos ideales sociales para el continente, no hacia ideales de liberación colonial, pero a través de los mismos medios que sus predecesores. En las cuatro décadas que han transcurrido desde su muerte, la izquierda latinoamericana y, por supuesto, la europea, se ha desembarazado por completo de sus objetivos y métodos fanáticos. Hasta el punto de que hoy ya sólo conmemoran la fecha de su ejecución en La Higuera los gobernantes que sojuzgan a los cubanos o los que invocan a Simón Bolívar en sus soflamas populistas.
10/10/07
El Carnicero de La Cabana
Por Nicolás Águila
LiberPress- El Club de los Amigos Malos - Octubre de 2007- Un espectro recorre el mundo desde fines de los años 60: la foto de Ernesto "Che" Guevara. Su imagen, convertida en banderín de enganche de los jóvenes contestarios, ha sido reproducida hasta la náusea en pósters, camisetas, llaveros, bragas y calzoncillos. El mítico guerrillero se ha convertido en un fetiche de consumo, sin dejar de ser por ello una de las figuras señeras de la mitología revolucionaria.Ernesto Guevara es venerado como un ser celestial, a pesar de su conocido papel de verdugo en el baño de sangre con que se inauguró la revolución castrista. El aventurero de origen argentino --que se ganó muy pronto la confianza de Fidel Castro al ofrecerse para la primera ejecución sumaria en la guerrilla de la Sierra Maestra-- entró en La Habana en 1959 con su leyenda guerrillera y su famosa estrella de comandante.
Inmediatamente se hizo cargo de la jefatura de La Cabaña, una tenebrosa fortaleza colonial donde fueron ejecutados centenares de reos, primero batistianos y después opositores anticastristas, condenados por contrarrevolucionarios en juicios sumarios sin las mínimas garantías procesales. La mayoría de ellos no llegaba a los 30 años.
Se sabe que algunos de los llamados tribunales revolucionarios llegaron a sentir remordimientos de conciencia a la hora de dictar sentencias de muerte o largas penas de prisión con base en acusaciones infundadas. Uno de ellos, presidido por el comandante Félix Pena, se atrevió a absolver por falta de pruebas a un nutrido grupo de pilotos de la fuerza aérea batistiana. Se negó a seguir el rumbo implacable de la "justicia revolucionaria", que mandaba juzgar "por convicción" y no por pruebas. El propio Fidel Castro se erigió en magistrado en jefe. Declaró la nulidad del juicio impecable y ordenó la formación de otro tribunal para "juzgar" de nuevo a los pilotos. Los condenaron esta segunda vez y el comandante Pena, abogado y guerrillero de la Sierra Maestra, terminó "suicidándose".
El Che Guevara no se andaba con esos remilgos. Frío y calculador, carecía de los escrúpulos primarios de Félix Pena. En su condición de máximo responsable de los fusilamientos en La Cabaña, exigía que en los juicios sumarios prevaleciera el celo militante por encima de cualquier consideración de orden jurídico. En las sentencias prefabricadas, que él mismo revisaba y aprobaba, no cabía el titubeo de la duda razonable ni ningún otro rezago de la "justicia burguesa".
Su divisa no era "en la duda, abstente", sino la de los tiempos de la Sierra Maestra: "ante la duda, mata". Sus órdenes, por otro lado, no siempre estaban exentas de esa "fina ironía" que cautivó a más de un intelectual a ambos lados del Atlántico. En ocasiones mandaba al paredón escribiendo esta nota breve y terminante: "Dale aspirina".
La macabra aspirina del Che cundió de tal modo que incluso se le llegó a aplicar a antiguos compañeros de armas. Por lo que quizás no estuviera del todo errado el poeta Roque Dalton cuando proclamó a todo pecho que "el socialismo es una aspirina del tamaño del sol." Tiempo después él mismo pudo comprobar en carne propia lo que es la aspirina socialista según la receta del doctor Guevara. Nada menos que sus propios camaradas de la guerrilla se lo pasaron sumariamente por las armas.
Otra frase atribuida al Che Guevara, "endurecerse sin perder la ternura", ha causado fascinación entre muchos latinoamericanos, tal vez por sintetizar la visión idealizada del bandolero gallardo, o por el atractivo que ejercen sobre las masas las cursilerías rotundas. Pero sobre todo, por no entenderse bien que "endurecerse" significa, en clave guevarista, aplastar sin piedad al adversario político. O dicho con las palabras que el propio Guevara usó para definir el papel de un buen revolucionario, endurecerse es convertirse en "una efectiva, violenta y selectiva máquina de matar a sangre fría".
Che Guevara alcanzó la categoría de mito porque encarnó las actitudes iconoclastas de una época turbulenta. Eran tiempos en que los jóvenes del mundo occidental combinaban el rock y la droga con la gamberrada política. Se forjaban nuevos ídolos representativos del radicalismo que marcó los años 60. La figura de Guevara les venía de perlas.
Su conversión en "héroe legendario" también se explica, desde luego, por el hecho de haber muerto relativamente joven en lo que suele verse como una aventura quijotesca. Pero más que nada, se debe al impacto de una foto que le tomaron siete años antes de su muerte, donde aparece con estampa de poeta romántico, muy al gusto de aquellos años hippies -- una de las pocas fotos suyas, por cierto, en que no sobresale su notable parecido físico con Cantinflas, el famoso cómico mexicano.
A 40 años de la muerte del Ché, sin embargo, la distancia histórica ofrece suficiente perspectiva crítica como para tirar la famosa foto en el mismo basurero adonde fue a parar la utopía fallida que le sirvió de marco. Pero la chemanía se resiste a desaparecer, estimulada por la frivolidad de la izquierda y por la falta de escrúpulos de los que comercian con la lucrativa imagen, convertida en un icono pop.
La idolatría del verdugo castrista es uno de esos contrasentidos de que se nutre el "ideario antimperialista". ¿Cómo entender a esos pacifistas que protestan contra la guerra de Irak al mismo tiempo que enarbolan la efigie de una figura que predicaba la violencia sistemática?
No es la ternura lo que se pierde, sino la cordura, cuando se le rinde culto a un personaje que se propuso imponer a tiros y bombazos su distopía sangrienta. La instantánea de Korda nos oculta la dimensión sanguinaria de ese espectro que recorre el mundo con todo el espanto de su monosílabo totalitario. Che, le dicen sus fans y seguidores. Los cubanos preferimos llamarlo El Carnicero de La Cabaña.
09/10/07
Ernesto Che Guevara: 40 años de la creación de un icono a partir de un asesino
Hoy es 9 de octubre. Los amantes de la libertad tienen marcada en su memoria la misma fecha de dentro de un mes, porque se acuerdan de que hace sólo 18 años el pueblo alemán echó abajo el muro de Berlín e inició la revolución liberal que certificó el fracaso histórico del socialismo. Pero el de 2007 está marcado por otro aniversario celebrado por quienes querrían reconstruirlo ladrillo a ladrillo: hace 40 años Ernesto Che Guevara fue ejecutado en la localidad boliviana de La Higuera. Con su muerte se convirtió un asesino, ungido por la izquierda mundial, en un icono pop. El icono nació exactamente el 5 de marzo de 1960. Ese día Alberto Díaz Gutiérrez, más conocido como Alberto Korda, le tomó la fotografía que acuñó el mito. Asistía a un funeral masivo, pero no por sus numerosas víctimas, sino por los mas de 80 cubanos que murieron el día anterior al estallar un barco francés cargado con munición. Su efecto, precipitado e indiscriminado, se adelantaría a los planes del régimen para muchos otros cubanos. Korda describió al Che captado por su cámara como "guerrillero heroico" y "encabronado y valiente".La imagen no se transformó en un símbolo del socialismo, del crimen ungido por la ideología, hasta su muerte. La fotografía sólo estuvo accesible a los visitantes del estudio de Korda durante el primer año. Probablemente no se habría convertido en lo que es de no haber llegado a Europa de la mano de Giangiacomo Feltrinelli en 1967, el año de su muerte, cuando cubrió las paredes de Italia con la fotografía. De ahí se filtró a las revistas y se creó, definitivamente, el mito.
Un grupo de anarquistas alemanes le enviaron la imagen al diseñador gráfico Jim Fitzpatrick, que fue el primero en crear el icono en la revista Stern. "Lo diseñé deliberadamente para que se reprodujera como conejos". Le quitó el volumen a la fotografía y lo convirtió en un grafismo plano y fácilmente manipulable.
Trisha Ziff, directora de una exposición itinerante sobre la iconografía del Che, ha declarado a la BBC que "El Che Guevara se ha convertido en una marca. Y el logo de la marca es la imagen, que representa el cambio. Se ha convertido en el icono del pensamiento alternativo a cualquier nivel, ya sea anti-guerra, pro ecologista o anti-globalización". "Se ha convertido en este momento en una corporación; en un imperio", añade. Desde luego, el Che Guevara ha sido engullido por la sociedad de consumo. Elvis, Madonna, camisetas, cómics, videojuegos…
Pero, con todo el poder de aquella fotografía, manipulada y replicada con todas las formas imaginables (la última es la caracterización del empresario Martín Varavsky en la portada del European Business), no es el único producto típico del Siglo XX que ha convertido al Che en un producto de consumo masivo, utilizado tanto para vender zapatillas de deporte o camisetas como cigarrillos. Como recoge el New York Times, el Investor's Business Daily ha editorializado recientemente, "¿Qué será lo próximo? ¿Mochilas de Hitler? ¿Vajillas de Pol Pot? ¿Pantys de Pinochet?".
Dos años antes Carlos Puebla sacó el tema "Hasta siempre, Comandante", una bella guajira en la que ensalzaba al fusilero. "Tu mano gloriosa y fuerte sobre la historia dispara", dice la letra de la canción. El compositor también hizo un canto a la revolución con el estribillo "¡y en eso llegó Fidel! Y se acabó la diversión: ¡llegó el Comandante y mandó a parar!".
Se acabaron la diversión, la prosperidad, la libertad e incluso la vida para muchos cubanos. Llegó el Comandante y mandó detener la historia en la isla-cárcel. O continuar en ella lo que hoy es un anacronismo: el socialismo real. Porque este en un mes se cumplen 18 años del derribo del muro por el pueblo alemán.
Ernesto Guevara, el Che, contribuyó a la tiranía de Fidel Castro en Cuba. No se conoce el número de muertos causados por el socialismo-o-muerte en Cuba. El proyecto Archivo Cuba, quiere recoger todos los datos posibles sobre los crímenes cometidos en nombre de la revolución. María Werlau, directora ejecutiva de Archivo Cuba, no pudo dar una cifra aproximada de las víctimas del socialismo en la isla: "No lo sé, cien mil... doscientos mil...". Gran parte de ellos han perdido la vida intentando huir del paraíso socialista. Muchos han sido simplemente ejecutados por el régimen.
El propio Che era aficionado a ejecutar a cubanos puestos contra la pared. Manuel Capitán, Joaquín Casillas Lumpuy, José Luis Alfaro Sierra, Ricardo José Grau… ninguno de esos nombres nos dice hoy nada. Tuvieron el privilegio, así visto por quienes le admiran, de conocer a Ernesto Guevara. Probablemente fue, incluso, la última persona que vieron en su vida, ya que son sólo cuatro de los 164 personas, con nombre y apellidos, que murieron a manos del revolucionario. Todos los niños de Cuba dicen por la mañana "yo quiero ser como el Che". Hoy nos acordamos de todas sus víctimas.
Cariño por los criminales
En la gala de los Goya de 2003, aquél acto político revestido de fiesta del cine español, Willy Toledo se presentó ante toda España con una camiseta con la imagen de Ho Chi Minh. Sus víctimas por pura represión se cuentan en centenares de miles, todo un logro recordado por el actor español en aquella gala del no-a-la-guerra. Nadie en aquella sala se escandalizó por la imagen de un genocida. Si en lugar de Ho Chi Minh Toledo hubiera impreso en su camiseta al Che Guevara hubiera despertado, incluso, muchos más aplausos. El Che se ha convertido en todo un ídolo para una parte importante de la izquierda, que lejos de tener reparos morales ante asesinos políticos como Ernesto Guevara, ha demostrado hacia ellos una total simpatía.
Che Guevara o el extravío de un fanático
LiberPress/ Libertad Digital- 9 de octubre de 2007 - A menudo suelen preguntarme si el Che Guevara era de verdad un asesino, o si es cierto que nunca llegó a terminar la carrera de medicina, o si como ministro fue tan desastroso como dicen muchos cubanos, o, directamente y sin rodeos, si fue Fidel Castro el responsable de su muerte en Bolivia.Lo cierto es que, efectivamente, Ernesto Guevara de la Serna, que es como se llamaba el Che, fue un asesino. Un asesino político para más señas, modalidad ésta que en España nos conocemos al dedillo. Como tantos otros en el siglo XX, mató con sus propias manos u ordenó a un pelotón de fusilamiento hacerlo porque creía firmemente que era su deber de revolucionario. El comunismo, como error intelectual y enfermedad moral de primer orden, tiene estas aberraciones y opera estos cambios en la conducta de individuos aparentemente pacíficos y resueltamente heroicos, al menos en la peculiar concepción de heroísmo que guardan para sí los que pretenden cambiar el mundo a punta de pistola.
También es cierto el persistente rumor que deja sin título de médico al galeno más celebrado de la izquierda latinoamericana, quizá de la mundial. Lo más probable es que nunca terminase la carrera, y no porque le hubiese dejado de gustar la medicina sino porque en aquellos años juveniles tenía otras prioridades más urgentes que atender. Prioridades como, por ejemplo, embarcarse a lomos de una motocicleta en una aventurilla con un amigo que le llevó por buena parte de Sudamérica en un viaje fascinante.
Hacer esto, obviamente, no es ni mejor ni peor que estudiar una carrera. Una carrera inconclusa que, dicho sea de paso, nunca le daría de comer pero que le permitió enrolarse como teniente médico en la expedición del Granma, la misma que traslado de México a Cuba a Fidel Castro y a sus guerrilleros en noviembre de 1956. Si lo primero, lo de no estudiar, no era ni mejor ni peor; lo segundo, lo de hacerse pasar por médico, fue bastante peor que mejor. Al final no ejerció de médico en Cuba. Quizá porque carecía de los conocimientos suficientes o quizá porque apretaba mejor y con más soltura el gatillo de un revólver que el émbolo de una jeringuilla.
Como ministro fue un desastre sin paliativos, un desastre superlativo y total, una calamidad que dejó la industria cubana hecha unos zorros. Guevara fue casi con toda seguridad el peor ministro de la historia de Cuba o, incluso, yendo aun más lejos, el peor ministro que han padecido todas las naciones hispanohablantes del planeta, que no se han caracterizado precisamente por tener ministros de altura.
Antes de que le cayese en suerte el ministerio había sido gobernador del Banco de Cuba a pesar de que no tenía ni idea de banca, ni de bancos, ni de divisas ni de nada que remotamente tuviese que ver con las finanzas. El antiguo subdirector del Banco de Cuba, que tuvo la mala pata de trabajar junto al Che, me confesó hace unos años que el revolucionario de la boina era muy aguerrido y muy echado para delante pero que confundía el Fondo Monetario Internacional con el Banco Mundial. Con eso creo que está dicho todo. Con eso y con los billetes de peso cubano que, con garbo y desenfado, dio en firmar directamente con el mote, es decir, que puso "Che" y se quedó tan ancho.
En el Ministerio de Industria se ejercitó del mismo modo pero con más poder y con más presupuesto, empezando por el propio ministerio, que fue inventado ad hoc para el Che Guevara. Dilapidó a placer durante años en estúpidas quimeras como hacer de Cuba una potencia siderúrgica que dejaría pequeños los altos hornos de la cuenca del Ruhr. Entretanto la producción agraria se hundió, y eso que puso a trabajar a todo quisqui en domingos de trabajo presuntamente voluntario en los que hasta los contables eran obligados a recoger azúcar. Y nadie podía librarse porque bajo su mandato el derecho de huelga quedó derogado definitivamente. Tanto desbarajuste condujo a lo inevitable: a las cartillas de racionamiento, privilegio revolucionario que sigue vigente en la Isla cuarenta años después.
Hasta en Cuba, que es por méritos propios el país del despropósito, se dieron cuenta de los estropicios de su ministro y fue cesado después de cuatro años de desvarío. Fue entonces cuando comenzó una huída hacia delante que finalizaría dramáticamente en el pueblo boliviano de la Higuera.
No sabremos nunca si Fidel Castro le envió a Bolivia o fue una peregrina idea suya como la del Congo, que terminó como el rosario de la aurora ante la indiferencia de sus padrinos cubanos. Lo que si sabemos es que para entonces el Che era ya un tipo bastante incómodo que no hacía más que incordiar, poniendo de uñas a los soviéticos con sus enredos y su pose de iluminado.
Lo suyo terminó como tenía que terminar lo que había empezado mal. Un aventurero reconvertido en fanático cuyo único objetivo era hacer del mundo un lugar a la medida de sus prejuicios. Quiso crear un hombre nuevo imponiendo su parecer por la fuerza y no lo consiguió. Quiso cambiar el mundo con un fusil tratando de persuadir a los campesinos que él sabía mejor que ellos lo que les convenía y murió en el intento. Su enemigo no fue el imperialismo, ni la injusticia, ni siquiera Fidel Castro. Su enemigo fue el sentido común que, por la naturaleza misma del ser humano, siempre e inevitablemente termina triunfando.
* Fernando Díaz Villanueva es biógrafo de referencia del Che, con el libro Ernesto Che Guevara, editado por Dastin Export, S.L., Madrid, 2004.
Fernando Díaz Villanueva es miembro del Instituto Juan de Mariana
Ernesto Guevara: Su cuestionable título de Médico
Sólo se sabe que este hombre –que habiendo terminado su segundo año de Medicina ha permanecido durante ocho meses continuos fuera de Argentina, totalmente aislado, separado de la universidad; que en su recorrido por seis países no llevó con él un simple libro de texto y que, por su ausencia, no pudo haber asistido a un solo día de clases en la Facultad de Medicina- aprueba, 45 días después, el examen de Clínica Pediátrica, y, a los pocos días, ya en noviembre, el gran ausente aprueba tres materias que requerían la concurrencia a clase por 30 horas cada una (Resolución del Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Médicas, del 29 de marzo de 1950).
Eso es poco. En diciembre, en menos de 22 días lectivos, aprueba once materias. Quince, -casi la mitad de los cursos necesarios para adquirir el doctorado- examinados y aprobados en apenas tres meses, sin haber asistido a clases ni a prácticas en todo el año con la probable excepción de las últimas semanas.
Muchas dudas surgen al analizar las materias aparentemente cursadas, de octubre a diciembre, en su último año universitario.
Para aclarar estas interrogantes nos dirigimos años atrás al Rectorado de la Universidad de Buenos Aires y, posteriormente, a la Secretaría de Asuntos Académicos de aquella universidad, solicitándoles me informaran sobre los requisitos exigidos por esa universidad en los años 1952 y 1953 para graduarse de médico.
Luego de distintas comunicaciones recibí de esta última funcionaria la Resolución del Consejo Directivo de la Facultad de Medicina sobre el ordenamiento de asignaturas y régimen de exámenes exigidos por esa universidad para graduarse de médico en los años 1952 y 53.
Al cotejar las exigencias de ese plan de estudios con las fechas en que Ernesto Guevara de la Serna aparecía aprobando distintas materias resultaba evidente que no habría podido recibir su título de médico.
Hubiese sido en flagrante violación de las regulaciones de la propia Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires que se le hubiese conferido tal título ya que de acuerdo a la Resolución arriba mencionada ese otorgamiento estaría en total incumplimiento de lo dispuesto por varios de sus artículos.
Veamos, tan sólo, uno de esos:
Artículo 13.- “Después de haber aprobado el examen de Clínica Médica, los alumnos completarán sus conocimientos prácticos durante un año, para lo cual concurrirán, obligatoriamente, durante tres meses a un servicio de Clínica Médica, tres meses a Clínica Quirúrgica, tres meses a Cirugía de Urgencia y Traumatología y tres meses a Clínica Obstétrica, con un mínimo de 24 horas semanales”.
Es decir, que después de Clínica Médica, supuestamente aprobada por Guevara en diciembre de 1952, tenía él que concurrir, obligatoriamente, durante doce meses a un servicio en cada una de las cuatro materias aquí señaladas. Pero es sólo seis meses después de su último examen que Guevara parte, en julio de 1953, de su país natal sin jamás regresar.
Ante esta contradicción me dirigí nuevamente a la Secretaría de Asuntos Académicos y a la Dirección General de Títulos y Planes de la Universidad de Buenos Aires señalándoles estas inconsistencias y se me informó que el plan de estudios que regía para los estudiantes que cursaban estudios en la Universidad de Buenos Aires en 1952 y 53 no se aplicaba a Ernesto Guevara porque éste se había matriculado en la Facultad de Medicina en el año 1948 cuando regía otro plan de estudios.
Al recibir esta nueva información solicitamos de la Secretaría de Asuntos Académicos y de la Directora de Alumnos el envío de este plan de estudios vigente cuando Ernesto Guevara ingresó en la Escuela de Medicina. Lo recibimos.
El plan de estudios vigente en 1948, cuando Guevara ingresa en la Escuela de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, requería asistencia a clases, la previa aprobación de determinadas materias y haber completado trabajos prácticos de otras asignaturas para pasar al siguiente año y, luego, para recibir el título.
Las horas de las clases a las que debía asistir en los 66 días lectivos de octubre, noviembre y diciembre para cubrir las materias que, supuestamente, ha examinado en ese período de tiempo, que están detalladas en mi libro “Guevara: Mito y Realidad”, ascendería a 1658 horas lectivas.
Ernesto Guevara dela Serna tendría que haber asistido 25 horas diarias!!! en cada uno de los 66 días lectivos de octubre, noviembre y diciembre de 1952 para haber cumplido con los requisitos académicos del plan de estudios de 1937 vigente en 1948 cuando se matriculó en la Escuela de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Ante estas nuevas contradicciones solicité copia del expediente académico de Ernesto Guevara.
¿Cumplió Guevara con todos los requisitos académicos para obtener su título?. Por el momento, no se sabrá. ¿Por qué?.
Se me comunicó que la Facultad de Medicina no podía ofrecerme copia porque el expediente académico de Ernesto Guevara de la Serna había sido robado.Luce comprensible que el expediente académico de este prodigioso estudiante haya desaparecido.
Ché, Fidel y la deconstrucción del símbolo
LiberPress- Cubalibredigital - 5 de Octubre de 2007- La reciente publicación por parte de la mayor y más prestigiosa revista semanal brasileña -la revista VEJA- de un largo artículo sobre Che Guevara, profuso de fotos, entrevistas y referencias, teniendo como motivo el 40 aniversario de su muerte violenta en las selvas bolivianas, termina decontruyendo un símbolo de la izquierda comunista latinoamericana y mundial, pacientemente fabricado en los laboratorios cubanos de desinformación. Ya era hora.El mencionado artículo enfoca a Che Guevara en su verdadera magnitud de matador, y resalta su personalidad aventurera, enferma de ego y contradicciones, en busca siempre de hechos de sangre, cual vampiro justiciero contra “el enemigo capitalista”. Se comienza así a hacer justicia.
Para el gran público sudamericano, Che es un símbolo asociado a causas justas, a rebeldías juveniles y a la incesante búsqueda por la libertad. Nada tan lejos del verdadero sentimiento ideológico del Che. Los cubanos -todos- lo sabemos. Los comunistas, justifican a su matador justiciero por “necesario a la causa del proletariado”. Los demócratas opositores, lo desprecian.
Pero esta nueva visión que surge de las páginas de VEJA desde Brasil, nos lleva a analizar los factores que lanzaron a una revista seria e importante en el contexto latinoamericano, a procurar la verdad sobre un mito intocable, calificado por la revista ahora como una “farsa”.
Para los jóvenes que visten camiseta con la conocida imagen guerrillera, el factor simbólico que quieren representar no está asociado directamente a Cuba y su fracasada revolución. Sin embargo, cada camiseta con la imagen del “guerrillero matador”, es un triunfo socialista cubano en medio de su fracaso. El aspecto simbólico de Che suplanta la cruda realidad que vive la isla.
Pero, ¿qué ha llevado a un grupo de periodistas brasileños honestos y a una prestigiosa editora sudamericana a hurgar en lo que suponían como “verdades no dichas” sobre el Che? Sin dudas la semiótica tiene respuestas: No es posible imaginar un contraste mayor entre la figura radiante y eternamente joven de Che, y la imagen actual de un anciano decrépito en traje deportivo, que aparece de cuando en cuando balbuciente ante la cámaras de la televisión estatal cubana, representando a un país en ruinas, detenido en los años 50 del siglo pasado.
Los problemas cubanos han sido objeto de incesantes análisis externos, aduciendo siempre una complejidad que comienza ahora a despejarse. Casi siempre ha querido justificarse lo injustificable a partir de los aspectos básicamente simbólicos que la “revolución cubana” emanaba profusamente. Eso acabó. A Fidel Castro y su sucesor designado le restan símbolos envejecidos por la vileza de su oficio contra el pueblo cubano. No es sólo el aspecto geriátrico. Al Papa Juan Pablo II se le recuerda viejo y enfermo, pero con cariño. Castro es otra cosa.
La revolución que ofreció al mundo un mar de justicia para su pueblo, lo ha convertido en un mendigo africano dentro de América, que escapa de un verdadero museo del jurásico político mundial. El desastre político cubano ya es una realidad que nadie discute y esa revisión ahora de sus símbolos intocables dice mucho de la reevaluación que el mundo hace sobre la isla.
Sin embargo, nadie se llame a engaño. El mundo no liberará a Cuba de su yugo por el sólo hecho de comprender que el sistema comunista cubano es un fraude. Ejemplos sobran. En estos días, manifestaciones de monjes budistas en la antigua Birmania han hecho tambalear a la dictadura militar que oprime ese país. Ha habido reacciones y enviados especiales. Nada más; a pesar de que el pueblo se ha involucrado con 200 muertos y miles de presos. La solución tendrá que darla Birmania. ¿Existen monjes cubanos dispuestos al martirio por su pueblo? La respuesta es dolorosa, colaboracionismo disfrazado de doctrina.
Pero los ejemplos no se detienen en Birmania. España, el país que más pudiera hacer –después de EUA-- por la libertad de Cuba, se deshace en justificativas por donar nada menos que 20 millones de euros a las arcas ávidas de la dictadura. Simplemente despreciable.
Irán en otro contexto, se da el lujo de dar punto final a sus discusiones nucleares con occidente desde la mismísima tribuna de la ONU, sin que exista el necesario consenso para persuadir a los persas en su carrera atómica contra occidente. Si Israel, repetidamente amenazado por Irán de desaparecer, no usa la fuerza, nadie lo hará. ¿Que podemos hacer entonces los cubanos?
No se trata de incentivar la lucha desde lejos. La lucha vendrá cuando los cubanos de la isla decidan que deben hacerla. Todos merecen respeto. Pero no habrá comunidad internacional que fuerce a Raúl a hacer lo que no quiere hacer. Leemos a diario quejas venezolanas ante la comunidad mundial de hechos que los cubanos ya conocimos en carne propia antes. Escuchamos apelaciones al mundo desde Bolivia, amenazada por la misma ola comunista que Ecuador. La comunidad internacional es un ente al que apelamos cuando no podemos con la carga. Nadie que no sea doliente va a resolver un problema foráneo si no hay intereses de por medio y en Cuba no hay petróleo, ni riquezas que merezcan el sacrificio de sangre ajena.
Cuba continuará con su plaga de comunistas en el poder, repartiéndose y dilapidando la riqueza nacional, pero ya no tendrá más es el símbolo eternamente joven y enigmático del Che, que en adelante lucirá como la propaganda turística de un gulag tropical del siglo pasado.
08/10/07
La máquina de matar. El Che Guevara, de agitador comunista a marca capitalista
La metamorfosis del Che Guevara en una marca capitalista no es nueva, pero la marca viene experimentando un renacimiento –un renacimiento especialmente destacable, dado que el mismo tiene lugar años después del colapso político e ideológico de todo lo que Guevara representaba. Esta suerte inesperada se debe sustancialmente a Diarios de motocicleta, la película producida por Robert Redford y dirigida por Walter Salles. (Es una de las tres películas más importantes sobre el Che ya realizadas o actualmente en rodaje en los últimos dos años; las otras dos han sido dirigidas por Josh Evans y Steven Soderbergh.) Hermosamente rodada en paisajes que claramente han eludido los efectos erosivos de la polución capitalista, el film exhibe al joven en un viaje de autodescubrimiento a medida que su conciencia social en ciernes tropieza con la explotación social y económica, lo que va preparando el terreno para la reinvención del hombre a quien Sartre llamara alguna vez el ser humano más completo de nuestra era.
Pero para ser más preciso, el actual renacimiento del Che se inició en 1997, en el trigésimo aniversario de su muerte, cuando cinco biografías abrumaron las librerías y sus restos fueron descubiertos cerca de una pista de aterrizaje en el aeropuerto de Vallegrande, en Bolivia, después de que un general boliviano retirado, en una revelación espectacularmente oportuna, indicara la ubicación exacta. El aniversario volvió a centrar la atención en la famosa fotografía de Freddy Alborta del cadáver del Che tendido sobre una mesa, escorzado, muerto y romántico, luciendo como Cristo en un cuadro de Mantegna.
Es usual que los seguidores de un culto no conozcan la verdadera historia de su héroe. (Muchos rastafaris renunciarían a Haile Selassie si tuvieran alguna idea de quien fue en realidad.) No sorprende que los seguidores contemporáneos de Guevara, sus nuevos admiradores postcomunistas, también se engañen a sí mismos al aferrarse a un mito –excepto los jóvenes argentinos que corean una expresión de rima perfecta: “Tengo una remera [una playera] del Che y no sé por qué.”
Considérese a algunos de los individuos que recientemente han blandido o invocado el retrato de Guevara como un emblema de justicia y rebelión contra el abuso de poder. En el Líbano, unos manifestantes que protestaban en contra de Siria ante la tumba del ex primer ministro Rafiq Hariri portaban la imagen del Che. Thierry Henry, un jugador de futbol francés que juega para el Arsenal, en Inglaterra, se apareció en una importante velada de gala organizada por la FIFA, el organismo del futbol mundial, vistiendo una playera roja y negra del Che. En una reciente reseña publicada en The New York Times sobre Land of the Dead de George A. Romero, Manohla Dargis destacaba que “el mayor impacto aquí puede ser el de la transformación de un zombi negro en un virtuoso líder revolucionario”, y agregó: “Creo que el Che en verdad vive, después de todo.”
El héroe del futbol Maradona ostentó el emblemático tatuaje del Che en su brazo derecho durante un viaje en el que se reunió con Hugo Chávez en Venezuela. En Stavropol, al sur de Rusia, unos manifestantes que reclamaban los pagos en efectivo de los beneficios del bienestar social tomaron la plaza central con banderas del Che. En San Francisco, City Lights Books, el legendario hogar de la literatura beat, invita a los visitantes a una sección dedicada a América Latina en la cual la mitad de los estantes se encuentra ocupada por libros del Che. José Luis Montoya, un oficial de policía mexicano que combate el crimen relacionado con las drogas en Mexicali, luce una cinta del Che alrededor de la cabeza porque ella lo hace sentirse más fuerte. En el campo de refugiados de Dheisheh, en la margen occidental del río Jordán, los carteles del Che adornan un muro que le rinde tributo a la Intifada. Una revista dominical dedicada a la vida social en Sydney enumera a los tres invitados ideales en una cena: Alvar Aalto, Richard Branson y el Che Guevara. Leung Kwok-hung, el rebelde elegido a la junta legislativa de Hong Kong, desafía a Pekín al vestir una playera del Che. En Brasil, Frei Betto, consejero del presidente Lula da Silva y encargado del programa de alto perfil “Hambre Cero”, afirma que “deberíamos prestarle menos atención a Trotsky y mucha más al Che Guevara”. Y lo más estupendo de todo: en la ceremonia de este año de los Óscares, Carlos Santana y Antonio Banderas interpretaron la canción principal de la película Diarios de motocicleta: Santana se presentó luciendo una camiseta del Che y un crucifijo. Las manifestaciones del nuevo culto del Che están por todas partes. Una vez más el mito está apasionando a individuos cuyas causas, en su mayor parte, representan exactamente lo opuesto de lo que era Guevara.
Ningún hombre carece de algunas cualidades atenuantes. En el caso del Che Guevara, esas cualidades pueden ayudarnos a medir el abismo que separa la realidad del mito. Su honestidad (quiero decir: honestidad parcial) significa que dejó testimonio escrito de sus crueldades, incluido lo muy malo, aunque no lo peor. Su coraje –que Castro describió como “su manera, en los momentos difíciles y peligrosos, de hacer las cosas más difíciles y peligrosas”– significa que no vivió para asumir la plena responsabilidad por el infierno de Cuba. El mito puede decir tanto acerca de una época como la verdad. Y es así como, gracias a los propios testimonios que el Che brinda de sus pensamientos y de sus actos, y gracias también a su prematura desaparición, podemos saber exactamente cuán engañados están muchos de nuestros contemporáneos respecto de muchas cosas.
Guevara puede haberse enamorado de su propia muerte, pero estaba mucho más enamorado de la muerte ajena. En abril de 1967, hablando por experiencia, resumió su idea homicida de la justicia en su “Mensaje a la Tricontinental”: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar.” Sus primeros escritos se encuentran también sazonados con esta violencia retórica e ideológica. A pesar de que su ex novia Chichina Ferreyra duda de que la versión original de los diarios de su viaje en motocicleta contenga la observación de “siento que mis orificios nasales se dilatan al saborear el amargo olor de la pólvora y de la sangre del enemigo”, Guevara compartió con Granado en esa temprana edad esta exclamación: “¿Revolución sin disparar un tiro? Estás loco.” En otras ocasiones, el joven bohemio parecía incapaz de distinguir entre la frivolidad de la muerte como un espectáculo y la tragedia de las víctimas de una revolución. En una carta a su madre en 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo del derrocamiento del gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz, escribió: “Aquí estuvo muy divertido con tiros, bombardeos, discursos y otros matices que cortaron la monotonía en que vivía.”
La disposición de Guevara cuando viajaba con Castro desde México a Cuba a bordo del Granma es capturada en una frase de una carta a su esposa que redactó el 28 de enero de 1957, no mucho después de desembarcar, publicada en su libro Ernesto: Una biografía del Che Guevara en Sierra Maestra: “Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre.” Esta mentalidad había sido reforzada por su convicción de que Arbenz había perdido el poder debido a que había fallado en ejecutar a sus potenciales enemigos. En una carta anterior a su ex novia Tita Infante, había observado que “Si se hubieran producido esos fusilamientos, el gobierno hubiera conservado la posibilidad de devolver los golpes”. No sorprende que durante la lucha armada contra Batista, y luego tras el ingreso triunfal en La Habana, Guevara asesinara o supervisara las ejecuciones en juicios sumarios de muchísimas personas –enemigos probados, meros sospechados y aquellos que se encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado.
En enero de 1957, tal como lo indica su diario desde la Sierra Maestra, Guevara le disparó a Eutimio Guerra porque sospechaba que aquel se encontraba pasando información: “Acabé con el problema dándole un tiro con una pistola del calibre 32 en la sien derecha, con orificio de salida en el temporal derecho... sus pertenencias pasaron a mi poder.” Más tarde mató a tiros a Aristidio, un campesino que expresó el deseo de irse cuando los rebeldes siguieran su camino. Mientras se preguntaba si esta victima en particular “era en verdad lo suficientemente culpable como para merecer la muerte”, no vaciló en ordenar la muerte de Echevarría, el hermano de uno de sus camaradas, en razón de crímenes no especificados: “Tenía que pagar el precio.” En otros momentos simularía ejecuciones sin llevarlas a cabo, como un método de tortura psicológica.
Luis Guardia y Pedro Corzo, dos investigadores que se encuentran trabajando en Florida en un documental sobre Guevara, han obtenido el testimonio de Jaime Costa Vázquez, un ex comandante del ejército revolucionario conocido como “el Catalán”, quien sostiene que muchas de las ejecuciones atribuidas a Ramiro Valdés (futuro ministro del interior de Cuba) fueron responsabilidad directa de Guevara, debido a que Valdés se encontraba bajo sus órdenes en las montañas. “Ante la duda, mátalo” fueron las instrucciones del Che. En vísperas de la victoria, según Costa, el Che ordenó la ejecución de un par de docenas de personas en Santa Clara, en Cuba central, hacia donde había marchado su columna como parte de un asalto final contra la isla. Algunos de ellos fueron muertos en un hotel, como ha escrito Marcelo Fernándes-Zayas, otro ex revolucionario que después se convertiría en periodista (agregando que entre los ejecutados había campesinos conocidos como casquitos que se habían unido al ejército simplemente para escapar del desempleo).
Pero la “fría máquina de matar” no dio muestra de todo su rigor hasta que, inmediatamente después del colapso del régimen de Batista, Castro lo pusiera a cargo de la prisión de La Cabaña. (Castro tenía un buen ojo clínico para escoger a la persona perfecta para proteger a la revolución contra la infección.) San Carlos de La Cabaña es una fortaleza de piedra que fue utilizada para defender La Habana contra los piratas ingleses en el siglo XVIII; más tarde se convirtió en un cuartel militar. De una manera que evoca al escalofriante Lavrenti Beria, Guevara presidió durante la primera mitad de 1959 uno de los periodos más oscuros de la revolución. José Vilasuso, abogado y profesor en la Universidad Interamericana de Bayamón en Puerto Rico, quien pertenecía al grupo encargado del proceso judicial sumario en La Cabaña, me dijo recientemente que El Che dirigió la Comisión Depuradora. El proceso se regía por la ley de la sierra: tribunal militar de hecho y no jurídico, y el Che nos recomendaba guiarnos por la convicción. Esto es: “Sabemos que todos son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo revolucionario.” Miguel Duque Estrada era mi jefe inmediato. Mi función era de instructor. Es decir legalizar profesionalmente la causa y pasarla al ministerio fiscal, sin juicio propio alguno. Se fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de madrugada, poco después de dictar sentencia y declarar sin lugar [de oficio] la apelación. La noche más siniestra que recuerdo se ejecutaron siete hombres.
Javier Arzuaga, el capellán vasco que les brindaba consuelo a aquellos condenados a morir y que presenció personalmente docenas de ejecuciones, habló conmigo recientemente desde su casa en Puerto Rico. Ex sacerdote católico de setenta y cinco años de edad, quien se describe como “más cercano a Leonardo Boff y a la Teología de la Liberación que al ex cardenal Cardinal Ratzinger”, Arzuaga recuerda que La cárcel de La Cabaña se mantuvo llena a rebosar. Sobre 800 hombres hacinados en un espacio pensado para no más de 300: militares batistianos o miembros de algunos de los cuerpos de la policía, algunos “chivatos”, periodistas, empresarios o comerciantes. El juez no tenía por qué ser hombre de leyes; sí, en cambio, pertenecer al ejército rebelde, al igual que los compañeros que ocupaban con él la mesa del tribunal. Casi todas las vistas de apelación estuvieron presididas por el Che Guevara. No recuerdo ningún caso cuya sentencia fuera revocada en esas vistas. Todos los días yo visitaba la “galera de la muerte”, donde permanecían los prisioneros desde que eran sentenciados a muerte. Corrió la voz de que yo hipnotizaba a los condenados antes de salir para el paredón y que por eso se daban tan fáciles las cosas, sin escenas desagradables, y el Che Guevara dio orden de que nadie fuera conducido al paredón sin que yo estuviera presente. Yo asistí a 55 fusilamientos hasta el mes de mayo, cuando me fui. Eso no quiere decir que no se siguiera fusilando. Herman Marks era un americano, se decía que era prófugo de la justicia. Lo llamábamos “el carnicero” porque gozaba gritando “pelotón, atención, preparen, apunten, fuego”. Conversé varias veces con el Che con el fin de interceder por determinadas personas. Recuerdo muy bien el caso de Ariel Lima que era menor de edad, pero fue inflexible. Lo mismo puedo decir de Fidel Castro, a quien acudí también en dos ocasiones con igual propósito. Sufrí un trauma. A finales de mayo me sentía mal y se me recomendó abandonar la parroquia de Casa Blanca, dentro de cuyos límites se encontraba La Cabaña y que yo había atendido en los últimos tres años. Me fui a México para un tratamiento. Cuando nos despedíamos, el Che Guevara me dijo que nos habíamos llevado bien, tratando los dos de sacar el otro de su campo para atraerlo al de uno. “Hemos fracasado los dos. Cuando nos quitemos las caretas que hemos llevado puestas, seremos enemigos frente a frente.”
¿Cuánta gente fue asesinada en La Cabaña? Pedro Corzo ofrece una cifra de unos doscientos, similar a la proporcionada por Armando Lago, un profesor de economía retirado que ha compilado una lista de 179 nombres como parte de un estudio de ocho años sobre las ejecuciones en Cuba. Vilasuso me dijo que cuatrocientas personas fueron ejecutadas entre el mes de enero y fines de junio de 1959 (fecha en la que el Che dejó de estar a cargo de La Cabaña). Los cables secretos enviados por la Embajada de Estados Unidos en La Habana al Departamento de Estado en Washington hablan de “más de quinientos”. Según Jorge Castañeda, uno de los biógrafos de Guevara, un católico vasco simpatizante de la revolución, el fallecido padre Iñaki de Aspiazú, hablaba de setecientas víctimas. Félix Rodríguez, un agente de la cia quien fue parte del equipo a cargo de la captura de Guevara en Bolivia, me dijo que él encaró al Che después de su captura respecto de “las dos mil y pico” ejecuciones por las que fue responsable durante su vida. “Dijo que todos eran agentes de la cia y no se refirió a la cifra”, recuerda Rodríguez. Las cifras más altas pueden incluir ejecuciones que tuvieron lugar en los meses posteriores a la fecha en que el Che dejó de estar a cargo de la prisión.
Lo cual nos trae de regreso a Carlos Santana y a su elegante indumentaria del Che. En una carta abierta publicada en El Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran músico de jazz Paquito D’Rivera reprochó a Santana su vestuario en la ceremonia de los premios Óscar, y agregó: “Uno de esos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por ser cristiano. Él me cuenta siempre con amargura cómo escuchaba desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio de muchos que morían gritando “¡Viva Cristo Rey!”
El ansia de poder del Che tenía otras maneras de expresarse además del asesinato. La contradicción entre su pasión por viajar –una especie de protesta contra las limitaciones del Estado-nación– y su impulso por convertirse en miembro de un Estado esclavizante en relación con otras personas es patética. Al escribir acerca de Pedro Valdivia, el conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: “Pertenecía a esa clase especial de hombres a los que la especie produce de vez en cuando, en quienes un anhelo por el poder ilimitado es tan extremo que cualquier sufrimiento para lograrlo parece natural.” Podría haber estado describiéndose a sí mismo.
En cada etapa de su vida adulta, su megalomanía se manifestaba en el impulso depredador por apoderarse de las vidas y de la propiedad de otras personas, y de abolir su libre voluntad.
En 1958, después de tomar la ciudad de Sancti Spíritus, Guevara intento sin éxito imponer una especie de sharia, regulando las relaciones entre los hombres y las mujeres, el uso del alcohol, y el juego informal –un puritanismo que no caracterizaba precisamente su propia forma de vida. Les ordenó también a sus hombres que asaltaran bancos, una decisión que justificó en una carta a Enrique Oltuski, un subordinado, en noviembre de ese año: “Las masas que luchan están de acuerdo con asaltar a los bancos porque ninguno de ellos tiene un centavo en los mismos.” Esta idea de la revolución como una licencia para reasignar la propiedad según le conviniera condujo al puritano marxista a apoderarse de la mansión de un emigrante tras el triunfo de la revolución.
El impulso de desposeer a los demás de su propiedad y de reclamar la propiedad del territorio de otros fue central en la política opresiva de Guevara. En sus memorias, el líder egipcio Gamal Abdel Nasser cuenta que Guevara le preguntó cuántas personas habían abandonado su país debido a la reforma agraria. Cuando Nasser replicó que ninguna, el Che contestó enojado que la manera de medir la profundidad del cambio es a través del número de individuos “que sienten que no hay lugar para ellos en la nueva sociedad”. Este instinto depredador alcanzó una apoteosis en 1965, cuando empezó a hablar, como Dios, acerca del “hombre nuevo” que él y su revolución crearían.
La obsesión del Che con el control colectivista lo llevó a colaborar en la formación del aparato de seguridad que fue establecido para subyugar a seis millones y medio de cubanos. A comienzos de 1959, una serie de reuniones secretas tuvo lugar en Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la cual el Che temporalmente se retiró para recuperarse de una enfermedad. Allí fue donde los líderes principales, incluido Castro, diseñaron al Estado policíaco cubano. Ramiro Valdés, subordinado del Che durante la guerra de guerrillas, fue puesto al mando del G-2, un cuerpo inspirado en la Cheka. Ángel Ciutah, un veterano de la Guerra Civil Española enviado por los soviéticos, que había estado muy cerca de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, y que más tarde entablaría amistad con el Che, desempeñó un papel fundamental en la organización del sistema, junto con Luis Alberto Lavandeira, quien había servido al jefe en La Cabaña. El propio Guevara se hizo cargo del G-6, el grupo al que se le encomendó el adoctrinamiento ideológico de las fuerzas armadas. La invasión respaldada por Estados Unidos de Bahía de Cochinos en abril de 1961 se convirtió en la ocasión perfecta para consolidar el nuevo Estado policíaco, con el acorralamiento de decenas de miles de cubanos y una nueva serie de ejecuciones. Como el mismo Guevara le expresó al embajador soviético Serguéi Kudriavtsev, los contrarrevolucionarios nunca “volverían a levantar su cabeza”.
“Contrarrevolucionario” es el término que se le aplicaba a cualquiera que se apartara del dogma. Era el equivalente comunista de “hereje”. Los campos de concentración eran una forma en la cual el poder dogmático era empleado para suprimir la discrepancia. La historia le atribuye al general español Valeriano Weyler, el capitán general de Cuba a finales del siglo XIX, haber empleado por vez primera la palabra “concentración” para describir la política de cercar a las masas de potenciales opositores –en su caso a los simpatizantes del movimiento independentista cubano– con alambre de púas y empalizadas. Qué irónico (y apropiado) que los revolucionarios de Cuba más de medio siglo después continuaran con esta tradición local. Al principio, la revolución movilizó a voluntarios para construir escuelas y para trabajar en los puertos, plantaciones y fábricas –todas ellas exquisitas oportunidades fotográficas para el Che estibador, el Che cortador de caña, el Che fabricante de telas. No pasó mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario se volviera un poco menos voluntario: el primer campamento de trabajos forzados, Guanahacabibes, fue establecido en Cuba occidental hacia el final de 1960. Así es como el Che explicaba la función desempeñada por este método de confinamiento: “A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir a la cárcel, la gente que ha cometido faltas a la moral revolucionaria de mayor o menor grado... es trabajo duro, no trabajo bestial.”
Este campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes, homosexuales, víctimas del sida, católicos, testigos de Jehová, sacerdotes afrocubanos, y otras “escorias” por el estilo, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Hacinados en autobuses y camiones, los “desadaptados” serían transportados a punta de pistola a los campos de concentración organizados sobre la base del modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían; otros serían violados, golpeados o mutilados; y la mayoría quedarían traumatizados de por vida, como el sobrecogedor documental de Néstor Almendros Conducta impropia se lo mostrara al mundo un par de décadas antes de ahora.
De esta manera, la revista Time parece haber errado en agosto de 1960 cuando describió la división del trabajo de la revolución con una nota de tapa presentando al Che Guevara como el “cerebro”, a Fidel Castro como el “corazón” y a Raúl Castro como el “puño”. Pero la percepción revelaba el papel crucial de Guevara en hacer de Cuba un bastión del totalitarismo. El Che era de alguna manera un candidato improbable para la pureza ideológica, dado su espíritu bohemio, pero durante los años de entrenamiento en México y en el periodo resultante de la lucha armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista locamente enamorado de la Unión Soviética, en gran medida para molestia de Castro y de otros que eran esencialmente oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para ganar poder. Cuando los aspirantes a revolucionarios fueron arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que admitió que era un comunista y que estaba estudiando ruso. (Habló abiertamente de su relación con Nikolái Leonov de la Embajada Soviética.) Durante la lucha armada en Cuba, forjó una férrea alianza con el Partido Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos Rafael Rodríguez, un jugador importante en la conversión del régimen de Castro al comunismo.
Esta fanática disposición convirtió al Che en una parte esencial de la “sovietización” de la revolución que se había jactado reiteradamente de su carácter independiente. Muy poco después de que los barbudos llegaran al poder, Guevara participó de negociaciones con Anastas Mikoyan, el viceprimer ministro soviético, quien visitó Cuba. Le fue confiada la misión de promover las negociaciones sovieticocubanas durante una visita a Moscú a finales de 1960. (La misma fue parte de un largo viaje en el cual la Corea del Norte de Kim Il Sung fue el país que “más” lo impresionó.) El segundo viaje a Rusia de Guevara, en agosto de 1962, fue aún más significativo, en razón de que él mismo selló el acuerdo para convertir a Cuba en una cabeza de playa nuclear soviética. Se reunió con Jrúshchiov en Yalta para finalizar los detalles sobre una operación que ya se había iniciado, y que involucraba la introducción en la isla de cuarenta y dos misiles soviéticos, la mitad de los cuales estaban armados con ojivas nucleares, así como también lanzadores y unos cuarenta y dos mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos sobre el peligro de que Estados Unidos pudiera descubrir lo que estaba aconteciendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina soviética intervendría –en otras palabras, de que Moscú estaba preparada para ir a la guerra.
Según la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el revolucionario había alardeado que “su país se encuentra deseoso de arriesgarlo todo en una guerra atómica de inimaginable capacidad destructiva para defender un principio”. Apenas después de finalizada la crisis de los misiles cubanos –cuando Jrúshchiov renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un acuerdo con Estados Unidos a espaldas de Castro, que incluía retirar los misiles estadounidenses de Turquía– Guevara dijo a un periódico comunista británico: “Si los cohetes hubieran permanecido, los habríamos utilizado todos y dirigido contra el mismo corazón de Estados Unidos, incluida Nueva York, en nuestra defensa contra la agresión.” Y un par de años más tarde, en las Naciones Unidas, fue leal a las formas: “Como marxistas hemos sostenido que la coexistencia pacífica entre las naciones no incluye la coexistencia entre los explotadores y el explotado.”
Guevara se distanció de la Unión Soviética en los últimos años de su vida. Lo hizo por las razones equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas concesiones –a diferencia de la China maoísta, a la cual llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. En octubre de 1964, un memo escrito por Oleg Darusénkov, un funcionario soviético cercano a él, cita a Guevara diciendo: “Les pedimos armas a los checoslovacos; y nos rechazaron. Luego se las pedimos a los chinos; dijeron que sí en pocos días, y ni siquiera nos cobraron, declarando que uno no le vende armas a un amigo.” En realidad, Guevara se resintió por el hecho de que Moscú le estaba solicitando a otros miembros del bloque comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda y de su apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegó en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en la que acusó a los soviéticos de adoptar la “ley del valor”, es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos, en síntesis, no fue un grito en favor de la independencia. Fue un alarido al estilo de Enver Hoxha en aras de la total subordinación de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.
El gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica su visión económica –su idea de la justicia social– como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de 1959, y, desde principios de 1961, como ministro de Industria. El periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la producción de azúcar, el fracaso de la industrialización, y la introducción del racionamiento –todo esto en el que había sido uno de los cuatros países económicamente más exitosos de América Latina desde antes de la dictadura de Batista.
Su tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió billetes que llevaban la firma “Che”, ha sido sintetizada por su asistente, Ernesto Betancourt: “Encontré en el Che una ignorancia absoluta de los principios más elementales de la economía.” Los poderes de percepción de Guevara respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en 1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del diez por ciento “sin el menor temor”, y, para 1980, un ingreso percapita mayor que el de “los EE.UU. en la actualidad”. En verdad, hacia 1997, en el trigésimo aniversario de su muerte, cada cubano se encontraba bajo una dieta consistente en una ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de pasta de soya por semana, y cuatro huevos por mes.
La reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en la casa del Che.) En nombre de la diversificación, el área cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída hacia otras actividades. El resultado fue que, entre 1961 y 1963, la cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3.8 millones de toneladas métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba carecía de materias primas para la industria pesada, y, como una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas –o incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores en la oficina: “Nuestros camaradas técnicos en las compañías han producido una pasta dental... tan buena como la anterior; limpia exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se vuelve una piedra.” Para 1963, todas las esperanzas de industrializar Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó su papel de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para revenderlo a otros países. Durante las tres décadas siguientes, Cuba sobreviviría con base en un subsidio soviético de más o menos entre 65,000 millones y cien mil millones de dólares.
Habiendo fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista –la toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren con pesados refuerzos– está seriamente cuestionado. Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo, quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área, está entre aquellos que han criticado la historia oficial de Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá, y Haití –todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al persuadirlo de que montara un ataque contra su país natal desde Bolivia, justo después de que la democracia representativa había sido restablecida en la Argentina.
Particularmente desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió con dos rebeldes –Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el este– contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era sostenido por Estados Unidos, por mercenarios sudafricanos y exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que podían leer y a todos los que vestían una corbata. Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el mundo descubriría en los años noventa que también él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo después, Mobutu llegó al poder e instaló una tiranía de décadas. (En los países latinoamericanos, de la Argentina al Perú, las revoluciones inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado práctico de reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)
En Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez. Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria había tenido lugar unos años antes; el gobierno había respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas; y el ejército era cercano a Estados Unidos a pesar de su nacionalismo. “Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto” fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario boliviano. Aún peor: Mario Monje, el líder comunista local, quien no tenía estómago para una guerra de guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país. Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro, poco después de reunirse con el intelectual francés Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte de la expedición boliviana, cosa de aficionados.
Guevara fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la vida con base en principios militares en los territorios bajo su control, pero no era un General Giap. Su libro La guerra de guerrillas enseña que las fuerzas populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco insurreccional puede provocarlas, y que el combate debe tener lugar principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de guerrillas, reserva también para las mujeres el papel de cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente de motivación y sin mucha organización; los focos guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos en cenizas para los foquistas, y América Latina se ha vuelto urbana en un setenta por ciento en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también, el Che Guevara fue un cruel alucinado.
En las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos era superior al de los trabajadores suizos, alemanes y franceses. Para 1928, ese país ocupaba el 12o lugar en el mundo en cuanto a su pbi per capita. Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.
Al igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara, Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder revolucionario en el poder –Justo José de Urquiza, quien derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior. Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda, Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases y puntos de partida para la organización de la República Argentina, fue la base de la Constitución de 1853 que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó la inmigración y aseguró los derechos de propiedad, inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de otras naciones, y se opuso a la guerra de su país contra el Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson. ~
Traducción de Gabriel Gasave
06/10/07
El Che Guevara en La Cabaña.
En enero de mil novecientos cincuenta y nueve trabajé a las órdenes del conocido dirigente revolucionario argentino en la Comisión Depuradora, Columna Ciro Redondo, fortaleza de La Cabaña, La Habana. Recién graduado de La facultad de Derecho en la Universidad de La Habana y con el entusiasmo propio de quien, de repente ve a su generación subir al poder. Hasta el momento mi ubicación social había sido humilde y las aspiraciones de alcanzar posiciones sobresalientes en nuestro país ni figuraron en mi agenda. Pero en poco tiempo la revolución transformó el panorama nacional radicalmente. Tuve diversas oportunidades para comenzar con augurio optimista el desempeño de la abogacía. De la noche a la mañana me descubrí convertido en alguien a quien se solicitaba, se le hacían consultas y podía conceder favores. Un cambio inolvidable en el recuento de vivencias. De esta manera formé parte integrante del cuerpo instructor de causas por delitos cometidos durante el gobierno anterior; asesinatos, malversaciones, torturas, delaciones, etc. Era el ejercicio de la profesión letrada en su aspecto más complejo, el crimen político. Por mi escritorio pasaron las expedientes de acusados como el comandante Alberto Boix Coma, quien reportaba los partes de campaña gubernamentales y Otto Meruelo, periodista; ambos ostentaban cierta actualidad en el devenir del momento. Aunque la mayoría de los encartados a mi cargo eran militares de baja graduación, y funcionarios públicos sin relieve ni carisma, a muchos de los cuales ni siquiera tuve ocasión de conocer personalmente. El cuerpo legal en que nos debíamos basar era la Ley de la Sierra, en puridad se trataba de una corte marcial sustentada por hechos; los principios y doctrina jurídica no eran tenídos en cuenta, el informe del oficial investigador constituía cosa juzgada y por consiguiente el espacio para aplicar libremente los instrumentos de derecho quedaba fuera de nuestro alcance. Desde sus inicios, nuestras atribuciones estaban carentes de información pertinente sobre los encartados, así como de las naturales circunstancias adjuntas a las acusaciones. Hablo de los atenuantes y agravantes de cada caso, por ejemplo; elementos a considerar pues la mera tenencia de la causa entre las manos no permitía adelantar estimados confiables sobre las responsabilidades alegadas. El mero olor de aquellos expedientes hacia intuir la ausencia de hechos contundentes que permitieran forjarse un criterio sano sobre la culpabilidad o inocencia de los encartados, mucho menos de factores adyacentes imprescindibles al instante de juzgar conductas humanas. Pero más inusual aun parecía la posibilidad de aportar criterios, pruebas, u otros mecanismos legales, e incluso el simple manejo de los casos imposibilitaba usar un mínimo de independencia u opiniones propias. Iniciativas como proponer testigos no incluidos en la causa, o dialogar con el abogado defensor aparecían como inaceptables y de intentarlo nunca cuajarían. Se trabajaba con presunciones y sobreentendidos a los cuales echar el ojo clínico. Cada miembro del tribunal debía intuir las reglas del juego.Por su parte los testigos que mejor recuerdo fueron invariablemente presentados por el ministerio fiscal, es decir en calidad de acusadores. En su mayoría eran jóvenes fogosos, revanchistas, ilusos o deseosos de ganar méritos revolucionarios. Durante escasos interrogatorios privados que pude sostener, apenas se lformulaban par de preguntas definitorias los testigos solían verse desconcertados, huidizos o en no pocos casos comenzaban a poner en remojo sus dichos. No esperaban enfrentarse a profesionales que en vez de aceptar sus acusaciones las cuestionaban y pedían aclaraciones. Retengo la impronta de un teniente apellidado Llivre, de acento oriental, estudiante del Instituto de Segunda Enseñanza de Santiago de Cuba que una mañana de pie ante nuestros escritorios vehementemente nos exhortaba. “No se detengan. Hay que dar el chou, traer de testigos a revolucionarios de verdad, que se paren ante el tribunal y pidan a gritos; justicia, justicia, paredón, esbirros… Esto mueve a la gente”. En la misma dirección el entonces comisionado por Marianao, una vez nos recriminó, “a estos hay que arrancarles la cabeza, a todos”.
De inicio componíamos los tribunales letrados civiles y mayormente militares, bajo la dirección del capitán Mike Duque Estrada, los tenientes, Sotolongo, Estévez, Rivero que terminó loco y los fiscales Tony Suárez de la Fuente, Pelayito apellidado “paredón o charco de sangre,” aunque este apodo se le endilgaba entre muchos a cualquiera de nosotros, quienes sin embargo en su casi totalidad más tarde nos ausentamos del lugar y desertamos a causa de las discrepancias pronto a la vista. Posteriormente nuestras posiciones fueron ocupadas por aforados sin instrucción legal, pero incondicionales al régimen. Hubo familiares de víctimas del anterior gobierno a quienes cupo juzgar a sus victimarios. Cuestión espinosa desde el punto de vista de la objetividad que a todo juez es exigible. Entre ellos figuraba el capitán Oscar Alvarado, cuyo corajudo hijo Oscarito, fuera ultimado por la policía del régimen anterior en las acciones de la Ambar Motors en La Habana en 1958. Entre las varias anécdotas se destacan sus frecuentes paseos frente a las celdas de los confinados próximos a ser sometidos al tribunal. Alvarado levantaba la cabeza y como fijando la mirada en el vacío repetía: Oscarito, Oscarito…Pero Oscar Alvarado - dentro de las circunstancias - dejó un rastro de cordura y equidistancia a la hora de dictar sentencias. Era un hombre alto, rubio, elegante y casi nunca reía. A toda hora solicitado y a ratos lo observábamos dando muestras de abrumamiento y un pesar profundo. Alvarado como tantos de nosotros a los pocos días de trabajar en la Comisión hablábamos con la mirada, respiración entrecortada y gestos mudos.
El primer procesado que tuve ante mis ojos se llamaba Ariel Lima, era menor de edad, casi un niño, razón por la que se intentó salvarle la vida. Pero era un antiguo revolucionario pasado al bando gubernamental, junto con otros aforados y por consiguiente su suerte estaba echada; vestía de preso, lo vi esposado y los dientes le castañeteaban de fiebre o terror. Me pasó por un lado triste y cabizbajo custodiado por un guardia; luego estando tras las rejas, me hizo una mueca como de “ya me ves, aquí estoy… Haz algo por mí”.
Años más tarde de manera personal viví el otro lado de esta experiencia, ahora como abogado defensor. Fue un cambio de perspectivas aleccionador y saludable que completó mis verdes conclusiones de aquellos primeros momentos permitiéndome conocer la otra cara de la moneda. La capacidad profesional ahora se reducía a visitar el preso: traerle recados, ropa o alimentos de sus familiares; poco antes del juicio repasar la causa, aceptar los cargos, y en vista de las malas orientaciones que seguramente el acusado recibió, que la revolución generosa le disminuyera la petición del señor fiscal. Si pena capital, treinta años…
Por los días iniciales del proceso revolucionario Ernesto Guevara era visible con su boina negra, tabaco ladeado, rostro cantinflesco, y brazo en cabestrillo. Estaba sumamente delgado y en el hablar pausado y frío, dejaba entrever cierta “posse” de eminencia gris y total sujección a la teoría marxista. Era una personalidad sobresaliente y decidida. Su liderato no se ponía en duda. Se expresaba con timbre del hombre que lee y ha acumulado vivencias profundas, variopintas y fuera de lo común. Su prestancia exterior era simpática, de figura legendaria y dejaba caer la sensación de alguien que tomaba en serio sus funciones. Todos en La Fortaleza hablaban de él, para muchos era un enigma, otros lo citaban con reserva, terceros callaban. En su despacho habitualmente se reunían personas de diversas procedencias y no pocos visitantes extranjeros discutiendo acaloradamente sobre la marcha de la revolución; asunto que parecía absorberlos por completo. Nunca tuvo empacho en preguntar, cuestionaba todo lo que le parecía reñido o incompatible con su ideario. Dejaba entrever cierta curiosidad por conocernos personalmente y que habláramos a calzón quitao. Creo que adivinaba el choque inevitable. A continuación tomaría buena nota de las respuestas no a su gusto. Su conversación solía cargarse de ironía, nunca - estando yo presente - mostró alteración del temperamento y aunque escuchaba a todos, y hasta admitió objeciones, tampoco atendía excesivos criterios dispares. Era como pan comido que no le quitaba el sueño. Nunca traspasó la barrera propia de su política. Luego de las discrepancias a más de un colega lo amonestó en privado, en público a todos: su consigna era de dominio público. “No demoren las causas, esto es una revolución, no usen métodos legales burgueses; el mundo cambia, las pruebas son secundarias. Hay que proceder por convicción. Sabemos para qué estamos aquí. Estos son una pandilla de criminales, asesinos, esbirros... Yo los pondría a todos en el paredón y con una cincuenta ratatatatata… a todos.
Por encima existía un Tribunal de Apelación en plenas funciones, pero nunca declaró con lugar un recurso, confirmaba las sentencias de oficio y su presidente era el comandante Ernesto Guevara Serna.
Las ejecuciones tenían lugar de madrugada. Una vez dictado el fallo, no pocos familiares y allegados estallaban en llantos de horror, súplicas de piedad para sus hijos, esposos etc. La desesperación, el delirio y el miedo cundían por la sala estremeciendo a la guarnición de La Fortaleza quienes al amanecer del siguiente día desvelados contaban en detalle lo sucedido. Los relatos de cuadros inolvidables recogidos entre los moradores de La Cabaña forman voluminosos legajos de verdades desconocidas y algunas perdidas para siempre. La palabra de orden se repetía: “mañana pido mi traslado”. Al concluir los juicios a numerosas mujeres hubo que sacarlas a la fuerza del recinto, y era necesario apresurarse pues las descargas y gritos pronto iban a retumbar por los patios amurallados multiplicando sus efectos indefinidamente. Luego de la sentencia el próximo paso era la capilla ardiente donde por vez postrera los familiares se abrazaban unidos por el dolor. Aquellos abrazos por minutos parecían preludiar un largo viaje. Su contenido no estaba al alcance de mis 26 años aun pletórico de ardores e inexperiencia ante la realidad de la muerte, sobre todo la muerte violenta. Los sentimientos aflorados revestían rasgos de humanidad muy ajenos a las causas de aquellas ejecuciones al consumarse; no obstante aun no había digerido la experiencia en toda su intensidad. Aparte de la cuestionabilidad de la pena capital y en particular las condiciones en que allí se aplicaba. Al contemplar los últimos minutos de un ser humano en este planeta, es imposible y desgarrador admitir que todo concluya ahí. La existencia es preciosa y persiste en evolución; troncharla traspasa todo derecho. Al revaluar todo esto, hoy estoy seguro de que existe algo más allá y más justo para los caídos. Pero entonces yo como muchos colegas bisoños aun no podíamos sobrepasar al hombre sobre el uniforme. Costó tiempo, casos patéticos y abundantes lágrimas derramadas para despojarlos de su filiación y al final reconocerles la condición de víctimas. No otra imagen despedían al dirigirse al paredón rodeados por los soldados verde olivo; el catálogo de sus reacciones proveería de ricos materiales para unas cuantas historias realistas. Hubo condenados que se resistieron a admitir la pena hasta el minuto mismo de la descarga, otros iban anonadados, trémulos, abismados, arrastrando los pies; un policía como última merced solicitó que le dejaran orinar; varios sentenciados ese día conocieron qué era un sacerdote, más de uno murió proclamando “soy inocente”. Un bravo capitán dirigió su propia ejecución. Presenciar los pormenores y secuelas de aquella matanza a manos de reclutones, o verdaderos profesionales como el capitán Herman Marks exconvicto oriundo de Ohio, a quien se atribuían envidiables ganancias, dado el número de tiros de gracia a él asignados. En resumen fue un trauma que me acompañará toda la vida y tengo por misión divulgar a los cuatro vientos. Los acontecimientos verdaderamente serios presenciados no merecen ocultarse por dolorosos que resulten, so pena de privar a la sociedad de sus fuentes de conocimiento. Durante aquellos meses los muros del imponente castillo medieval obra de Juan Bautista Antonelli recogieron los ecos de las marchas rítmicas en pelotón, rastrillar de los fusiles, voces de mando preventivas y ejecutivas, el retumbar de la fusilería, los aullidos lastimeros de los moribundos, el vocinglerío de oficiales y guardias al ultimarlos. Exclamaciones multisonantes que superan los imaginarios más fecundos de crueldad y fantasía. Llantos que se confunden con risas histéricas, pues los llantos y las risas se pueden tocar. Más tarde el silencio macabro cuando todo se había consumado.
Frente al paredón huellado hondamente por las balas, atados al poste quedaban los cuerpos agonizantes, tintos en sangre y paralizados en posiciones indescriptibles; manos crispadas, expresiones adoloridas, de estupefacción, quijadas desencajadas, un hueco donde antes hubo un ojo. La mayoría de los cadáveres quedaban con el busto de bruces, la cabeza destrozada y sesos al aire a causa del tiro de gracia.
Al transcurso del tiempo las huellas de las balas permanecen horadando el paredón a la altura del pecho y garganta de la estatura de un hombre promedio. Un examen minucioso de esas huellas, luego de escrupuloso estudio matemático permitirá calcular con acierto, el número de descargas allí consumadas. De lunes a viernes se fusilaban entre uno, ninguno y hasta siete prisioneros por jornada; fluctuando la cantidad conforme a las protestas diplomáticas e internacionales, o las frecuentes dilaciones por falta de convicción por parte del tribunal. Las penas capitales estaban reservadas a Fidel, Raúl, Che y en casos menores al tribunal, o alguna que otra al partido comunista. Cada integrante de pelotón cobraba quince pesos por ejecución y era considerado combatiente. A los oficiales les correspondían veinticinco. Posteriormente como estímulo a los servicios revolucionarios se aumentó la paga. En la provincia de Oriente se aplicaron penas máximas sumarísimas y profusamente; pero no poseo cifras confiables. Presumo que algunos cálculos aparecidos en la prensa son exagerados. Las sanciones sumarias aplicadas en la provincia de Las Villas alcanzan un número muy inferior. Aunque en total en La Cabaña, hasta el mes de julio de aquel año, debieron ejecutarse algo menos de trescientos reos, más un número indefinido de condenas hasta de 30 años de prisión, producto en suma de una lucha en que murieron unas cuatro mil personas entre ambos bandos.
En contraste como resultado de la Segunda Guerra Mundial, donde entre bajas en frentes de batalla, en tierra, mar y aire; campos de concentración, etc, se calculan cuarenta millones de víctimas. En los procesos de Neurenberg la pena capital únicamente se aplicó a doce criminales de guerra, Martín Borman escapó y posteriormente otros tres o cuatro casos fueron ajusticiados en Israel. Tantos las ejecuciones en la Unión Soviética como las llevadas a efecto por los maquis franceses (marxistas) no figuran en dichos estimados, aunque sabemos que rompieron esquemas.
Estos datos sucintos serían útiles al señor Dido tanto en aras de cierto balance en el libro, como para ilustración personal en torno a su apologado. Parejamente no estarían demás para información complementaria de don Benicio del Toro a quien podrían ampliar datos fidedignos para la posteridad, cuando la vida le conceda más madurez. Aunque mayor urgencia requiere el conocimiento de este mensaje dirigido a Robert Redford productor del filme Diarios de Motocicletas en el que Guevara aparece en una interesante faceta de su vida prevolucionaria a la que nada se puede objetar. Sin perjuicio de lo que consumó cuando alcanzó la cúspide del poder.
05/10/07
El Che fracasó como guerrillero
Diario Las Américas- Octubre de 2007- Mucha gente amiga se altera cuando ven las camisetas con el retrato del Che. Yo he decidido poner énfasis en la realidad y no en el mito que ese retrato representa. Los que vivimos esa etapa de la historia cubana sabemos que el Ché era un sádico que disfrutaba dando un tiro en la sién a los condenados a muerte en la Sierra Maestra. Igualmente sabemos que el mito del guerrillero heroico se basa en una falsedad. La realidad es que el Ché fracasó como guerrillero en Cuba, en Africa y en Bolivia.
En unos artículos, con motivo del cuarenta aniversario de la muerte del Ché el 8 de octubre de 1967, la revista brasileña VEJA revela algunas viñetas muy relevantes al respecto. El Comandante Hubert Matos, un guerrillero exitoso que sufrió veinte años de cárcel por oponerse al comunismo, es entrevistado. Matos revela que, en la Sierra, el Ché era uno de los oficiales con más fracasos. Pero Fidel no permitía que nadie le planteara esa realidad. Fidel ya había tomado la decisión de darle toda clase de oportunidades al Che. Pregúntense, si no, por qué Fidel puso al Che al mando de la columna que iba al centro de la Isla, junto con la de Camilo Cienfuegos.
En Africa, el Che también fracasó. Allí pretendió convertirse en líder de las diversas tribus que promovían un futuro marxista para ese continente. En esa época, ya tenía el ego tan inflado que no concebía que aquellos líderes marxistas africanos se negaran a aceptar su liderazgo. Como relata Carlos Moore en su libro, Castro, the Blacks and Africa, su arrogancia racial se reflejó en su diario, al punto de que Fidel ha optado por no publicarlo. Esa actitud del Che se comenta ampliamente en el Apéndice 3 de ese libro bajo el título, “Conflictos culturales del Che Guevara en Africa”.
Después de ese fracaso es que Fidel lo despacha a Bolivia. Los soviéticos estaban hartos de las fantochadas del Che y le habían planteado a Fidel que o se deshacía de él o le cortaban el suministro de petróleo. Para darle más fuerza al aviso, llegaron a suspender algunos embarques ya comprometidos. La suerte del Che estaba decidida.
Eso se confirma en los relatos de la estancia del Che en Bolivia. Si vamos al libro de Benigno, Memorias de un Soldado Cubano, uno de los pocos sobrevivientes de esa aventura, descubrimos que Fidel envió al Che a Bolivia en contra de la opinión de Mario Monje, Secretario del Partido Comunista de ese país. Benigno reporta en su relato que, al llegar, no encontraron ninguno de los elementos de logística que Monje se había comprometido a suministrarles. Monje recibió una invitación, en esa oportunidad, de un partido tan independiente de los soviéticos como el de Bulgaria, para ir a una reunión allí. Monje partió para Europa y regresó un mes después de llegado el Che a Bolivia.
De acuerdo con el relato de Benigno, cuando el Che por fin se reúne con Monje, éste le planteo que quería el mando político-militar de la aventura, a lo que el Che le contestó “que el mando político sí lo podían compartir, pero que el mando militar sería única y exclusivamente suyo durante el tiempo que él estuviera en Bolivia.” Monje le informó que ni él, ni el Partido, respaldarían su aventura. Eso selló la suerte de la aventura boliviana. Siendo argentino, el Che no tenía el más remoto chance de ser líder de un movimiento guerrillero en Bolivia.
Fidel es un maestro de la estrategia revolucionaria. El, sabía que eso no podía funcionar. Un argentino, de origen español, no podía encarnar las aspiraciones de los indígenas quéchuas y aymarás bolivianos. El Che estaba condenado al fracaso. Por eso fracasó también en Africa. Un blanco no podía encarnar las aspiraciones de las tribus africanas, marxistas o no. Pero Fidel lo que quería era deshacerse del Che, no que tuviera éxito. Después de muerto, lo glorificó.
04/10/07
Ernesto Guevara: Apóstol de la Violencia
Capítulo 3º del Libro "Cuba: Perfiles del Poder"
"No soy Cristo ni un filántropo, soy todo lo contrario de un Cristo"
Ché
No comprendemos cómo en un período histórico en el que la violencia se ha convertido en algo más que detestable existan "pacifistas" que elaboren apologías de Ernesto Guevara, un individuo que independientemente de doctrinas e ideologías fue uno de los teóricos más consecuentes que tuvo la violencia como práctica política, en una de las etapas mas convulsas de Nuestra América en el pasado siglo XX.
Su identificación con una de las personalidades más despiadadas de la historia moderna, la hace notar en una carta que dirige desde Costa Rica a su tía Beatriz el 10 de diciembre de 1953: "En El Paso tuve la oportunidad de pasar por los dominios de la United Fruit convenciéndome una vez más de lo terrible que son esos pulpos capitalistas. He jurado ante una estampa del viejo y llorado camarada Stalin, no descansar hasta ver aniquilados estos pulpos capitalistas."[1]
El individuo que algunos pretenden presentar como un ser justiciero y de profundo espíritu cristiano, le escribió una carta a su madre, el 15 de julio de 1956 desde una prisión mejicana, "No soy Cristo ni un filántropo, soy todo lo contrario de un Cristo. Lucho por las cosas en las que creo con todas las armas de que dispongo y trato de dejar muerto al otro para que no me claven en ninguna cruz o en ninguna otra cosa".[2]
Miguel Sánchez, "El Coreano"[3], uno de los que entrenó a los expedicionarios del Granma, conoció a Ernesto Guevara en México. Refiere que Guevara era una persona aislada, poco sociable y que le llamaba la atención su crueldad con los animales. Cuenta que atrapaba gatas embarazadas para hacer experimentos médicos y que cuando terminaba con los felinos los introducía en un saco que lanzaba violentamente contra el piso. No solo los gatos tenían problemas con Guevara, en la Sierra Maestra le dijo a uno de sus subalternos, "Félix, ese perro no da un aullido más, tú te encargaras de hacerlo. Ahórcalo. No puede volver a ladrar"[4].
Otro ejemplo de su carácter violento y en cierto sentido sádico, se aprecia en una carta que dirigió a su primera esposa Hilda Gadea, que se encontraba en Lima, Perú. Escribe el 28 de enero de 1957, "Querida vieja: Aquí en la selva cubana, vivo y sediento de sangre, escribo estas ardientes líneas inspiradas en Martí. Como un soldado de verdad, al menos estoy sucio y harapiento, escribo esta carta sobre un plato de hojalata, con un arma a mi lado y algo nuevo, un cigarro en la boca" [5].
Esta sed no demoró en saciarla. Según expone Anderson en su libro "Ché", varias fuentes cubanas describieron cómo asesinó a Eutimio Guerra, un supuesto delator. Refiere Anderson: "El Ché se adelantó para matar a Eutimio cuando resultó evidente que nadie tomaría la iniciativa. Esto al parecer incluye a Fidel, que tras la orden de matar a Eutimio sin indicar quien debía cumplirla, se alejó para guarecerse de la lluvia"[6]
El asesinato de Eutimio Guerra fue presenciado por el Comandante del ejército rebelde Jaime Costa quien refiere que Guevara gritó, "si no lo hacen ustedes, lo hago yo" disparándole de inmediato al prisionero. Afirma Costa que fue en esa ocasión cuando Guevara profirió la frase "ante la duda, mátalo".[7] Continúa Acosta diciendo que los fusilamientos sin juicio que tuvieron lugar en la ciudad de Santa Clara, los primeros días de enero de 1959, fueron decisión de Ernesto Guevara y no de Ramiro Valdés como afirman algunos investigadores.
Al crimen sumaba la crueldad, cuenta en su libro Pasajes de la Guerra Revolucionaria, que habían procesado y ejecutado a dos individuos que habían cometido varios asesinatos en la Sierra pero que después simuló la ejecución de otros tres que habían tenido un menor grado de responsabilidad. La experiencia que debió haber sido extremadamente traumática, es descrita por Guevara con la frialdad de un forense, "Luego se realizó el fusilamiento simbólico de tres de los muchachos que estaban mas unidos a las tropelías del chino Chang pero a los que Fidel consideró que debía dársele una oportunidad; los tres fueron vendados y sujetos al rigor de un simulacro de fusilamiento; cuando después de los disparos al aire se encontraron los tres con que estaban vivos, uno de ellos me dio la mas extraña espontánea demostración de júbilo y reconocimiento en forma de un sonoro beso, como si estuviera frente a su padre".[8]
Esta práctica se repitió numerosas veces después del triunfo de la insurrección, junto a personas que eran fusiladas se colocaban otras con las que se simulaba la ejecución con el propósito de que se convirtieran en delatores.
La disciplina que imponía entre sus hombres era inflexible y cruenta. Su falta de sensibilidad y misericordia se aprecia en un relato de su libro "Pasajes"[9], en el que describe con orgullo cómo encontró moribundo a un combatiente rebelde, que cumpliendo órdenes suyas fue enviado desarmado a la primera línea del frente, para adquirir un fusil, ya que le había castigado quitándole el suyo porque se había quedado dormido en una guardia. Esto ocurrió durante los enfrentamientos que tuvieron lugar en la ciudad de Santa Clara.
Su conducta con los militares del antiguo régimen fue todavía más cruel, procedió a ejecuciones sin procesos judiciales y sin garantías procesales. Afirma Jaime Costa que el responsable de las primeras ejecuciones en la ciudad de Santa Clara fue Guevara y no Ramiro Valdés. [10]
La Cabaña, su primer mando después del triunfo insurreccional, fue el bastión militar donde más ex militares y colaboradores de la dictadura derrocada fueron ejecutados. Según la periodista Hart Phillips, de New York Times, unos "400 en 1os dos primeros meses"; y testimonios del periodista Tetlon del London Daily Telegraph "en ocasiones funcionaban cuatro tribunales simultáneamente, sin abogados ni testigos de descargos, llegando a juzgarse, contemplando la pena capital, hasta 80 personas en juicios colectivos". Relata que él (Guevara) ordenó personalmente, entre otras, la ejecución del teniente José Castaño Quevedo, cuyo único crimen fue ocupar la dirección del Buró para la Represión de Actividades Comunistas -BRAC-, ya que en el proceso no se efectuaron demandas contra el teniente.
A pesar de las numerosas afirmaciones e investigaciones que concluyen que en La Cabaña fueron ejecutados varios cientos de personas, decenas bajo la responsabilidad del propio Guevara, el ex sacerdote Javier Arzuaga, párroco de Casablanca de la Orden de San Francisco y que asistió espiritualmente a muchos de los fusilados refiere en su libro “Cuba 1959: La Galera de la Muerte” que, “no hubo mas de cincuenta y cinco fusilamientos en La Cabaña” entre enero y junio de 1959.[11] Según Arzuaga, que sostuvo con Guevara varias entrevistas, el comandante era un hombre incisivo que desde el primer encuentro le afirmó que en sus predios, La Cabaña, era el único que daba formación política, religiosa e ideológica a sus soldados y que afirmó que habían usado a los capellanes en la Sierra Maestra por que los necesitaban, pero que en ese momento no era así, a la vez que le advirtió que había mucho que juzgar y hacer pagar y que para eso habría un paredón.
El ex sacerdote, que evidentemente sentía algún tipo de admiración por Guevara y el proceso revolucionario, un sentimiento muy normal en la época, lo describe como un individuo de muchas facetas. Según refiere el primero era un idealista radical que estaba dispuesto a transformarlo todo o eliminarlo según el caso; “el otro, un Ché obsesionado por la justicia igualitaria que sin el menor reparo y sin preocuparse en absoluto por los efectos colaterales y las consecuencias ultimas, irá aniquilando hasta reducirlo a polvo, cuanto se le cruce en el camino, y por la justicia ejemplarizante en cuyo ejercicio la crueldad será un mal menor imprescindible”[12] y el tercero un individuo que solo le pedía a alguien que hiciera lo que él también estaba dispuesto a hacer.
Cuenta que las vistas de revisión de causa siempre eran presididas por Ernesto Guevara y que terminaban a veces con algo más que una ratificación de la pena de muerte sino que le agregaba, la “ejecución tendrá lugar esta noche”.
El padre Arzuaga, un hombre muy compasivo, trató de ayudar en la medida de lo posible a las personas que iba a ser ejecutadas y en su libro hay relatos realmente fuertes, pero sin dudas, el que mejor expone la naturaleza violenta y despiadada de Guevara fue el caso de Ariel Lima. Cuenta que intercedió en favor de Lima, 21 años, que había sido condenado a muerte y que Guevara le dijo que esos eran asuntos que decidía el tribunal de Apelación. Afirma que presenció la revisión de sentencia que sólo dura media hora con el agregado de que fuera ejecutado esa misma noche, que terminada la sesión Guevara caminaba por la calle empedrada cuando una mujer corrió y se postró ante él, era la madre de Ariel Lima, el “Che la bordeó y una vez al otro lado le dijo: `señora le recomiendo que hablé con el padre Javier que dicen que es un maestro consolando´. Y dirigiéndose a mi, entre mandón y burlón: Es suya”. Concluye el ex sacerdote escribiendo “esa noche odié al Che”[13].
Guevara era vengativo, no olvidaba las ofensas pero solo las cobraba cuando estaba seguro de ganarlas sin consecuencias. Varios oficiales del ejército rebelde certifican las diferencias entre los comandantes Guevara y Jesús Carrera. El comandante Carrera enfrentó a Guevara cuando éste llegó al Escambray, la discusión fue muy fuerte, Carreras lo retó y Guevara adujo que entre revolucionarios no había que pelear. Después del triunfo de la insurrección, Carreras fue acosado por más de dos años hasta que fue involucrado en la conspiración del también comandante William Morgan y ejecutados los dos. Los comandantes Lázaro Asensio y Armando Fleites [14]están convencidos que Guevara fue quien ordenó la ejecución de su compañero Jesús Carreras.
Como reseña interesante, puede destacarse que en 1959, Guevara creó una fuerza subversiva en Bolivia a través del embajador cubano en La Paz, José Tabares del Real. Este esfuerzo desestabilizador se extendió hasta junio de 1961 y se desarrolló contra el gobierno democrático de un político de fuerte aval revolucionario, Hernán Siles Suaso.
Más tarde intentó organizar una revolución en Argentina para la que se alió con elementos peronistas. Este brote abortó cuando las autoridades argentinas descubrieron dos escuelas de guerrilleros y detuvieron a un instructor militar cubano, José Ramón Alejandro. Posteriormente las autoridades bonaerenses presentaron documentos que mostraban que la Embajada de Cuba en Buenos Aires era un centro subversivo que dirigía Guevara desde La Habana.
Años después, a través de Jorge Ricardo Massetti, fundador de Prensa Latina, organizó una fuerza guerrillera identificada como Ejército Guerrillero del Pueblo, que según algunos analistas incurrió en los errores tácticos que el "Ché" repetiría, en Bolivia. Junto a Massetti, muerto en el Chaco argentino, el Ché moriría en el Chaco boliviano, cayeron dos oficiales del ejército cubano que habían sido hombres de confianza de Guevara: Hermes Peña Torre y Raúl Dávila.
No cabe duda de que Ernesto Guevara poseía una inmerecida reputación en los aspectos teórico y práctico en la guerra de guerrillas, que Castro no tenía. Fue uno de los propiciadores de la Conferencia Tricontinental de La Habana a principios de 1966, que sería, según sus planes, el vector para las Revoluciones que convulsionarían América, Asia y África.
Sus frecuentes y largos viajes por el extranjero en los que profería incendiarios discursos revolucionarios lo fueron convirtiendo en una especie de vocero de la Revolución Mundial y sus contactos directos con Ben Bella, Gamal Abdel Nasser, Sekou Toure, Josehf "Tito" Broz, Ahmed Sukarno y las cúpulas del poder en la República Popular China y Viet Nam, acrecentaban su prestigio de individuo comprometido con cambios políticos radicales.
Una anécdota que cuenta Carlos Franqui[15] en su libro, “Cuba, La Revolución, Mito o Realidad”, refleja hasta qué punto Guevara creía en las medidas extremas como índice del progreso del proyecto que defendía. Refiere Franqui que durante una visita a la República Árabe Unida, Egipto y Siria, Guevara le preguntó al gobernante Gamal Abdel Nasser que cuántas personas habían abandonado el país después del triunfo de su Revolución, a lo que el líder egipcio contestó, "Muy pocas", a lo que el guerrillero contestó, "Eso significa que en su revolución no ha ocurrido gran cosa, yo mido la profundidad de una transformación social por el número de gente afectada por ella y que piensa que no tienen cabida en la nueva sociedad".
Sin embargo este hombre, que mataría y moriría por sus convicciones, asume durante su juventud una conducta inexplicable. Nunca participó activamente contra los movimientos fascistas y antijudíos que existían en Argentina, ni tampoco se vinculó a los que combatían directamente la dictadura de Juan Domingo Perón.
A pesar de su condición de miembro de la Federación Universitaria de Buenos Aires, organismo dirigido por socialistas y comunistas, no hace vida militante ni se le conocen artículos o discursos en los que exponga sus opiniones sobre los problemas que enfrentaba su país en aquellos días. En una palabra, no se le conocen acciones en contra de los actos de fuerza del gobierno de Juan Domingo Perón.
Los primeros meses de 1965, Guevara visita varios países africanos entre ellos Argelia, Mali y la República del Congo, Brazzaville, y le ofrece a Massemba Debat su apoyo en la formación y preparación de las fuerzas guerrilleras que se estaban formando en ese país para atacar al antiguo Congo Belga, que estaba bajo la dirección de José Mobutu. La propuesta de Guevara es aceptada, situación que pone de inmediato en conocimiento de Fidel Castro, quien sin dudarlo le facilita los medios y recursos necesarios. En este viaje también le ofrece ayuda al movimiento independentista angoleño que dirige Agostinho Neto[16].
Para Castro y el "Ché" esta colaboración se enmarca perfectamente en sus proyectos de desestabilización y subversión, que a su vez era una herramienta más para aumentar el protagonismo político y la hegemonía de la Revolución y sus líderes.
La cruenta guerra africana se acentúa con la partida de Guevara para el país africano con un contingente de 125 guerrilleros, perfectamente entrenados y mejor armados, todos veteranos de la lucha insurreccional contra el régimen de Fulgencio Batista. Según Jorge Risquet, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, los internacionalistas cubanos en el Congo solo perdieron seis hombres, sin dar detalles de cuantos guerrilleros africanos murieron bajo el comando de Ernesto Guevara.
Las fuerzas cubanas llegaron a Kinshasa después de atravesar el lago Tanganica, seis meses más tarde, diciembre del 65, Guevara regresa a La Habana con el resto de su contingente, decepcionado de las guerrillas congolesas. De todas sus fracasadas acciones bélicas la menos conocida es la del Congo. En ese país africano cometió errores tácticos y estratégicos, que repetiría una vez más en Bolivia.
Pero bien, para aseverar su apostolado de violencia reproduzcamos algunos de sus planteamientos:
A) Durante su intervención en la Asamblea General de Naciones Unidas el 11 de diciembre de 1964, expresó:
"Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la hemos expresado siempre ante el mundo: fusilamientos, sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte. Nosotros sabemos cual sería el resultado de una batalla perdida y también tienen que saber los gusanos cuál es el resultado de la batalla perdida hoy en Cuba"[17]
B) "El camino pacífico está eliminado y la violencia es inevitable. Para lograr regímenes socialistas habrán de correr ríos de sangre y debe continuarse la ruta de la liberación, aunque sea a costa de millones de víctimas atómicas"[18].
C)"El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal. Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y aún dentro de los mismos: atacarlo donde quiera que se encuentre; hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Entonces su moral irá decayendo. Se hará más bestial todavía, pero se notarán los signos del decaimiento que asoma"[19].
[1] “Ché”, Jon Lee Anderson. EMECE Editores. Barcelona.1997
[2] Jon Lee Anderson, Op. Cit.
[3] Testimonio para el documental "Guevara, Anatomía de un Mito".
[4] Ernesto Che Guevara. Pasajes de la Guerra Revolucionaria. pp. 165.Editorial Txalapart.1997.
[5] Carta de Ernesto Guevara a su esposa Hilda Gadea. Jon Lee Anderson. Op. Cit
[6] Jon Lee Anderson, op. cit.
[7] Jaime Costa, comandante del ER. , expedicionario del Grama y atacante al cuartel Moncada. Testimonio para el documental "Guevara, Anatomía de un Mito".
[8 Ernesto Che Guevara, “Pasajes de la Guerra Revolucionaria” pp.-157.
[9] Idem pp.-248.
[10] Jaime Costa. Testimonio para el documental "Guevara, Anatomía de un Mito".
[11] "Cuba, 1959:La Galera de la Muerte", Javier Arzuaga. Editorial Carta de Cuba. Miami -2006
[12] Idem
[13] Idem.
[14] Comandantes del Segundo Frente del Escambray. Testimonio en el documental "Guevara, Anatomía de un Mito.
[15] Carlos Franqui. Periodista. Alzado en la Sierra Maestra. Próximo a Fidel Castro. Disfrutó de la confianza del régimen por varios años. Dirigió el periódico “Revolución”, hasta 1963.
[16] Jon Lee Anderson, op. cit. pp540
[17] Esta grabación se encuentra en los archivos de la Organización de Naciones Unidas y fue reproducida en el documental, Guevara, Anatomía de un Mito.
[18] Táctica y Estrategia de la Revoluci6n Cubana. Revista Verde Olivo Prensa Latina 8-10-68. Distribuido por Prensa Latina, numero 3054.
[19] “Crear dos, tres... muchos Viet Nam... es la consigna”.Revista Tricontinental, 16-4-67, órgano de la Tricontinental de Solidaridad, OSPAAAL
Ernesto Guevara: Anatomía de un Mito
"Debería haber habido unos cuantos fusilamientos al comienzo pero es otra cosa.".Ernesto Guevara.
Fusilar, matar, es una pasión que pondría en práctica en Cuba. El 22 de enero de 1957, después del encuentro de "Llanos del Infierno", escribe en su diario de campaña, sin ningún tipo de conmiseración por el hombre que había acabado de matar:
“Tiré a rumbo la primera vez y fallé, el segundo disparo dio de lleno en el pecho del hombre que cayó dejando su fusil clavado en la tierra por la bayoneta. Cubierto por el guajiro Crespo, llegué a la casa donde pude observar el cadáver y le quité sus balas, su fusil y algunas otras pertenencias. El hombre había recibido un balazo en medio del pecho que debió haber partido el corazón y su muerte fue instantánea; ya presentaba los primeros síntomas de la rigidez cadavérica debido quizás al cansancio de la última jornada que había rendido"5.
Por lo que se ha escrito y dicho sobre Guevara, se podría concluir que era "el no más allá" de las virtudes y capacidades, por supuesto, después de Fidel Castro. Hace varios años fue estrenado un absurdo film cinematográfico en el que el gobernante cubano era una especie de peón en el juego del Gran Maestro argentino. El film plantea que el triunfo de la insurrección contra la dictadura de Fulgencio Batista fue producto de la capacidad de dirección y acción del "Ché". Esta mentira, al igual que otras propagadas por sectores interesados, han hecho posible la creación de un mito, que como otros, esta estructurado en la ignorancia y en el interés. Es un disparate atribuirle a Guevara dotes que la más superficial de las investigaciones desmiente. Ernesto Guevara era un individuo audaz, disciplinado e inteligente pero le faltaba la plasticidad y creatividad de un verdadero conductor. A esto se suma un carácter cruel, despótico e irreverente y una total intolerancia hacia aquellos que fueran adversarios de sus postulados. No tenía, su primer fracaso en el Congo lo indica y el desastre que protagonizó en Bolivia lo confirma, capacidad para el primer mando, fue sin duda alguna para la subversión totalitaria un excelente teniente, pero nunca un hábil capitán.
Sin embargo, no hay dudas de que fue uno de los principales colaboradores de Fidel Castro y que tal vez el que más influyó, junto a Raúl Castro, en el derrotero final de la insurrección triunfante. Sus ideas políticas eran claramente marxistas, aunque no está confirmado que hubiese estado asociado a algún partido comunista. En un discurso, a menos de un mes del triunfo insurreccional, manifestó que había que construir una "Democracia Armada", frase de Lenin, y exhortó antes que Fidel Castro a una revolución continental: "Esta revolución no está limitada a la nación cubana; sea éste el primer paso hacia la victoria de América". Una de las supuestas heroicidades de Ernesto Guevara fue la captura del llamado tren blindado en la ciudad de Santa Clara, pero según afirma Lucas Morán Arce6 la ocupación del tren no revistió ningún heroísmo porque los soldados fueron abandonados por su jefe, el coronel Florentino Rosel Leyva y los rebeldes de Guevara, aparte de tirotear el transporte, lo que hicieron fue levantar las vías férreas quedando los defensores del tren indefensos. Las características del tren, una de las mayores gestas bélicas atribuidas a Guevara, son reseñadas por el coronel Ramón Barquín en su libro "Las Luchas Guerrilleras en Cuba". Refiere el autor que el transporte estaba compuesto de 17 vagones y dos locomotoras, que la misión de los soldados era de combate y de servicio y que entre sus responsabilidades estaba reparar los puentes, restablecer comunicaciones y limpiar de rebeldes las vías férreas. Sobre la moral de combate de las tropas es muy explícito: "Al salir de La Habana la compañía de Infantería informó de 21 ausentes y 27 desertores y el 25 de diciembre, ya en Santa Clara, otros 50 soldados estaban ausentes o habían desertado; incluyendo el oficial superior del tren blindado, que aparentemente escapó para no ser apresado, porque se había descubierto que estaba involucrado en una operación militar contra el régimen de Batista."7 La principal ventaja de Guevara era que sabía lo que quería, en un universo de dirigentes sin preparación política y que como colofón se encontraban sometidos a la seducción carismática de un líder oportunista, que asumía la ideología que le posibilitara un poder absoluto y de por vida. Guevara estaba identificado con el marxismo. Fue el primer dirigente de la Revolución, 1960, que planteó la posibilidad de que el proceso asumiese como propias las ideas de Carlos Marx y el primero también en abogar por las más estrechas relaciones con los países del campo socialista. Su relación con el movimiento comunista cubano en el proceso insurreccional está bien demostrada en la labor de varios investigadores. El ya mencionado Morán Arce, refiere que después de que Ernesto Guevara estableció el foco guerrillero del "Hombrito" sostuvo contactos, en su opinión con la anuencia de Fidel Castro, con los cuadros del Partido Socialista Popular de las ciudades de Palma Soriano, Bayamo y Manzanillo. Agrega que cuando el comandante guerrillero pasó por la provincia de Camagüey, no estableció contactos con los militantes del Movimiento 26 de Julio pero sí con los dirigentes comunistas de la región, y que cuando arribó a la región montañosa del Escambray, Las Villas, confió a los comunistas las tareas de mayor responsabilidad y rechazó groseramente las críticas que Enrique Olstuski y Joaquín Torres, los dos delegados del Movimiento 26 de Julio que le visitaron en las montañas, le hicieron por sus relaciones con los marxistas del patio. Guevara fue el artífice del primer convenio comercial entre Cuba y La Unión Soviética. Este acuerdo comprometía al Kremlin a comprar un millón de toneladas de azúcar a La Habana y Cuba aceptaba asociarse a la política de "coexistencia pacífica" de Moscú. Este capítulo se puede considerar el principio del fin de la independencia política del proceso revolucionario cubano, y aunque años más tarde en cierta medida cuestionaría la supuesta solidaridad soviética y criticase las estrechas relaciones entre los dos países, fue al principio del proceso el principal impulsor de una asociación que resultó nefasta tanto para Cuba, como para la Unión Soviética. Ernesto Guevara desde su elevada posición de comandante de la Revolución y desde los diversos cargos que ocupó en sus casi siete años de poder político en Cuba (ejecutivo del Instituto Nacional de Reforma Agraria, presidente del Banco Nacional de Cuba, directivo de la Junta Central de Planificación, Ministro de Industria y otras importantes funciones), fue uno de los personajes claves en la caída de la economía de la isla hacia el estatismo a un ritmo, que según especialistas, no tuvo paralelo en los primeros años de la revolución soviética o en la China de Mao. Entre el 6 de agosto al 25 de octubre de 1960 ordenó la estatización de todas las empresas estadounidenses que operaban en Cuba, que tenían un capital aproximado de mil quinientos millones de dólares y estatizó 382 compañías que operaban con capital cubano. Tan rápido fue el proceso que el marxista René Dumont lo criticó porque consideraba que esas medidas eran peligrosas para la economía, afirmó que un ritmo tan vertiginoso de expropiación y control de los medios de producción no tenía antecedentes, agregando que en la Isla se había realizado en un año lo que Mao Tsé Tung había hecho en siete en China. La gerencia de la economía cubana por parte de Guevara resultó un fracaso. La producción cayó vertiginosamente y la productividad disminuyó a niveles sin precedentes. La irreverencia, por calificarlo de alguna manera de este personaje, llegó al extremo de firmar con su sobrenombre "Ché" los billetes que se emitieron en la isla durante su presidencia del Banco Nacional. En el país, por su decisión, desparecieron los controles económicos y la calidad de los servicios se derrumbó. El llamado estímulo moral al trabajador, no motivó un mejor desempeño laboral, sino que generó una indisciplina de trabajo que se ha acentuado con los años. El trabajo voluntario en el plano económico resultó un derroche, quizás una práctica política oportuna y conveniente para instaurar el totalitarismo y vencer la resistencia del ciudadano, pero en lo que a logros económicos respecta fue un fiasco. El control de la economía por parte de administradores públicos fue una catástrofe, repitiéndose lo que había ocurrido en otros países donde se había instaurado el sistema. Ernesto Guevara también se equivocó en la gestación del llamado "hombre nuevo". Su intento por transformar la conciencia del individuo y su conducta, se aprecia a plenitud en esa gran cantidad de hombres y mujeres jóvenes que salen al exterior en procura de una vida diferente. En esa corriente migratoria se destacan hijos de muchos de los dirigentes de la Revolución que creen en la libertad, en la economía independiente y en el derecho a elegir el tipo de vida que les plazca. Personas que, entre otras cosas, rechazan el modelo económico y político vigente en Cuba y que promovió Guevara en su momento. Sin embargo es de creer que si Guevara estuviese vivo sería uno de los disidentes más renuentes en lo que denominamos en el presente Castrismo, no porque estuviera a favor de más libertades sino porque el gobierno de La Habana para sobrevivir ha abandonado en cierta medida la ortodoxia guevarista. Ya en la década del 60, cuando apreció que la Revolución dejaba el lirismo guerrillero y la improvisación era sustituida por sistemas y métodos, que aunque demostraron ser ineficientes impedían el voluntarismo en la gestión económica y política, mostró públicamente su disgusto.
El desaparecido guerrillero sintetiza todo lo opuesto a los valores que denominamos cristianos porque en julio de 1960, durante un congreso de juventudes latinoamericanas que se celebró en Cuba, manifestó: "La moderación es otra de las palabras que les gusta usar a los agentes de la colonia, son moderados, todos los que tienen miedo o todos los que piensan traicionar de alguna forma. El pueblo no es de ninguna manera moderado" a esta crítica al consenso, al entendimiento de partes en disputa agregó, "Nosotros, los miembros de la Revolución cubana, que somos el pueblo entero de Cuba, llamamos amigos a nuestros amigos y enemigos a nuestros enemigos, y no admitimos términos medios: o se es amigo, o se es enemigo....Y ese pueblo que hoy está ante ustedes, les dice que, aún cuando debiera desaparecer de la faz de la tierra porque se desatara a causa de él, una contienda atómica, y fuera su primer blanco; aun cuando desapareciera total mente esta Isla y sus habitantes, se consideraría completamente feliz, y completamente logrado, si cada uno de ustedes al llegar a sus tierras es capaz de decir: Aquí estamos. La palabra nos viene húmeda de los bosques cubanos. Hemos subido a la Sierra Maestra, y hemos conocido a la aurora, y tenemos nuestra mente y nuestras manos llenas de la semilla de la aurora, y estamos dispuestos a sembrarla en esta tierra y a defenderla para que fructifique." Este discurso dirigido a más de 900 estudiantes latinoamericanos es un verdadero canto a la muerte y la destrucción y fue como una especie de bienvenida a la promesa del premier soviético Nikita Jruschov, de que su país defendería a la Revolución Cubana a como diese lugar. Según numerosos investigadores, Guevara junto a Raúl Castro, negoció las primeras compras de armas en la URSS y también participó en los acuerdos que terminaron con el establecimiento de armas nucleares en Cuba.
Es paradójico que quien representa para algunos la independencia de criterios y la defensa de la Paz, se enfureció hasta el delirio por la retirada de territorio cubano de los misiles soviéticos con capacidad nuclear y como represalia ordenó suspender las comunicaciones de su comando, era, a la sazón, jefe de del ejercito en Pinar del Río con la base soviética vecina. Semanas después Sam Russell, corresponsal del periódico socialista británico Daily Worker, entrevistó a Guevara quien le dijo,"que de Cuba haber controlado los misiles, los habría disparado".8
Ernesto Guevara demostró ser un ferviente defensor de la violencia como instrumento para acceder al poder, aunque tampoco cosechó triunfos con su aplicación, porque su extremismo y rigidez de pensamiento le impedían aprender de los errores y rectificar en los empeños. Le faltaba el sentido de la oportunidad que ha caracterizado siempre a su mentor, Fidel Castro. Uno de sus compañeros en la ”lucha internacionalista", Dariel "Benigno" Alarcón9 con sus testimonios ayuda a desmitificar las historias que se han tejido alrededor de Guevara. "Dariel", un sobreviviente de la guerrilla guevarista en el Congo y Bolivia, cuestiona muy seriamente la habilidad militar de Ernesto Guevara. Acusa al "Che" de centralizar el mando y negarse a escuchar las recomendaciones de otros oficiales de guerrilla que también tenían experiencias, apunta que Guevara no supo aprovechar los conocimientos de hombres que habían alcanzado el grado de comandantes del Ejército Rebelde, entre ellos Gustavo Machín, Juan Vitalio Acuña y Pinares, en su opinión el "Che" los consideraba a todos como si fueran reclutas, porque ninguno de los hombres que llevaban años en la lucha armada podían tomar decisiones ni para designar una posta. El antiguo comandante del Ejército Rebelde e historiador José Duarte Oropesa10 considera que Guevara fue víctima de un espejismo revolucionario que se originó en el triunfo del proceso insurreccional contra el régimen de Fulgencio Batista. Afirma que las circunstancias que se dieron en Cuba con una fuerte organización civil proveedora de recursos, hombres y armamentos, no existió nunca en Bolivia y que eso en buena medida repercutió en el fracaso del guerrillero. El insignificante papel que cumplió en la Guatemala de Jacobo Arbenz, la sobredimensionada invasión a Occidente y la toma de Santa Clara, incluyendo la ocupación del tren blindado, forman parte de la fantasiosa épica guerrillera que ha caracterizado a la insurrección cubana, otro mito sólo comparable al que adorna a Ernesto Guevara, que a los mas de cuarenta años de su muerte es más referencia comercial y mediática, que referente ideológico o político.
5 “Diario de Campaña”, Ernesto Che Guevara
9 Testimonio prestado para el documental "Guevara, Anatomía de un Mito"10 José Duarte Oropesa, “Historiología Cubana” Tomo V
¿Abandonó Castro al Che Guevara?

"La sangre del pueblo es nuestro tesoro mas grande, pero hay que usarla para salvar mas sangre del pueblo en el futuro".Che Guevara
Durante mucho tiempo las posibles desavenencias entre Fidel Castro y Ernesto Guevara han sido tema de interés y es de creer, en virtud de las profundas diferencias de carácter de ambos personajes, que en más de una ocasión, y principalmente después de 1965, los encuentros entre los dos debieron ser extremadamente críticos. Es indudable que la personalidad de Fidel Castro sedujo a Guevara desde el primer encuentro. Confiesa el Che que desde que hablaron quedó convencido de que debía integrarse como un expedicionario mas en el proyectado desembarco en Cuba. Sin lugar a dudas Castro también fue atraído por su interlocutor, porque apreció en él un hombre firme, valeroso y culto. Por otra parte Guevara demostró durante los entrenamientos militares a que fueron sometidos los expedicionarios del Granma en México bajo la instrucción de Miguel Sánchez "El Coreano"1 y el “general" Alberto Bayo, muchas habilidades y una voluntad de superar sus limitaciones físicas que no estaban presentes en muchos de los combatientes.
Según testigos las relaciones entre Castro y Guevara eran por lo regular tirantes, aunque al final de las discusiones Guevara aceptaba siempre lo que dispusiera Fidel Castro. Según Dariel Alarcón2, la gran mayoría no sabe los grandes altercados que había a puertas cerradas entre ambos dirigentes. Otros que compartieron con los dos personajes afirman, que a pesar del mutuo respeto y posible afecto que ambos se profesaban, existía entre los dos mucha competencia, sentimiento que se iría acrecentando con el tiempo por las características personales de Guevara y la intolerancia y mesianismo de Castro.
Según Carlos Franqui3 muchas de las ideas que defendía Guevara coincidían con las del asesinado líder comunista soviético León Trotsky. Recuerda que defendía la militarización de los sindicatos, la necesidad de la revolución mundial de la que estaba convencido era posible hacer, los estímulos morales y afirmaba que si en la Unión Soviética y Europa del Este el socialismo había degenerado era por errores de dirección y no por la naturaleza del sistema.
Sobre la relación con Fidel Castro dice que estaba sustentada en la fascinación que ejercía sobre su persona el dictador cubano a pesar de los desacuerdos que le distanciaban, recuerda que la última vez que le vio fue en París y que Guevara le dijo, "Con Fidel, Ni Matrimonio Ni Divorcio". Señala quien fuera director del diario "Revolución", que entre Castro y Guevara existía una mutua admiración porque Fidel sabía que Guevara era un hombre de grandes ideas aunque siempre fracasaba en sus empeños porque no era hábil instrumentando sus proyectos.
Opina que Guevara no era un suicida pero sí un individuo dogmático y por eso creó en Cuba los primeros campos de castigos para los revolucionarios que cometían alguna falta y también fue el creador del concepto del trabajo voluntario, siguiendo la práctica soviética. Afirma Franqui, que Guevara fue primero un dogmático del modelo soviético y más tarde se convirtió en dogmático del socialismo chino. Sobre este dogmatismo escribe Franqui que de visita en la cárcel de Miguel Schultz en México, dónde estaban recluidos varios revolucionarios, entre ellos Fidel Castro, había un joven trigueño leyendo un libro y cuando le preguntó de qué era, le contestó: "Los Fundamentos del Leninismo" a lo que Franqui le replicó que si no había leído sobre el informe del líder soviético Jruschov en el que denunciaba los crímenes de Stalin a lo que Guevara que era el joven en cuestión respondió: "Ud. también cree en las mentiras capitalistas, toda revolución necesita un jefe y es mejor, incluso un jefe malo, porque muchos jefes buenos con sus divisiones la pierden". El ex comandante de la Revolución e historiador José Duarte Oropesa4 también afirma que Guevara era un troskista convencido en lo que atañía a la Revolución Mundial, al extremo que al momento de su captura entre sus pertenencias tenía un libro del asesinado dirigente soviético.
Por otra parte considera que lo de Guevara en Bolivia fue una especie de inmolación para vengarse de Fidel Castro, por la manera en que éste conducía el proceso revolucionario en la isla y que en su opinión, en cierta medida lo logró, pues a partir de su muerte se convirtió en la figura máxima del revolucionario comunista por excelencia, idealista y anti-burocrático, agrega en el quinto tomo de su obra Historiología Cubana, que el "Che" tenía una voluntad "sacrificial ante los peligros, la miseria y la muerte."
Es conveniente destacar que en una sociedad totalmente militarizada como la cubana, después del triunfo de la insurrección, el "Che” tuvo el mando militar de la Fortaleza de la Cabaña hasta septiembre de 1959 y durante el desembarco de Playa Girón y en la Crisis de los Misiles, el del ejército de Pinar del Río. Los "leales" a Guevara siempre estuvieron asignados en diferentes unidades y muchos de los militares mas allegados a su persona fueron los primeros en ser enviados a misiones "internacionalistas", que no eran otra cosa que incursiones armadas a países contrarios a la propuesta castrista. Ernesto Guevara de la Serna, siempre estuvo rodeado por un aura mística enmarcada en la falsa epopeya de la Sierra Maestra y en un supuesto protagonismo en la lucha contra el derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, papel que desmiente en sus propios escritos y que evidentemente fue inventado por sus partidarios. Su vida de viajero irresponsable, de individuo que no trabajaba con regularidad, su insolencia, el desprecio hacia todo lo que afectara negativamente su entorno más directo y el heroico control que ejercía sobre su enfermedad, asma, le convertían en un hombre distinto al promedio de los individuos que acompañaron al futuro dictador cubano en su empeño de derrocar al régimen de Fulgencio Batista con las armas en la mano. El hecho de que fuera el único dirigente de la Revolución capaz de escribir sobre sus experiencias y teorizar sobre sus conocimientos sociales y políticos, le hacían en cierta medida diferente a los hombres que habían participado en la expedición y a la mayoría de los que se sumarían a la insurrección en la Sierra. Guevara fue el primer dirigente en pronunciarse por una revolución hemisférica, a sólo un mes de la victoria de los insurrectos. El papel protagónico que cumplió en las montañas, en la posterior invasión a occidente y sus trabajos de concientización política entre los hombres bajo su mando, le distinguían entre la tropa. Posteriormente su radicalismo, su temprana identificación con el comunismo, sumado a sus discursos y actuaciones en el exterior, le proyectaron como una personalidad independiente a Fidel Castro, situación que debió haber generado más conflictos entre estos dos individuos.
Las personalidades de ambos líderes eran fuertemente antagónicas: Guevara idealista, intransigente, esquemático, doctrinario, arrogante, duro y cruel, y con fuerte inclinación a la teorización revolucionaria, sin abandonar la práctica que le dictaban sus valoraciones.
Fidel Castro dogmático en sus fines, con un carácter mesiánico, ciego en su propia fe, el castrismo, ambicioso de poder e historia, sin inclinaciones teóricas, pragmático del poder y con un profundo sentido de 1a supervivencia política y física. Instinto que le lleva a establecer pactos y compromisos, que sabe que no va a cumplir en el mismo momento que los contrae. A pesar de que Guevara fue el artífice del orden económico pos-revolucionario y que gozó durante varios años de una gran y vasta influencia en el gobierno de la Isla, sus enfrentamientos con dirigentes de los países del llamado "socialismo real" y las críticas públicas que profería en conferencias internacionales, particularmente contra la Unión Soviética, el principal sostén durante el proceso de instauración del totalitarismo en Cuba, afectaron en gran medida el poder y la influencia que tenía en la isla. Aclaremos que Guevara no cuestionaba a la desaparecida URSS por la violación de los derechos humanos ni por la ausencia de las libertades públicas y privadas en ese país, sino por la forma, a su entender, egoísta en que conducía sus relaciones con los países del tercer mundo. Guevara, como dogmático que era, creía tener la solución de todos los problemas y recetas para curar todos los males. Para más de un especialista en el tema, su ostracismo de las esferas del poder era consecuencia de su ortodoxia, de su relativa independencia de criterios ya que seguía defendiendo fórmulas económicas que Fidel Castro había abandonado. Era en el gobierno una especie de conciencia de la utopía marxista, ya que continuaba defendiendo el trabajo voluntario y los estímulos morales como si fueran a resolver los problemas socio-económicos de la Isla. Sin embargo, Castro estaba consciente de que para que su régimen sobreviviera era imprescindible una ayuda exterior y que esa asistencia no se iba a producir si no se cumplían los requisitos que exigían los que iban a prestar el apoyo. El once de diciembre de 1964, en la Asamblea General de las Naciones Unidas y en febrero de 1965 en Argel, criticó con ferocidad a la Unión Soviética. Sus choques con los antiguos comunistas cubanos eran cada día más severos. Sus fracasos en la conducción de la economía de la Isla se hacían cada día más evidentes, lo que hacía más importante la ayuda que pudiese provenir del exterior. Según se hacía más dependiente el régimen cubano del Kremlin, más influencias ganaban los enemigos de Ernesto Guevara y aunque Castro era partidario de la teoría del "foco guerrillero", de 1a subversión continental al estilo guevarista, su sentido de la oportunidad le hacía abandonar todo lo que pudiera convertirse en lastre a sus proyectos. Al interior de la nomenclatura, el blanco preferido de los comunistas ortodoxos cubanos era Ernesto Guevara. Los ataques más encarnizados provenían de Carlos Rafael Rodríguez y Blas Roca5, máximos dirigentes del comunismo en la Isla, quienes le acusaban de no estar al día en la moderna economía marxista y de estar más próximo a las teorías utópicas de Moro, que a las de Marx. En julio de 1965 el gobernante cubano Fidel Castro censuró sin ambages el principio guevarista de los incentivos morales en la creación del socialismo y el 3 de octubre de ese mismo año disintió públicamente de la línea política internacional que había asumido Guevara, en lo que atañía a su conducta antisoviética. Poco antes el semanario uruguayo "Marcha" había publicado un artículo del "Che", "El Socialismo y el Hombre en Cuba" en el que en cierta medida censuraba la forma en que Castro había conducido el ataque al Cuartel Moncada en julio de 1953. Todo esto permite apreciar las diferencias existentes entre los dos líderes revolucionarios. Dariel "Benigno " Alarcón6, considera que Guevara dicta su ostracismo y hasta su pena de muerte cuando en Argelia denunció, delante de líderes africanos y latinoamericanos a los dirigentes del campo socialista y que después de esos pronunciamientos, el embajador ruso en La Habana visitó a Fidel Castro con una carta del Kremlin con una especie de ultimátum en el que le planteaba: "el comandante Guevara ó la ayuda de Europa del este". Dice que entiende la difícil situación en que pusieron a Castro pero que éste, por lealtad a su viejo compañero, debió decirle cuál era la situación, no haberlo engañado y forzado a una renuncia. Agrega Alarcón que cuando Castro dio lectura pública a la carta de Guevara en la que éste hacia dejación de sus cargos, el “Ché” se percató que por ningún concepto podía regresar a Cuba públicamente. El Ché Guevara quedó como un barco a la deriva, sin apoyo y sin ayuda de nadie.
Para Alarcón las diferencias entre el "Ché" y Castro eran muy grandes porque estando en Praga, en una casa de seguridad cubana después de haber salido del Congo, Guevara a pesar de su delicado estado de salud, se negaba a regresar a Cuba, no quería volver y para conseguirlo viajó hasta Checoslovaquia su viejo amigo Ramiro Valdés. Apunta que Guevara decía insistentemente quería viajar a la Argentina y que por eso se pregunta todavía qué pasó entre los dos comandantes. Félix Rodríguez, uno de los especialistas que colaboró en la captura de Guevara y con el que conversó minutos antes de ser asesinado dice que éste, realmente no tenía habilidades para comandar un grupo de insurgentes, que los americanos llegaron a usar los muchos errores de Ernesto Guevara para ejemplificar lo que un guerrillero no debe hacer, agregó que aseguraba que de los errores del "Che", se podía hacer una manual, porque representan la antítesis de lo que debe hacer una fuerza irregular para tener éxito.7 Dariel "Benigno" Alarcón, es de la opinión que Fidel Castro los dejó a su suerte en Bolivia. Apunta que se prepararon todas las condiciones para la operación pero que paulatinamente fueron apreciando como los contactos desaparecían y los suministros prometidos no llegaban, relata que Guevara los reunió en una ocasión y les dijo que estaban solos, lo que toda la guerrilla interpretó como que La Habana, Fidel Castro, los había abandonado. En esos días Guevara escribió en su diario, "la tarea mas importante es escapar y buscar zonas mas propicias".
Señala Alarcón en su libro "Vida y Muerte de la Revolución Cubana" que “un día discutiendo con Antonio, Pacho, Marcos y Urbano, Antonio (el capitán del ministerio del Interior Olo Pantoja) le dijo a Marcos: Olvídalo, todo lo que querían en Cuba era librarse de nosotros, preguntándole a todos, ¿A ustedes qué les parece?, alguno le respondió. Creo eso Chico. Yo también veo así las cosas. El Che, que nos escuchaba, nos miró y dijo ¿No creen que están removiendo demasiada mierda?”8 Según Gary Prado, general boliviano que dirigió la captura de los guerrilleros que operaron en Bolivia, Guevara antes de ser ejecutado confesó que Fidel Castro le había fallado en el momento crucial de su misión y que el aguerrido combatiente en el momento de su captura le dijo: "Supongo que no me irán a matar ahora. Valgo mas para ustedes vivo que muerto"9. Existen pruebas de que al principio de las operaciones, el régimen cubano respaldó a la guerrilla pero que a partir del 21 de marzo de 1967, el apoyo a Guevara y a 1os 16 cubanos que le acompañaron en la misión, fue disminuyendo. Destacamos que no sólo cesó el respaldo material sino que también la propaganda a su favor también fue cancelada, en el mes de junio la comunicación radial con La Habana se espació, colapsando por completo en septiembre, un mes antes del final de la aventura en Bolivia. El historiador Enrique Ros, en su libro, "Ernesto Ché Guevara Mito Realidad", afirma que Fidel Castro empezó a gestar el mito guevarista aún antes de que éste muriera en Bolivia. La revista "Verde Olivo", órgano oficial de las Fuerzas Armadas de Cuba publicó los meses de abril, junio y julio de ese año artículos en los que se destaca la militancia y entrega a la causa revolucionaria del guerrillero argentino pero no se tiene conocimiento de que el gobernante cubano haya gestionado con los insurgentes extranjeros presentes en la isla, ningún tipo de ayuda para Guevara.
En entrevista que concedió el general Prado al periodista Agustín Alles Soberón10 expresó textualmente: "Evidentemente, lo que sucedió fue esto: nunca la guerrilla tuvo comunicación de salida con Cuba, nunca pudieron, ellos una vez que llegaron a Bolivia perdieron totalmente la posibilidad de comunicarse con Cuba, nunca tuvieron un aparato de radio para comunicarse con Cuba, tenían uno en el campamento que llegó a funcionar y que lo abandonaron allá. Entonces solamente podían recibir mensajes cifrados de Radio Habana que los captaban en una radio a baterías, en una radio comercial cualquiera, ¿no es cierto? de onda corta, entonces no tenían comunicación y de Cuba les mandaban los mensajes cifrados y dándoles algunas instrucciones ó algunas noticias, pero nada más. No tuvieron absolutamente ninguna comunicación directa y real, estuvieron abandonados desde que comenzó la guerrilla aquí en Bolivia." Después de lo referido, creemos conveniente cerrar este trabajo con lo que algunos estudiosos consideran las críticas póstumas a Guevara por parte de Fidel Castro. El 15 de octubre, siete días después de la muerte del guerrillero, expresó el gobernante cubano: "La excesiva temeridad y el no tomar las precauciones debidas le llevaron a la muerte y una fuerza guerrillera no libra una batalla de más de cuatro horas".
1 Testimonio para el documental “Guevara, Anatomía de un Mito”
3 Carlos Franqui. “Cuba, La Revolución. Mito o Realidad”
5 Enrique Ros, “Ernesto Che Guevara, Mito y Realidad”. Op cit. Pp.235
10 Entrevista concedida a Radio Martí realizada por Agustín Alles Soberón.
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De mal en peor: Ernesto Guevara: Peronista primero; comunista después
El Instituto Independiente / Diario Las Americas 1 de octubre de 2007En octubre se cumplieron 40 años de la muerte, en una pequeña escuela de La Higuera, de Ernesto (Ché) Guevara, quien, ya, prácticamente en su treintena, descubrió el marxismo y se convirtió en uno de sus más emblemáticos expositores luego de una larga década de servir al peronismo. Veamos esta triste metamorfosis con tanta frecuencia ignorada.
Juan Domingo Perón, de regreso de haber servido una posición diplomática ante el gobierno de Benito Mussolini, es designado Ministro de Trabajo y Previsión Social en un gabinete que se esforzaba en mantener a la nación argentina alejada del conflicto mundial.
Dos años después, en 1945, ya el entonces Coronel Perón era, además, Ministro de Guerra y Vicepresidente del gobierno del General Edelmiro J. Farell. Contando con el respaldo de altos oficiales militares y la ascendencia de su compañera Eva Duarte sobre grupos sindicalistas, Juan Domingo Perón se convierte en la figura dominante de la política argentina. La mano dura con que quiere –y logra- imponerse, genera una fuerte oposición.
Una mañana de octubre la policía, fiel a Perón, irrumpe violentamente en las oficinas centrales del poderoso Partido Radical que buscaba constituir una coalición con los socialistas, los comunistas y los demócratas progresistas para oponerse a Perón y a su campaña presidencial. Los estudiantes y sectores populares se rebelan ante ese atropello y las medidas represivas tomadas por el régimen. Los partidarios del Hombre Fuerte recorren, con violencia, distintos barrios de Buenos Aires destruyendo vidrieras, golpeando a quienes se encuentran en derredor. Se acercaba un caos.
La presión forzó a un grupo de militares a exigir, el 9 de octubre de 1945, la renuncia de Perón a todos sus cargos y su detención en la isla Martín García. La situación se torna tensa. Los altos mandos militares forman una junta de gobierno. A ésta se enfrentan grupos sindicalistas, ya definidamente peronistas, que con impresionante apoyo militar y policial, organizan, para el 17 de octubre marchas hacia el centro de Buenos Aires solicitando la libertad y el regreso de Perón.
Igual situación se produce en la ciudad Córdoba, donde un joven, Ernesto Guevara, participando de las fuerzas de choque peronistas, destruía las vidrieras del periódico La Voz del Interior. En Buenos Aires dirigentes obreros paralizaban el transporte y los servicios públicos y el Coronel Juan Domingo Perón, el Hombre Fuerte, era liberado. Las tropas de choque de Perón, en las que participaba el joven Guevara, habían triunfado.
Con sus ideas y vinculaciones peronistas, Guevara recorrerá varios países de Sur América hasta llegar a Guatemala, donde presenció, indiferente, sin participar en ella, la lucha entre las fuerzas invasoras de Castillo Armas y el izquierdista gobierno de Jacobo Arbenz. En la pensión en que reside lo visita, con regularidad, el embajador argentino Nicasio Sánchez Torranzo, “diplomático peronista que, además, tenía un hermano general, sindicado como uno de los militares más adictos al presidente Perón”.
Se ha relacionado Guevara con Hilda Gadea, la aprista peruana de ideas marxistas y, a través de ella, con el cubano Ñico López, uno de los asaltantes, el 26 de Julio, del cuartel de Bayamo.
Depuesto Arbenz, Guevara, que vivía en la casa de dos mujeres salvadoreñas que se han asilado, se ve obligado a buscar otro alojamiento. Ninguno, más apropiado, que la Embajada peronista de Argentina. Entrará como huésped, no como asilado político, con cuyo nuevo embajador, Torres Gispena, cordobés, mantiene excelentes relaciones.
Hemos visto en su tierra nativa y en Guatemala, los dos países en que ha residido, la estrecha vinculación de Guevara con el peronismo. Ahora el bohemio a quien quieren presentarnos como redentor de las Américas, partirá hacia México. Veremos a que se dedica. Para quien trabajará.
Llega a la capital azteca el 21 de septiembre de 1954. Han transcurrido nueve años desde que el joven Guevara destrozara en Córdoba las vidrieras del periódico opositor “La Voz del Interior”, demandando la libertad de Perón y su reintegro al poder, y un año desde que en la tierra del quetzal fuera espléndidamente atendido por los embajadores peronistas.
Allá, en el lejano país sureño, Perón sigue recibiendo el embate de los grupos de extrema izquierda. Se mantiene en el poder gracias al respaldo de sectores de las fuerzas armadas, del apoyo de los altos intereses económicos y de los viejos dirigentes sindicales.
Quiere el presidente de la patria de Sarmiento mejorar su imagen internacional. Para eso, recién ha constituido una agencia de prensa que tratará de rectificar la “desinformación” que sobre él mantienen los medios norteamericanos. ¿Quién mejor para colaborar en este empeño que el leal y joven Guevara?. Alegre, se incorpora Ernesto, en un trabajo bien pagado, a la filial mexicana de aquella agencia de prensa peronista.
Como Perón es atacado por la prensa independiente norteamericana, Ernesto Guevara, para servir mejor a quien en Buenos Aires gobierna, y paga, dirige sus dardos contra el coloso del Norte; ataca sus instituciones, sus dirigentes. Pero en septiembre de 1955 Perón es depuesto por un golpe militar del General Eduardo Lonardi con el concurso, más doloroso aún para Guevara, de la guarnición de Córdoba. Ha caído su ídolo y ha perdido su paga. En carta a su madre, Celia de la Cerna, Ernesto le dice “la caída de Perón me amargó profundamente”.
Es necesario enarbolar otra bandera. Buscar otro líder. Lo encontrará allí mismo, en México. Alguien, a quien el joven argentino no conocía, ha llegado a la capital. Será Ñico López, el locuaz y amistoso cubano que había conocido en Guatemala, quien lo presente. Primero, a Raúl. Luego, a Fidel.
Comienza su entrenamiento. De centinela en el Rancho Santa Rosa ofreció a la policía que asaltaba la finca cuanta información le fue solicitada. No cesó de hablar. Por Guevara supieron el nombre de todos los que en ese campamento se entrenaban para zarpar en la expedición del Granma. Partirá en ella como “médico” hasta que, asesinando a sangre fría al campesino Eutimio Guerra, se convertirá, esas son sus palabras, en “un revolucionario”. Había llegado a Cuba “sediento de sangre” le dice a su esposa. La saciará con creces.
Dejará entonces, Ernesto Guevara su ya inútil peronismo para, con las nociones de marxismo que le impartió la aprista Hilda Gadea, tomar un nuevo ropaje que, cubierto de sangre, vestirá hasta su caída el 9 de octubre en La Higuera.
Mitos Progresistas: El Che, ¿chévere?
Mi prima me preguntó quién es el Che, puesto que un amigo suyo usa una camiseta "chévere" de ese personaje. Yo le dije que la camiseta de una persona que representa la intolerancia pura me parece de mal gusto.El presidente de Ecuador y Auki Tituaña, alcalde de Cotacachi, son admiradores del Che. Asumo que ellos, como tantos jóvenes que portan la camiseta del Che, desconocen que Ernesto Che Guevara de la Serna ejecutó a sangre fría a por lo menos 216 personas en la Sierra Maestra (1957-1958), Santa Clara (1959) y la prisión de la fortaleza de La Cabaña (1959), sin juicio previo. Ante la duda, decía el Che a sus subordinados, es mejor matar.
En su magistral ensayo La máquina de matar: el Che Guevara, de agitador comunista a marca capitalista, Álvaro Vargas Llosa describe que el revolucionario tuvo la oportunidad de implementar su visión económica de "justicia social" como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria (1959), y luego como ministro de Industrias (1961). Durante el periodo en que controló gran parte de la economía cubana, la industria azucarera prácticamente colapsó, la industrialización fracasó y se introdujo el racionamiento del consumo, todo esto en la que había sido una de las cuatro economías latinoamericanas más avanzadas.
El Che tenía una determinación feroz:
El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.
Según la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el Che se jactaba de que su país –se refería a Cuba– estaba dispuesto a "arriesgar todo en una guerra atómica de inconcebible destrucción para defender un principio".
El presidente egipcio Gamal Abdel Naser contaba que Guevara le preguntó cuántas personas habían emigrado de su país a raíz de la reforma agraria. Cuando Naser contestó que nadie se había ido, el Che le dijo enfurecido que la manera de medir la profundidad del cambio es contar el número de personas que sentían que no había lugar para ellos en la "nueva sociedad".
Quienes se ponen las camisetas del Che seguramente no saben que este argentino sanguinario incitaba a "crear dos, tres... muchos Vietnam". Y probablemente el alcalde Tituaña no sabe que ese que tiene retratado en su oficina escribió decepcionado, desde Bolivia: "Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto". Es más, el Che fue luego capturado por falta de apoyo local.
El doble estándar es sorprendente: el mundo se escandalizó, con razón, cuando el príncipe Harry de Inglaterra vistió un disfraz de nazi en una fiesta de jóvenes, pero muy pocos critican a gente como Carlos Santana, que mientras cantaba durante la entrega de los Oscar 2005 lucía una camiseta con el rostro del asesino Ernesto Che Guevara.
© AIPE
GABRIELA CALDERÓN, editora de la página en español del Cato Institute.
Reportaje de la revista brasileña VEJA sobre Ernesto Ché Guevara
El texto de VEJA desmitifica con datos y entrevistas, la leyenda estructurada por la izquierda comunista mundial sobre este personaje, al que califica como una “farsa”.
Cubalibredigital ofrece para sus lectores, una traducción libre al español de todo el artículo aparecido en VEJA el sábado 29 de Septiembre de 2007, para su edición de hoy, correspondiente a la primera semana de octubre de 2007, cuando la muerte de Che está próxima a cumplir 40 años.
"No disparen. Soy Che. Valgo más vivo que muerto."
Hace cuarenta años, el día 8 de octubre de 1967, esa frase fue gritada por un guerrillero en harapiento y sucio metido en una gruta en los confines de Bolivia. Nunca más fue recordada. Su olvido se debe al hecho de que el pedido de misericordia, el apelo desesperado por la propia vida y el reconocimiento sin disfraz de la derrota, no combinan con la aura mitológica creada en torno de todo lo que se refiere a la vida y la muerte de Ernesto Guevara Lynch de la Serna, argentino de Rosario, el Che, que antes, para los compañeros, era solamente "el chancho", el puerco, porque no le gustaba el baño y "tenía peste a riñón hervido". EN VÍSPERAS DEL GOLPE
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Esa es la realidad olvidada. En el mito, siempre recordado, resuenan las palabras dichas al teniente boliviano Mario Terán, encargado de su ejecución, y que parecía dudar al apretar el gatillo: "Ud. va a matar un hombre". Esas, sí sirven de corolario perfecto a un guerrero dispuesto al sacrificio en nombre de ideales que valen más que la propia vida. Ambas frases fueron relatadas por varios testigos y meticulosamente anotadas por el capitán Gary Prado Salmón, del Ejército boliviano, responsable por la captura de Che. Provenientes de las mismas fuentes, merecen por tanto idéntica credibilidad. El olvido de una frase y el perpetuamiento de la otra, resumen el éxito de la máquina de propaganda marxista en la elaboración de su mayor y hasta entonces intocado mito. Che tiene un apelo que roza la leyenda entre los jóvenes de los cinco continentes. Como hombre de carne y hueso, con sus debilidades, su maníaca necesidad de matar personas, su creencia inmutable en la violencia política y la busca incesante de la muerte gloriosa, fue un ser despreciable. "Él era adepto del totalitarismo hasta el último pelo del cuerpo", escribió sobre él, el periodista francés Regis Debray, que por algunos meses convivió con Che en Bolivia.
Por sus convicciones ideológicas, Che tiene su lugar asegurado en la misma lata de basura donde la historia ya lanzó hace tiempo otros teóricos y prácticos del comunismo, como Lenin, Stalin, Trotsky, Mao y Fidel Castro. Entre la captura y la ejecución de Che en Bolivia, pasaron 24 horas. En ese periodo, el gobierno boliviano y los americanos de la CIA que ayudaron en la operación decidieron entre si el destino de Guevara. ¿Ejecución sumaria? No para los padrones de Che. Centenas de hombres que él fusiló en Cuba tuvieron su suerte sellada en ritos sumarios cuyas deliberaciones muchas veces no pasaban de diez minutos.
VEJA conversó con historiadores, biógrafos, antiguos compañeros de Che en la guerrilla y en el gobierno cubano en la tentativa de entender como el rostro de un apologista de la violencia, voluntarioso y autoritario, fue aparar en el bikini de Gisele Bündchen, en el brazo de Maradona, en la barriga de Mike Tyson, en afiches y camisetas. Su retrato clásico –hecho por el fotógrafo cubano Alberto Korda en 1960 – es la fotografía mas reproducida de todos los tiempos. El mito es particularmente engañoso por sustentarse en lo contrario do lo que el hombre fue, pensó y realizó durante su existencia. Incapaz de comprender la vida en una sociedad abierta y siempre dispuesto a eliminar a tiros los adversarios – incluso los que vestían el mismo uniforme que él –, Che es, paradójicamente, visto como un símbolo de la lucha por la libertad. Guevara es responsable directo por la muerte de 49 jóvenes inexpertos reclutas que hacían el servicio militar obligatorio en Bolivia. Ellos fueron movilizados para defender la soberanía de su patria y expulsar los invasores cubanos, bajo cuyo fuego perecieron. Habiendo ayudado a establecer un sistema de penuria en Cuba, Che ahora es presentado como un símbolo de justicia social. Políticamente dogmático, aferrado con uñas y dientes a la rigidez del marxismo-leninismo en su vertiente mas totalitaria, pasa por libre-pensador.
El régimen policíaco de Fidel Castro no permite que aquellos que convivieron con Che y permanecen en Cuba puedan ir más allá de la gris versión oficial. Por eso, a pesar del rencor que puede condimentar sus recuerdos, los exilados cubanos son voces de mayor credibilidad. El movimiento que derrumbó al dictador Fulgencio Batista, en 1959, no fue una acción de comunistas, como pretende Fidel Castro. Buena parte del liderazgo revolucionario y de los comandantes guerrilleros tenía por objetivo la instauración de la democracia en Cuba. Pero fue sorprendida por un golpe comunista dentro da revolución. Acabaron presos, fusilados o deportados. Desde el inicio, Che representó la línea dura pró-soviética, al lado del hermano de Fidel, Raúl Castro. En la versión mitológica, Che era dueño de un talento militar excepcional. Sus ex-compañeros sin embargo, se recuerdan de él como un comandante imprudente, irritable, rápido en ordenar ejecuciones e más rápido todavía en liderar sus camaradas para a muerte, en guerras sin futuro en el Congo y en Bolivia.
Huber Matos, que luchó bajo las órdenes del argentino en Cuba, habló a VEJA sobre el fracaso de Che como comandante: "La lucha fue difícil en la primavera de 1958. El frente de comportamiento más desastroso fue el frente del Che. Pero eso no lo afectó, porque era el favorito de Fidel, que nos impedía de discutir abiertamente el trabajo flojo de su protegido como guerrillero". Poco después del triunfo de la guerrilla, al percibir las primeras señales de tiranía, Huber renunció a su puesto en el gobierno revolucionario e informó que volvería a ser profesor. Preso dos días después, pasó veinte años en la cárcel. Vive hoy en Miami. A la moda soviética, su imagen fue removida de las fotos hechas durante la entrada solemne en la Habana, en que aparecía al lado de Fidel y Camilo Cienfuegos, otro comandante no comunista desaparecido en circunstancias misteriosas en los inicios de la revolución.
Nombrado comandante de la fortaleza de La Cabaña, para donde eran llevados los presos políticos, Che Guevara la convirtió en campo de exterminio. En los seis meses bajo su comando, dos centenas de desafectos fueron fusilados, siendo que apenas una minoría era formada por torturadores e otros agentes violentos del régimen de Batista. La mayoría era sólo gente incomoda.
Napoleón Vilaboa, miembro del Movimiento 26 de Julio y asesor de Che en La Cabaña, cuenta ahora haber llevado al gabinete del jefe, un detenido llamado José Castaño, oficial de inteligencia del Ejército de Batista. Sobre Castaño no pesaba ninguna acusación que pudiera producir una sentencia de muerte. Fidel llegó a llamar por teléfono para Che, para declarar a favor de Castaño. Demasiado tarde. Mientras daba vueltas alrededor de su mesa y de la silla donde estaba el militar, Che sacó la pistola 45 y lo mató allí mismo con balazos en la cabeza. En otra ocasión, Che fue procurado por una madre desesperada, que imploró por que soltaran su hijo, un niño de 15 años preso por pintar muros con letreros contra Fidel. Un soldado informó a Che que el joven sería fusilado dentro de algunos días. El comandante, entonces, ordenó que fuese ejecutado inmediatamente, "para que la señora no pasara por la angustia de una espera más larga".
En su diario de campaña en la Sierra Maestra, Che anticipa su comportamiento en La Cabaña. Él describe con naturalidad como ejecutó Eutímio Guerra, un rebelde acusado de colaborar con los soldados de Batista: "Acabé con el problema dándole un tiro con una pistola calibre 32 en el lado derecho del cráneo, con el orificio de salida no lóbulo temporal derecho. Él se arqueó un poco y estaba muerto. Sus bienes ahora me pertenecían". En otro momento, Che decidió ejecutar dos guerrilleros acusados de ser informantes de Batista. Él dijo: "Esa gente, como es colaboradora de la dictadura, tiene de ser castigada con la muerte". Como no había pruebas contra ambos, los otros rebeldes presentes se opusieron a la decisión de Che. Sen darles oídos, él ejecutó los dos con la propia pistola. Esa frialdad y la crueldad desaparecieron detrás de la moldura romántica que le prestaron, construida por los mismos ideólogos que le atribuyeron a frase famosa – "Hay que endurecerse, pero sin perder la ternura jamás". Frase creada por la propaganda izquierdista.
Como el joven aventurero que fue de excursión en motocicleta por las Américas se tornó un asesino cruel e maníaco? El periodista americano Jon Lee Anderson, autor da más completa biografía de Che, escribió que él era un fatalista – y ese fatalismo se agudizó después que se juntó a los guerrilleros cubanos. "Para él, la realidad era solamente una cuestión de blanco y negro. Despertaba toda las mañanas con la perspectiva de matar o morir por la causa", afirma Anderson.
Ernesto Guevara Lynch de la Serna nació el 14 de mayo (junio) de 1928, en una familia de izquierdistas ricos en Argentina. Sufrió de asma toda su vida. Antes de formarse en medicina, profesión que nunca ejerció de hecho, viajó por la América del Sur durante ocho meses. Después de terminada la universidad, salió de Argentina para nunca más regresar. Se encontró con Fidel Castro en México, en 1955, donde aprendió técnicas de guerrilla. El año siguiente, participó del desembarco en Cuba del pequeño contingente de revolucionarios. Después de dos años de combates en la Sierra Maestra, Fidel tomó el poder en la Habana. Che se ocupó primero de los fusilamientos y después, de la economía, asunto del cual nada entendía. José Illán, que fue vice-ministro de Finanzas antes de huir de Cuba, contó a VEJA que el argentino "despreciaba a los técnicos e nos trataba, a los jóvenes cubanos, con prepotencia". En el comando del Banco Central y después del Ministerio de Industrias, Che comenzó a nacionalizar la industria y fue el principal defensor del control estatal de las fábricas. "Che era un utópico que creía que las cosas podían ser hechas usando solamente la fuerza de voluntad", dice el historiador Pedro Corzo, del Instituto de la Memoria Histórica Cubana, en Miami. Como resultado de su "fuerza de voluntad", la producción agrícola cayó por la mitad y la industria azucarera, el principal producto de exportación de Cuba, entró en colapso. En 1963, en estado de penuria, la isla pasó a vivir de la ayuda económica enviada por la entonces Unión Soviética.
No había más que hacer por parte del Che en Cuba. Era ministro de Industria, pero divergía de Fidel en cuestiones relativas al desarrollo económico. De manera simplista, él creía que incentivos morales tenían mayores probabilidades de estimular el trabajo. Che también se tornó crítico feroz de la Unión Soviética, de la cual el régimen cubano dependía para sobrevivir. No por discordar del Kremlin, mas porque juzgaba a los soviéticos tímidos en la promoción de la revolución armada en el Tercer Mundo. Para librarse de él, Fidel lo mandó como delegado a la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1964. Al año siguiente, Che fue secretamente a combatir en el Congo, al frente de soldados cubanos. Allí, inactivo por incomprensibles rivalidades tribales, derrotado en el campo de batalla y abatido por la diarrea, Che propuso a sus comandados luchar hasta la muerte. Pero fue persuadido de su propósito por la soldadesca, que no aceptó el sacrificio en una guerra sin sentido.
De ahí en adelante el argentino se tornó una figura patética. En la Habana, Fidel divulgaba la carta en que él renunciaba a la ciudadanía cubana y anunciaba su disposición de llevar la guerra revolucionaria a otras playas. Sorprendido por la lectura prematura del documento, Che quedó en el limbo, sin tener para donde volver. "Su vida fue una secuencia de fracasos", dijo a VEJA el historiador cubano Jaime Suchlicki, de la Universidad de Miami. "Como médico, nunca ejerció la profesión. Como ministro y embajador, no consiguió lo que quería. Como guerrillero, fue eficiente solo en matar por causas sin futuro."Ante la falta de opciones, Che escogió a Bolivia para su nueva aventura guerrillera. Él lucharía en territorio montañoso e inhóspito, inmerso en la selva, sin hablar el dialecto indígena de los campesinos bolivianos. El plan original era entrar, por la frontera, a la provincia argentina de Salta. Pero el contingente exploratorio fue aniquilado rápidamente por el ejército de aquel país. La misión boliviana era, desde todos los pontos de vista, suicida. Incluso así, Fidel la apoyó, al punto de designar algunos soldados de su ejército para el destacamento guerrillero. El dictador cubano también equipó y financió la expedición, con la cual mantuvo contacto hasta que su fracaso se tornó evidente.
Además de la falta de apoyo del pueblo boliviano, que trato a los cubanos encabezados por Che como un bando de salteadores, la expedición fracasó también por la traición del Partido Comunista Boliviano. VEJA preguntó a uno de sus más altos dirigentes en los anos 60, Juan Coronel Quiroga: "El PCB traicionó Che Guevara?". Respuesta de Quiroga: "Sí". La explicación? "Nuestro partido era afinado con Moscú, donde la estrategia de abrir focos de guerrilla como la de Che estaba hace mucho tiempo desacreditada." Quiroga era amigo personal del entonces ministro de Defensa de Bolivia y consiguió que las manos del cadáver de Che Guevara fueran cortadas, mantenidas en formol y entregadas a él. "Por años guardé las manos de Che debajo de mi cama en un gran pote de vidrio. Un día mi hijo deparó con aquello y casi entró en pánico", cuenta Quiroga. Años más tarde, cupo a Quiroga la misión de entregar el lúgubre pote con las manos de Guevara a la Embajada de Cuba en Moscú.
La muerte de Che fue central para la estabilización del régimen cubano en los años 60, de acuerdo con el polaco naturalizado americano Tad Szulc, en su celebrada biografía de Fidel. El fin del guerrillero argentino ayudó al dictador a pacificar sus relaciones con Moscú e todavía le dio un icono de aceptación más amplia que la propia revolución. El esfuerzo de construcción del mito fue facilitado por varios factores. Cuando murió, Che era una celebridad internacional. Bien parecido, salía óptimo en las fotografías. La foto del póster que adorna cuartos de millones de jóvenes fue tirada en un funeral en Habana, al cual comparecieron el filósofo francés Jean-Paul Sartre – que exaltó Che como "el más completo ser humano de nuestra era" – y su mujer, la escritora Simone de Beauvoir. La foto de 1960 solamente ganó divulgación mundial siete años después, en las páginas de la revista Paris Match. Dos meses más tarde, Che fue muerto en la selva boliviana y Fidel hizo una concentración frente a una enorme reproducción de la imagen, que reunía toda la fachada de un edificio público cubano. Nacía el póster.
Tres hechos ayudaron a consolidar el mito. El primero fue la muerte prematura de Che, que eternizó su imagen joven. A los 39 años, él estaba lejos de ser un adolescente cuando fue abatido, pero el tipo de galán que tenía le garantizaba un aspecto juvenil. El fin precoz también lo salvó de ser asociado a la agonía del comunismo. La decadencia física y política de Fidel Castro, desmoralizado por la responsabilidad en el aislamiento y en el atraso económico que afligen al pueblo cubano, da una idea de lo que podría haber sucedido con Che, que era sólo dos anos más joven que el dictador.
El segundo hecho fue la ayuda involuntaria de sus captores. Preocupados en reunir pruebas convincentes de que el guerrillero célebre estaba muerto, los militares bolivianos mandaron a lavar el cuerpo y arreglar y peinar su barba e su cabello. También decidieron cambiar su ropa inmunda. Todo eso para poder tirar fotos en que él fuera fácilmente identificado. El resultado es un retrato con espantosa semejanza con las pinturas barrocas de Cristo muerto de expresión beatificada. La tercera contribución recibida por los izquierdistas en la construcción del mito, vino del contexto histórico. Che murió en vísperas de las grandes protestas en defensa de los derechos civiles, de la agitación de los movimientos estudiantiles y de la revolución de las costumbres, de la contracultura – turbulencias que marcaron el ano de 1968. Era un personaje perfecto para ser símbolo de la juventud de entonces, que se definía por la "determinación exacerbada y narcisista de conseguir todo, aquí y ahora", como escribió el mexicano Jorge Castañeda, en su biografía de Che. La historia, sin embargo, muestra que el hombre era mucho diferente del mito. Pero, quien resiste? En este mes, en los Estados Unidos, el cubano Gustavo Villoldo, jefe del equipo de la CIA que participó de la captura del guerrillero, va subastar un mechón de cabello de Che.
Si hubo un ganador de la Guerra Fría, fue Che Guevara. Él murió y fue santificado antes que su narcisismo suicida y los crímenes que dependieron de él pudieran ser juzgados con distanciamiento, bajo una óptica más civilizada, que haría aflorar su brutalidad con nitidez. Pobre Fidel Castro. Mientras Che fue cristalizado en la foto hipnótica de Alberto Korda, él mismo, el supremo comandante, aparece cada día más roto, flácido, caduco, mientras se deshace lentamente dentro de un ridículo mono deportivo ante los lentes de las cámaras de la televisión estatal cubana. El método de lucha política que Guevara adoptó ya era equivocado en su tiempo. En el rastro de sus concepciones de revolución por la revolución, la América Latina fue lanzada a un baño de sangre y una onda de destrucción todavía no enteramente evaluada y, peor, no totalmente asentada. El mito en torno al Che se constituye en una muralla que impidió hasta ahora la correcta observación de algunos de los más desastrosos eventos de la historia contemporánea de las Américas. Está pasando de la hora, para esa muralla caer.
LA FRASE MÁS FAMOSA ATRIBUÍDA A GUEVARA ES... "Hay que endurecerse, más sin jamás perder la ternura."
"Estoy en la selva cubana, vivo y sediento de sangre."
"Fusilamos e seguiremos fusilando en cuanto sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte."
El odio intransigente al enemigo (...) convierte (al combatiente) en una efectiva, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así."
El mundo tomó otro rumbo
BOLIVIA El foco guerrillero de Guevara fue derrotado por la población pobre de Bolivia, que negó ayuda e todavía delató al grupo.
CONGO Guevara e un contingente de cubanos lucharon al lado do jefe tribal Laurent Kabila contra el coronel Mobutu. En 1997 Kabila finalmente derrumbó a Mobuto, pero fue asesinado en 2001. En su corto gobierno, 3 millones de personas fueron muertas en guerras tribales.
CHINALa ideología de Mao Tsé-tung, que Guevara citaba como modelo de comunismo, fue sepultada por los chinos.
COMUNISMODespués de la caída del Muro de Berlín, la ideología será recordada sobre todo como la responsable por la muerte de 100 millones de personas.
VIET-NAM En la frase famosa, Guevara propuso crear "dos, tres, muchos Viet-nans". Acertó. La globalización de la economía está creando Vietnans por el mundo – países adeptos de la economía de mercado, con rápido crecimiento económico y aliados de los Estados Unidos.
"La orden de ejecución vino por el radio"
EL ÚLTIMO DÍA DEL GUERRILLERO Harapiento y sucio, Guevara posa con los soldados que lo capturaron en la villa de La Higuera, donde seria muerto. A su lado, señalado, está el agente de la CIA Félix Rodríguez. À la derecha, Félix hoy, en Miami
Félix Rodríguez fue una de las últimas personas que conversó con Che Guevara. Más que eso, fue él quien recibió y transmitió la orden para que el guerrillero fuese ejecutado. Cubano exilado en los Estados Unidos, él era el operador de radio enviado a Bolivia por la CIA para auxiliar en la cazada y, también, para ayudar a identificar a Guevara. Veterano de la fracasada invasión de la Bahía de Cochinos, en 1961, Rodríguez vive hoy en Miami, a los 66 anos. Él habló al reportar Duda Teixeira.
COMO LLEGÓ LA ORDEN PARA MATAR AL CHE?
COMO FUE SU ÚLTIMA CONVERSACIÓN CON ÉL?
COMO FUE O SU PRIMER CONTACTO CON CHE GUEVARA?
COMO FUOROM SUS CONVERSACIONES CON CHE?
COMO FUEROM LAS RELACIONES DE CHE CON A POBLACIÓN EN BOLÍVIA?
POR QUÉ UD. FUE ENVIADO À BOLIVIA?
Limpiaron a Che para la foto
En el día de su muerte, amarrado al esquí de un helicóptero militar, Che Guevara fue llevado del local de la ejecución para un Villarejo llamado Vallegrande. La brasileña Helle Alves, repórter, y el fotógrafo Antonio Moura, entonces trabajando para el Diário da Noite, de San Pablo, vieron la llegada del cuerpo, que fue llevado para a lavandería del hospital local (encima). Allí, Moura fue el único periodista a fotografiar el cuerpo de Guevara todavía sucio, vestido de trapos y calzado con lo que sobró de una botina artesanal de cuero (abajo). Moura consiguió fotografiar el cuerpo antes de la limpieza y del arreglo. "Che usaba un calzo en uno de los calcañares, probablemente para corregir una diferencia de tamaño entre una pierna e otra", recuerda Helle. Ella contó por lo menos diez marcas de tiros en el cuerpo del argentino. "Los pobladores tenían rabia de él e invadieron la lavandería, pero, cuando vieron el cuerpo, pasaron a decir que él se parecía a Jesús Cristo." Comenzaba el mito.
Él está en todas partes
El retrato de Che hacho por Alberto Korda en 1960 es ahora una imagen de múltiples significados: es pop en el bikini de la Cia. Marítima vestido por Gisele Bündchen y una manifestación de truculencia y mal humor en los tatuajes de Maradona e Mike Tyson
Diez Mitos sobre Ernesto CHE Guevara
LiberPress- The Independent org -Octubre 8, 2005 -Los simpatizantes del Che Guevara conmemoran un aniversario más del fallecimiento del revolucionario, que tuvo lugar hace treinta y ocho años en la quebrada del Yuro, en Bolivia. Es un momento apropiado para abordar diez mitos que mantienen vivo el culto de Guevara.La última vez que visité el Museo de Arte Moderno en Nueva York, un estudiante estadounidense que lucía una camiseta del Che Guevara y una boina llamó mi atención (la casualidad de que Nicole Kidman ingresaba al recinto en ese mismo instante acaso tuvo algo que ver con que me percatara de él). Le pregunté amablemente qué era exactamente lo que él admiraba tanto acerca de ese hombre. He aquí las diez razones que mencionó—y mis respuestas.
1. ESTABA EN CONTRA DEL CAPITALISMO. En realidad, Guevara era partidario del capitalismo de estado. Se oponía al sistema salarial denunciado en la jerga marxista como la “apropiación de la plusvalía” solamente cuando se trataba de empresas privadas. Pero convirtió la “apropiación de la plusvalía de los trabajadores” en todo un sistema estatal. Un ejemplo de esto son los campamentos de trabajo forzado que apoyó, comenzando con el de Guanahacabibes en el año 1961.
2. HIZO A CUBA INDEPENDIENTE. En realidad, maquinó la colonización de Cuba por parte de un poder extranjero. Contribuyó a convertir a Cuba en una cabecera de playa temporal del poder soviético (selló el trato en Yalta). Como responsable de la “industrialización” de Cuba, fracasó en el objetivo de ponerle fin a la dependencia del país con relación al azúcar.
3. ABOGO POR LA JUSTICIA SOCIAL. En realidad, ayudó a arruinar la economía al distraer los recursos hacia industrias que terminaron en el fracaso y redujo a la mitad la cosecha de azúcar, el soporte de Cuba, en el término de dos años. El racionamiento comenzó bajo su administración de la economía isleña.
4. SE ENFRENTO A MOSCU. En realidad, obedeció a Moscú hasta que Moscú decidió pedirle algo a cambio de sus masivas transferencias de dinero a la Havana. En 1965, criticó al Kremlin porque había adoptado lo que él denominaba la “ley del valor”. Luego viró hacia China en vísperas de la Revolución Cultural, una de las historias de terror del siglo veinte. Simplemente cambió de lealtades dentro del campo totalitario.
5. SE CONECTO CON LOS CAMPESINOS. En verdad, murió precisamente debido a que no pudo “conectarse” con ellos. "Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto", escribió en su diario boliviano antes de ser capturado—un modo apropiado de describir su viaje a través de la campiña boliviana tratando de provocar una revolución que ni siquiera consiguió obtener la ayuda de los comunistas bolivianos (ellos eran lo suficientemente realistas como para darse cuenta de que los campesinos no deseaban una revolución en 1967; ya habían tenido una en 1952).
6. FUE UN GENIO GUERRILLERO. En realidad, con la excepción de Cuba (en la que incluso fue figura de tercera categoria. LVDCL), todo esfuerzo guerrillero que ayudó a instaurar fracasó penosamente. Tras el triunfo de la revolución cubana, Guevara estableció ejércitos revolucionarios en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá, y Haití, todos los cuales fueron aplastados. Más tarde persuadió a Jorge Ricardo Masetti de que condujese una incursión fatal en la Argentina desde Bolivia. El papel de Guevara en el Congo en 1965 fue tragicómico. Se alió con Pierre Mulele y Laurent Kabila, dos carniceros, pero se vio envuelto en tantas desavenencias con el segundo—y las relaciones entre los combatientes cubanos y los congoleños fueron tan tensas—que tuvo que escapar. Finalmente, su incursión en Bolivia culminó en su deceso (que sus seguidores están conmemorando este domingo 9 de octubre).
7. RESPETO LA DIGNIDAD HUMANA. En realidad, tenía el hábito de apoderarse de la propiedad ajena. Ordenaba a sus seguidores que asaltasen bancos (“las masas que luchan están de acuerdo con asaltar los bancos porque ninguno de ellos tiene un centavo en los mismos”) y, tan pronto como el régimen de Batista colapsó, ocupó una mansión y se apropió de ella—un caso de expeditivo de expropiación con fines públicos de estirpe revolucionaria (sin justiprecio). (En mas de una ocasion ordeno arrodillarse a los que iba a fusilar, para humillarlos aun mas. LVDCL)
8. SUS AVENTURAS ERAN UNA CELEBRACIÓN DE LA VIDA. Más bien, fueron una orgía de muerte. Ejecutó a muchas personas inocentes en Santa Clara, en el centro de Cuba, donde operó su columna durante la última etapa de la lucha armada. Después del triunfo de la revolución, estuvo al mando de prisión de “La Cabaña” por medio año. Allí ordenó la ejecución de cientos de prisioneros—ex hombres de Batista, periodistas, empresarios, y otros. Unos pocos testigos, incluidos Javier Arzuaga, quien era el capellán de “La Cabaña”, y José Vilasuso, quien pertenecía al grupo encargado del proceso judicial sumario, me brindaron recientemente sus dolorosos testimonios.
9. ERA UN VISIONARIO. Su visión de América Latina era en realidad bastante borrosa. Consideremos, por ejemplo, su opinión de que los guerrilleros debían operar desde el campo porque allí era donde vivían las masas luchadoras. En realidad, desde los años 60 la mayoría de los campesinos han abandonado pacíficamente el campo, en parte debido al fracaso de la reforma agraria, la cual ha obstaculizado el desarrollo de una agricultura basada en la propiedad y de las economías de escala con reglamentos absurdos que prohíben toda clase de convenios privados.
10. ESTABA EN LO CIERTO RESPECTO DE LOS ESTADOS UNIDOS. Predijo que Cuba superaría el PBI per cápita de los Estados Unidos para el año 1980. Hoy día, la economía de Cuba apenas puede sobrevivir gracias al subsidio petrolero de Venezuela (cerca de 100.000 barriles diarios), una forma de limosna internacional que no habla demasiado bien de la dignidad del régimen.
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* Alvaro Vargas Llosa es Académico Asociado Senior y Director del Centro Para la Prosperidad Global en The Independent Institute
Entrevista al ex Sacerdote Javier Arzuaga, Capellán de La Prisión La Cabaña durante la comandancia de Guevara
(La entrevista puede oírse en Contacto Cuba: www.contactocuba.com/VIDEOS/sosablanco.wma )
Transcripción de la Entrevista:
Dr. Guillermo Toledo: Tenemos hoy una entrevista muy interesante, tenemos con nosotros a una persona que vivió en Cuba los fusilamientos en el 1959, en las mazmorras de la Prisión de la Cabaña, así que es un testimonio de primera mano, que tenemos para ustedes, muchas de las vivencias que les va a contar, van a ser terribles, chocantes para muchas personas, pero es el testimonio vivo de lo que pasó en realidad en la Cabaña en los primeros meses de la revolución castrista, es además una persona que fue Sacerdote y acompañó a muchos de los que iban a ser fusilados a darle la ayuda espiritual que necesitaban, para pasar por ese proceso tan doloroso.
Doctor Cotto: Toledo antes de continuar es bien interesante el tema que tenemos hoy y la persona invitada porque participó en el sentido, que estuvo en el momento donde comenzaron lo que aquí hoy en día esta en boga que se esta hablando en esta misma semana en Puerto Rico, la pena capital o la pena de muerte, que es el mecanismo que se utilizo allá en Cuba, para acabar con la oposición, sin embargo tenemos personas que no estamos de acuerdo con la pena de muerte bajo ningún motivo , no es un tema como para abrazarlo desde el punto de vista yo diría ni político, como psiquiatra que soy, como cristiano que soy, no estamos de acuerdo que ningún organismo ningún gobierno ni ninguna institución, tiene la autoridad de poder determinar como y en que forma se ejecuta la vida de un ser humano.
Dr. Guillermo Toledo: Bien, el entrevistado de esta noche por primera vez en todos estos años ha mantenido silencio sobre lo que pasó en esa época, tan triste para el pueblo de Cuba… y ha escrito un libro que se llama: "Cuba 1959: La Galera de la Muerte"
Acaba de llegar a Puerto Rico a través de la Revista Carta de Cuba, aquí tenemos al Señor Melero para que nos explique qué va a pasar con este libro.
Señor Melero: Un saludo a toda la audiencia. Efectivamente hemos traído este libro que por un lado es el relato sensible, creíble de un Sacerdote, es el relato del terror y de la muerte y quisiera hacer una aclaración, porque los fusilamientos no empezaron en la Cabaña, sino en la propia Sierra Maestra, yo recuerdo que uno de los primeros fusilados fue un campesino que no recuerdo su nombre, se fusiló a Autilio Guerra que era un verdadero Líder en la Sierra Maestra, después se fusiló a Evaristo Benereo y se fusilaron a muchas personas y muchas personas. Pero quiero advertir también, porque ahora veo algunas campañas, donde se le están echando muchos muertos arriba a Ernesto Che Guevara -que es verdad que mandó a fusilar a muchos- y se los están quitando de arriba a Raúl Castro. Los que conocemos la verdad debemos de decirlo, por ejemplo hace poco leí un artículo donde se decía que Ernesto Che Guevara había mandado a fusilar a Autilio Guerra y esto no es cierto, cuando se fusiló a Autilio Guerra, el que organizó el fusilamiento y el que dio el tiro de gracia fue Raúl Castro… no fue Ernesto Che Guevara.
No estoy defendiendo a Ernesto Che Guevara porque yo no creo que exista diferencia entre un asesino y otro asesino, tan asesino es Fidel Castro, como Raúl Castro, como fue el Che, como fueron muchos de ellos.
Lic. Enrique: Melero quisiera preguntarle ¿Estos actos de los que usted habla de Raúl Castro, hay forma de comprobar esto, está escrito?
Señor Melero: Claro que sí, la historia por ejemplo de la muerte de Autilio Guerra, se ha escrito muchísimo sobre eso, porque tanto la muerte de Autilio Guerra como la muerte de Evaristo Benereo causaron inclusive un problema tremendo en la sierra Maestra, por ejemplo el escritor Lucas Moran que fue testigo y que defendió a Autilio Guerra, escritor que murió en el exilio y que despidió el duelo en el funeral de Frank País.
Yo les digo, la muerte por fusilamiento es una cosa terrible, pero también, y les digo soy cristiano y las atrocidades que se cometieron tanto de un lado como del otro, fueron bárbaras.
Yo tuve primos que murieron inocentemente, que fueron asesinados por el ejercito de Batista, mi Padre fue apaleado y secuestrado y tuve que pagar rescate por mi Padre, lo que nos obligo a luchar dentro de las filas de la revolución, sabiendo porque nosotros si sabíamos desde el principio quienes era los Castros, yo conocía a Ángel Castro, a la madre y sabíamos que clase de gente eran, lo que sucedió es que la otra gente…
Dr. Guillermo Toledo: Es bueno que tú hayas aclarado el punto de que muchos asesinatos fueron por el Che Guevara pero que Raúl Castro que esta ahora mismo provisionalmente en el poder, es responsable de muchos crímenes.
Sabemos que cuando triunfó la revolución mató a más de 70 personas en el Valle de San Juan sin juicio ninguno…se abrieron las fosas aquellas y los fusilaba al lado de la fosa para que cayeran en la fosa.
Señor Melero: Si señor eso es correcto, se abrió la fosa con un tractor, se fusiló… y la gente propiamente le decía a Raúl: Pero Raúl esa gente no esta metido en nada, esa gente son inocentes, pero Raúl quería sangre, quería el terror.
Dr. Guillermo Toledo: Nosotros vamos ahora a oír ahora el testimonio del que fuera entonces Sacerdote, que le dio el último adiós espiritual y consoló a muchos, 55 personas de los tantos y tantos mas que fueron fusilados en la Cabaña.
Cuando leí el libro, me di cuenta de la crueldad de los seres humanos, me di cuenta que este señor Fidel Castro vino de la Sierra Maestra, prometiendo no sólo la democracia al pueblo cubano sino que iba a haber justicia, pero me di cuenta que no hubo justicia… sino venganza, leyendo el libro del entonces Sacerdote Javier Arzuaga, que lo tenemos aquí presente y le damos la bienvenida.
Muy Buenas noche Don Javier Arzuaga
Don Javier Arzuaga: Muy buenas noches a ustedes y muy buenas noches a todos los radio escuchas.
Dr. Guillermo Toledo: Don Javier, vamos parte por parte, me conmocionó mucho este libro, ya yo sabía de todas estas cosas, pero jamás había leído un testimonio tan directo como el suyo, la primera vez que leo el testimonio directo de una persona que vivió y tuvo las vivencias dentro de la cárcel, que vivió con esos seres humanos porque eran seres humanos y muchos de ellos eran inocentes y fueron al paredón de fusilamiento siendo inocentes, el caso de José Castaño me conmovió mucho. Pero antes de entrar de lleno a la Cabaña nos dijera de dónde es usted y que nos cuente de usted.
Don Javier Arzuaga: Soy Vasco, nacido en el país Vasco. Haciendo la historia lo más breve posible a los 10 años no recuerdo si por vocación mía o de mi madre…fui al seminario, a los 23 años después de 13 años de estudio, en marzo del 1952, fui ordenado Sacerdote y un mes mas tarde fui destinado ya para Cuba. Salí para Cuba en Octubre del 1952, a finales de Octubre ya estaba en la Habana. Y estuve en Cuba hasta junio de 1960. Los cuatros primeros años los hice como profesor en Santiago de las Vegas, en el Seminario Franciscano. En el 1956, se me destino como Párroco a Casablanca un Barrio marino al otro lado de la bahía de la Habana. Dentro de Casablanca queda el campamento de la Cabaña. Para hablar de la Cabaña, hay que distinguir la Cabaña del Morro, la Cabaña como fortaleza y la Cabaña como campamento grande… porque siempre que se habla de la Cabaña y todos entendemos que es aquel lado de la bahía, que esta después del monumento del Sagrado Corazón de Jesús. Pues estuve tres años y pico de Párroco en Casablanca y los últimos 6 meses, o sea los 6 primeros meses de 1959 tuve que asistir a presos, gente del ejército y de la policía de Batista que iba cayendo detenida e iba siendo conducida a la cárcel de la Cabaña.
Se organizaron allí los tribunales de justicia, Ernesto Che Guevara era el que mandaba en la Cabaña, era el Comandante de la Cabaña. Se abrió el paredón a principio de febrero de 1959. Estuve 6 meses en esos menesteres y un año mas asistiendo en Cuba a la juventud masculina de acción católica en calidad de consejero nacional y luego de eso tuve que salir para España porque mi familia me avisó que el viejo mío estaba muriendo. Regresé a España con permiso de poder nuevamente ir a la Cabaña. Pero estando en España me dijeron que no podía regresar a la Habana y allí acabó mi presencia física o mi contacto físico con Cuba. Nunca más regresé.
Estando en España ya sin poder regresar a Cuba me enrolé en los misioneros que en aquel momento estaban trabajando en Antioquia Medellín Colombia y desde el 61 hasta el 68 estuve en el equipo misionero para América. Los primeros años como simple misionero y los 3 últimos como director del Equipo. Cuando el equipo dejó de trabajar en Colombia, ecuador, Perú y todo centro América… pues me retire a España un año y después vine a Puerto Rico como Sacerdote en 1969.
Ya tenía una historia pasada, muchas tristezas y penas que llorar y la necesidad de tener que romper con parte de la vida y la historia para tomar un nuevo rumbo, lo hice porque ya no podía seguir y lo hice como debe hacerse creo, pedí a Roma la dispensa de mis votos, me dieron la autorización para casarme y me casé con una puertorriqueña, tengo con ella 3 hijos.
Dr. Guillermo Toledo: Tiene que haber sido muy difícil para usted, cargar el peso todos años de 55 hombres que usted acompañó al paredón de fusilamiento.
Don Javier Arzuaga: Y a veces también los lleve en mi propio carro al pelotón de fusilamiento.
Dr. Guillermo Toledo: Yo voy a referirme a algunos casos de su libro y nos gustaría por ejemplo que nos narrara el caso de Jesús Sosa Blanco. Se que es muy difícil para usted.
Don Javier Arzuaga: En el 1959 siendo yo Párroco, triunfa la Revolución, inmediatamente me di cuenta de que como Párroco de Casablanca, me iba a tocar jugar un papel muy doloroso en La Cabaña, porque ya desde entonces se estaba hablando de que ´La Cabaña iba a ser el centro de detección, de enjuiciamiento y de fusilamiento, me lo eché arriba porque no me quedaba más remedio, pero lo tuve que asumir porque era el único Párroco allí, además con muy graves problemas personales, de fe, en la vocación, que cuestionaba ya en aquella época y naturalmente el que cuestiona su propia vocación, su propio quehacer sacerdotal en un momento dado pues que le digan: Ahora tienes que ir a la Cabaña y tienes que asistir a los condenados a muerte y ahora tienes que ser tú el que le ponga luz verde para la otra vida.
Doctor Cotto: No entiendo lo de asignarle esas funciones.
Don Javier Arzuaga: Bueno esa función me caía automáticamente por ser Párroco de la jurisdicción de la Cabaña. Yo había pedido en los tiempos de Batista bastantes veces al que era cuñado de Batista, el Comandante de la Cabaña Fernández Miranda, le había pedido que me dejara pasar a ver a los presos y el me decía:
No, aquí no hay presos… yo le decía: Sus soldados me han dicho que aquí hay presos y el me decía: No usted esta equivocado, usted ha entendido mal.
Nunca pude ver en tiempos de Batista a ningún preso antibatistiano en la Cabaña.
Luego se vira la tortilla y el 6 de enero ya el Che Guevara era el Comandante de la Cabaña, pues me presenté a hablar con el Che Guevara y le dije: Aquí vengo Comandante para pedirle un favor, que me deje seguir diciendo la misa para la tropa y que me deje asistir en la prisión a los detenidos.
El Che Guevara me contesta: No, lo primero no, aquí ya se acabaron esas cosas. Averígüeme quién tiene la llave de la Capilla esa de Santa Bárbara y se la daré, día y noche a la hora que quiera para lo que usted quiera, eso es suyo, trabajo le vamos a dar y mucho.
Efectivamente así mismo fue, tuve mucho trabajo.
De manera que comencé a asistir en la prisión a toda aquella gente atiborrada como sardinas en lata, muchos mas prisioneros que la capacidad real de la Cabaña.
Dr. Guillermo Toledo: ¿Cuantos prisioneros habían allí en aquel momento?
Don Javier Arzuaga: Como 800 o 900 personas, para unas facilidades que no tenía más que para unos 300 catres en las galeras.
Dr. Guillermo Toledo: ¿Cómo dormían esas personas?
Don Javier Arzuaga: Muchas veces me lo pregunté, si hacían turnos o dormían encima unos de otros, efectivamente era un espacio muy reducido para tantas personas.
Solía visitarles y ellos sabían que yo era santo de su devoción en el sentido que yo no estaba de acuerdo con las ideas de Batista y me veían como uno del otro lado. Y sin embargo poco a poco fue introduciéndome entre ellos.
A Jesús Sosa Blanco, no lo conocí hasta la mañana del día en que sería juzgado en el palacio de los deportes (actual ciudad deportiva), en realidad estaba ya condenado por Fidel Castro.En realidad Fidel Castro lo había condenado a el, a Pedro Molejón y a Luisi Cardo Grau, desde el primer discurso allá en Santiago de Cuba cuando dijo: A esos tres vamos a fusilarlos. Pero hizo el paripé del juicio. Bueno, esa mañana yo sabía que en la tarde sería el juicio el jefe de auditoria me lo había dicho… y caminando entre los presos me topé con Sosa Blanco, estaba en aquel momento no sé si repitiendo o diciendo por primera vez que sería llevado como los cristianos a las fieras en el circo romano.
Le dije: Esta tarde estaré allí contigo en el juicio.
Ese fue mi primer encuentro con Sosa Blanco
Dr. Guillermo Toledo: Vamos a hablar entonces un poco de ese juicio, porque yo siendo un niño lo ví por la televisión y usted estaba presente allí. Yo ví muchas cosas allí siendo un niño, las humillaciones, las injusticias que se estaba cometiendo con ese hombre públicamente. Tantos años después en el libro en que Ramonet que ahora le hace la entrevista a Fidel Castro, éste reconoce que ese juicio había sido un error, no dijo que fue un error de él, sino un error de la revolución, él fue el que mandó a hacer ese juicio publico a Sosa Blanco.
Fidel Castro quedó muy mal parado en ese juicio, porque Sosa Blanco dijo: Esto es un circo romano, aquí me están juzgando en un circo romano. Si, yo maté personas… pero los maté en combate, porque me estaban tirando y yo tiraba también, nos estábamos matando mutualmente.
Don Javier Arzuaga: Así sucedió en realidad, él dijo esas frases allí. Para mí lo mas impresionante de ese juicio era el saber… que iban a juzgar a tres condenados. Y lo más impresionante fue, que llevaron un grupo grande de testigos, para que dijeran todo lo que ellos habían visto una noche del 12 de octubre del 1957 en que Sosa Blanco recién llegado a la Sierra Maestra es emboscado por los guerrilleros y naturalmente se defiende. Algunos guajiros de aquellos testigos fueron llevados a la Cabaña, para que preparan su testimonio, era realmente dramático verles los días antes del juicio, como les dictaban las frases que tenían que repetir. Pero se toparon en el juicio con un abogado Dacosta que en realidad les viró la tortilla, porque comenzó a preguntarle a esos guajiritos en un lenguaje que ellos no entendían, en una interlocución que ellos no podían conseguir…
Dr. Guillermo Toledo: También usted dice en su libro que en ese momento es que el abogado Dacosta entra por primera vez en contacto con esos testigos… precisamente en el juicio.
Don Javier Arzuaga: Si así es, es correcto. Dacosta comenzaba a interrogar a esos guajiritos… él les gritaba… diga, repita, alto, claro…. Y los fiscales se ponían nerviosos… los guajiros se ponían nerviosos, se asustaban no sabían qué decir ni que hacer. Aquello fue un espectáculo tristísimo, el ver como estaban siendo preparados para el juicio, pero cogidos en la trampa porque no estaban preparados realmente para enfrentarse a un abogado con su verborrea. El juicio cuando llegó a ese momento antes que se pusieran de pie Pedro Morejón y Luisi Cardo Grau se detuvo por una llamada de afuera de Fidel Castro… que estaba viendo el Show junto con Raúl Castro, Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos y el Show no iba nada nadie bien. Entonces se suspendió el juicio y me llamaron para ir a la Cabaña esa noche. pregunté: ¿hay fusilamiento? me contestaron que no sabían.
Llegaron los tres condenados a muerte sin terminar de ser juzgados y esa noche se estrenó la galera de la muerte.
Me encontré con Sosa Blanco…. No nos dijimos ni una palabra… él se hecho en mis brazos sin decir palabras y al rato me dijo: Padre vamos a rezar….
Le dije: Ve despacio, ten calma, yo voy delante y tú vas repitiendo conmigo...Íbamos repitiendo el Padre nuestro que estas en los cielos…, tres veces hasta que comenzó a entrar por la puerta de la galera de la muerte a la primera luz del día.
Yo no se lo que pasó en él y en mí, que desde aquel día, desde aquel momento en la galera de muerte… más que muerte se respiraba vida.
Yo no… yo no sé explicar... no sé explicar… después se dieron otros casos, el de Pedro Morejón fue trágico… muy trágico… tremendo.
Yo no quería tener mucha relación con los presos, por mis problemas personales de credo, por mis dudas tremendas, yo no quería confesarles… a mí no me interesaba. Les decía: No me interesa lo que ustedes hayan hecho si quieren confesarse, les traeré a otro Sacerdote. Y efectivamente llevé al Padre Antonio Melo, un Sacerdote Franciscano, ya mayor, que iba todos los días mañana y tarde a atender a los moribundos al Hospital Calixto García. Y el fue el que confesó, los absorbía a todos.
Entonces comenzó a respirarse allí un ambiente de espiritualidad, todas las noches rezábamos el rosario, un rosario lento, comentado.
Algo se produjo yo no sé qué… para mí muy doloroso, porque yo tenía ese problema personal mío y decía, pero cómo es posible si en algún momento una persona de fe… un Sacerdote, tiene que ser autentico y entero en su fe… es cuando se enfrenta a la muerte ajena… a quien le haya tocado asistir un ser humano que va la pena de muerte.
Señor Melero: Una aclaración, en aquel momento se dijo que muchos de las muertes que se le achacaban a Sosa Blanco… no había sido cometidos por Sosa Blanco sino por un Capitán que se llamaba Melo Sosa… y otra cosa que deseo aclarar…. En Cuba el único que puede decidir sobre la muerte de cualquier persona es Fidel Castro.
Dr. Guillermo Toledo: Quiero leer pasajes del libro de Don Javier Arzuaga, refiriéndome al caso de Sosa Blanco, que tenía una esposa que se llamaba Amelia, dos hijas y me dijo usted que una de sus hijas tenía 14 años y otra mucho menor. En libro usted plantea: "La presencia todas las tarde de Amelia y sus hijas le puso una nota de luz y de dulzura… emocionante ver a Sosa Blanco pasar sus manos ásperas tras las rejas… para acaricias las caritas de ¨mis niñas¨, como les decía Sosa Blanco...Sorprendí sin quererlo una conversación de Sosa Blanco con Amelia donde le decía: Amelia quiero que me hagas un favor, recuerdas el par de zapatos que me compre para año nuevo y nunca llegue a estrenar, quiero que me los traigas, pero sin que las niñas se den cuenta. Amelia le dijo: Pero para qué lo quieres si nunca te he visto aquí con zapatos. Dijo el: Para la noche que me vayan a fusilar"... Y mas adelante, después vamos a hablar de lo de los zapatos de Sosa Blanco y vamos a hablar de lo que el dijo en el paredón de fusilamiento… que nadie lo sabe y usted lo va a contar.
Mas adelante usted en el libro plantea: "La esposa de Sosa Blanco me pidió hablar a solas conmigo. Me dijo: Ya sé que les ha dicho que no quiere saber por que están aquí, me imagino cuales son sus razones y las respeto… pero yo sí quiero que sepa, que mi marido no es el monstruo que dicen por ahí que es. Me contó que su esposo apenas estuvo una semana en la sierra y el primer día que llego fue emboscado por los rebeldes y perdió varios de sus hombres, al perseguir a los rebeldes pudieron cometerse exceso en la aldea donde se escondieron los rebeldes con ayuda de los campesinos, nada que no sea normal en una situación así. A los dos días fue retirado de la sierra y destinado a San Luís, Pinar del Río en el otro extremo de la isla. Dígame si tuvo tiempo para cometer las atrocidades que se le atribuyen, necesitaron crear demonios y la mala fama de un tal Melo sosa fue trasladada a las espaldas de mi esposo, quiero que me crea, le pido que me crea. Le creí, sinceramente le creí."
Don Javier Arzuaga: Los famosos zapatos, eran unos zapatos enormes porque Sosa Blanco tenía unos pies de gigantes. El día en que iba a ser fusilado… pidió que lo dejaran bañarse y ponerse ropa interior limpia y sus zapatos.
Fuimos al paredón y me dice: Padre quiero pedirle un favor, cuando me hayan fusilado quiero que me quite los zapatos y mañana los va a regalar en Casablanca o en la Habana a cualquier pordiosero que los necesite. No le diga a quien pertenecieron los zapatos, porque es tal vez no los quisieran usar si saben que es de Sosa Blanco.
Efectivamente cuando fue fusilado les quité los zapatos, los llevé conmigo y a la mañana siguiente encontré en la Habana a quién regalarle los zapatos.
Sosa Blanco y sus zapatos siguieron paseando por las calles de la Habana, burlándose como un duende burlándose de Fidel Castro y su gente.
Dr. Guillermo Toledo: Vamos a hablar ahora del caso de Pedro Morejón ¿Que pasó con Pedro Morejón que es uno de los militares, Coronel del Ejército de Batista?
Don Javier Arzuaga: Pedro Morejón, no sé qué destino tenía como jefe militar incluso no recuerdo que hechos se le atribuyan, el juicio se ventiló en el otro campamento, al otro lado de la Habana, el campamento Columbia, una mañana en un par de horas se despachó aquel juicio y Pedro Molejón fue condenado a muerte. El día que se efectuó el juicio, que fue el primer fusilado, porque todo los juicios antes del fusilamiento tenían la apariencia de una revisión para ver si efectivamente valía la pena llevarlos al paredón… Lo condenaron a muerte aquella noche.
El jefe de auditoria, Miguel Ángel Duque Estrada me llamó y me dice:Esta noche lo van a fusilar… le digo; me imagino que le habrán dicho..., y me dice el: No... No… precisamente lo llamaba para ver si nos hace el favor… le dije… ¿Cómo?!.. Me dice: Sí para ver si habla con él.
Le dije: ¿pero qué es esto? Yo no lo condené… yo no tengo nada que ver con eso.
Fui a la Cabaña y vi a Pedro Morejón y no era la encomienda mía decirle que lo iban a fusilar. Le pregunté a Miguel Ángel Duque Estrada: ¿Sabe ya?
Me dice: No, no sabe.
Y le dije: ¡Pero qué carajo es esto!… ¿qué van a hacer con este hombre? ¿Van a llevar al paredón y todavía no sabe nada?
Fui a la galera de la muerte y se lo dije… le dije: Pedro te van a fusilar hoy, te lo estoy comunicando yo.
Hablamos un rato y le dije: Si tú quieres estaré contigo hasta que llegue el momento, sino... si quieres estar solo, preparar una carta... lo que tú quieras.
Me dijo: Padre me gustaría que me dejara solo.
Le dije: Tengo que ir a la parroquia de Casablanca a una función religiosa, era un jueves…vendré luego.
Al salir de la galera de la muerte siento un alboroto tremendo, música y unas muchachas…era que un Comandante de la lucha contra Batista, rodeado de mujeres cuando yo me doy cuenta de aquello grité: ¡Pero qué es esto, ustedes no saben donde se encuentran!
En ese momento siento unos gritos: Padre, Padre…Padre!
Salí corriendo, Pedro Morejón, había intentando suicidarse, estaba en la misma celda con Luís Ricardo Grau. Le dije a Luís: aguántalo y le quite la sabana y volvió en si.
Lo primero que dijo fue: ¿Por qué me han hecho esto?
Le dije: Coño dime tú… ¿por qué has hecho esto? No te das cuenta de lo que significa no enfrentarte con la muerte, la muerte para los otros muy bien y para ti no… qué van a pensar todos los que están en el Patio ¿que eres un cobarde?… no… el hombre no crece suicidándose, el hombre crece muriendo de pie en donde sea.. delante de un pelotón, donde sea.
Le pedí perdón por mis duras palabras, hablamos, hablamos, cuando llegó la hora ya a las 12 de la noche, se iba a estrenar el paredón y para desgracia de todos el paredón que eligieron, fue en la fosa misma a la que daban a las paredes de la prisión, de manera que los tiros y el estruendo repercutiera, para que los demás presos lo oyeran.
El me pidió: Padre quiero que este cerca de mi...
Le dije: Estaré cerca de ti.
Cuando llegó la hora frente al paredón, me preguntó: Padre ¿cuán cerca estará de mí?
Le dije: Aquí, mira aquí – saqué una cruz y la puse en alto- mira aquí la cruz, como si estuviéramos tú y yo solos con la cruz en alto.
Oí al jefe del pelotón gritando: ¡Pelotón atención, preparen, apunten, fuego!
Cuando Pedro Morejón cayó al piso, yo aún seguía con la cruz en alto. Fue el primer fusilado.
Le dije al Comandante testigo principal de la ejecución, Víctor Bordón Machado le dije:
A quién se le ocurrió fusilarlo delante de todos, no saben que los demás compañeros ahí, lo han oído, yo voy a pasar toda la noche con ellos… ¿quiere acompañarme?
Me dijo: no no…
Le dije: Comprendo que no quiera estar allí conmigo.
Estuve toda la noche con ellos… ya no hubo más fusilamientos allá, porque les dije… si me quieren a mi aquí llévenlas lejos de la prisión… yo no vuelvo a estar presente en un fusilamiento aquí frente a las ventanas de la prisión. Efectivamente lo llevaron lejos de las ventanas de la prisión.
Dr. Guillermo Toledo: El caso Luís Ricardo Grau que estaba muy enfermo.
Don Javier Arzuaga: Sí estaba muy enfermo, yo no sé la enfermedad que tenia, pero estaba muy enfermo sin embargo con una entereza, era educado en un colegio católico y él se enfrentó a la muerte tratando de revivir y crecer en la fe que había sido educado….
Y en realidad la noche que iba a ser fusilado junto con otros 6 compañero, me dieron la posibilidad de decir quién iba a ser el primero… el segundo así… yo lo elegía de acuerdo a quién tenia mejor preparación. Le digo a Luís Ricardo Grau: Me va a perdonar pero te dejaré para lo último y mientras tanto ve comunicando tu fe y tu fortaleza a los demás.
Todos morían con una entereza tremenda… y cuando le llegó el turno a Luís Ricardo Grau, aún lo veo, aún veo la estampa, no lo puedo olvidar, la estoy viendo:
Oí el… ¡Pelotón atención, preparen, apunten, fuego!
A la palabra fuego, en todos los casos todos se desplomaban, Luís Ricardo Grau que era tan delgado, tan frágil, seguía de pie… le dispararon el tiro de gracia y solo entonces se desplomó.
Yo no vi, si le habían atravesado 6 balas o no… pero sin balas o no era para estar muerto, estaba muerto y de pie.
Lic. Pino: Padre usted que vivió los fusilamientos allí, que llovían a granel, la muerte de esas personas ¿era inmediata?
Dr. Guillermo Toledo: Voy a leer un párrafo del libro de Don Javier Arzuaga que quizás conteste esta pregunta y es de un impacto tremendo:
"No recuerdo su nombre era un sargento de la policía, de cuerpo robusto de poco hablar, llegaba al paredón junto con otros 4 compañeros coacusados de los hechos de Humboldt 7 en donde perdió la vida Juan Carlos Carbo Servia.
Como lo veía el más fuerte y el de ánimo mas sereno, le dije que sus 4 compañeros serían fusilados primeros que él. Así fue que dispuse como otras noches el orden según los viera, mejor o peor apertrechado para ese momento. Desde la posición en que estábamos, los otros no podían ver nada, pero si oían las voces de mando que ordenaban hacer fuego, era horrible, pero era inevitable.
El Capitán Alfonso era el jefe del piquete esa noche, como a todos le dije al condenado que nos tomaríamos los minutos que nos parecieran para charlar, fumar, rezar lo que él quisiera.
Conversamos unos minutos y procedimos a hacer los ritos de despedida, el beso a la imagen de Cristo en su cruz, el abrazo, el `que Dios te acompañe`... Me hice a un lado.
El Capitán Alfonso dio la orden, se desplomó el cuerpo, nos acercamos, no estaba muerto, el moribundo seguía gimiendo y gritando: Padre, Padre…
Visiblemente asustado el Capitán Alfonso, no procedía a aplicarle el tiro de gracia, me agité y con señas le apremié que hiciera lo que tenía que hacer.
Sin inclinarse hacia el moribundo, quien sabe si con los ojos cerrados disparó y no se sabe adonde fue a parar la bala, el moribundo seguía gritando: Padre, Padre.
Se agolparon alrededor del moribundo Duque Estrada y otros Oficiales mientras el moribundo seguía gritando: Padre, Padre…
Le dije a Duque Estrada: Ya se cumplió la pena de fusilamiento, ya se cumplió la sentencia… llévenlo a un hospital.
Duque Estrada respondió: No, él fue condenado a morir y tiene que morir aquí.
El Capitán Alfonso disparó otro tiro de gracia, otra bala perdida y seguían los gritos del moribundo: Padre, Padre.
Agarré a Alfonso por la muñeca y acerqué lo que mas pude la mano a la cabeza del moribundo… le grite: dispara ya… dispara ya.!!!
Disparó y el moribundo estremeció su cuerpo, con la respiración entrecortada, temblando le di la extremaunción, le dije: Descansa en Paz.
Me retiré sin despedirme de nadie.
El Padre Estanislao Sedupe que se quedaba dormido todas las noches, con un libro en las manos, lo desperté: Quiero confesarme, he matado un hombre.
Me pregunto: ¿Que has dicho?
Le costó mucho trabajo tranquilizarme, lo logró muy a medias, subí a la azotea del convento a llorar.
Lic. Pino: Terrible testimonio.
Dr. Guillermo Toledo: Padre yo no sé si usted desea comentar este hecho que a mi me estremeció.
Don Javier Arzuaga: Yo creo que hice lo que debía diciéndole a Duque Estrada que lo llevaran a un hospital, pero no, no, fue condenado a la pena de fusilamiento, fue condenado a morir y entonces sabía yo lo que iba a seguir... más sufrimiento del moribundo.
Dr. Guillermo Toledo: Hay un señor del que usted habla en su libro, un norteamericano Herman Mart.
Don Javier Arzuaga: Bueno Herman Mart había estado con Fidel Castro en la Sierra Maestra, era un matón, uno de esos de armas enfermas, asesino nato, que había sido condenado en Estados Unidos y que había escapado de la Justicia. El al parecer ligaba muy bien las palabras revolución y muerte, revolución y sangre.
En la Cabaña cayó en su ambiente, porque en realidad por ejemplo al Capitán Alfonso le era difícil dirigir al Pelotón. Pero llegó este americano y decía: Encantado como no, a matar gente. El día en que debía morir a Luís Ricardo Grau me grito contento: Padre, Padre, hoy tenemos 7!!!
Como si me estuviera invitando a un banquete. Era horrible, a uno le da vergüenza tener que haber tratado a gente así.
Lic. Pino: Esa es la revolución humanista de Fidel Castro.
Ing. Abascal: Padre, yo le voy a hacer un comentario de una anécdota de un Sacerdote que se llama Becha Berbe. Mi Padre era uno de los principales lideres de la resistencia cívica en Santiago de Cuba, en mi casa estuvo escondida dos veces la perra de Vilma Espin, posiblemente mi Padre le salvo la vida. El día en que Raúl hace todos aquellos fusilamientos en el Valle de San Juan en el que manda a matar a más de 70 personas, ese día al amanecer el Padre Becha Berbe se encontraba en el corredor de mi casa sentado en un sillón. Mi madre se asustó mucho y fue a verlo y le dijo: Padre que le ha pasado, ¿que hace aquí? El Padre Becha Berbe que era de piel morena, era árabe, pero estaba blanco como el papel, mi madre le decía: ¿Padre que le ha pasa?.El Padre Becha Berbe le contesto: No puedo violar los secretos de confesión, pero están fusilando inocentes.
Usted sabe Padre que nadie va a decir una mentira en confesión antes de morir.
Don Javier Arzuaga: Yo en realidad no confesé a nadie y no lo hice precisamente por esa razón, por saber la verdad.
Unas de las biografías de Ernesto Che Guevara y cuando habla de el Che Guevara dice: El capellán Javier Arzuaga que confesaba a los prisioneros, dijo esto y dijo lo otro, diciendo como que yo estaba revelando secretos de confección y yo me libré de eso desde el primer momento, no confesé a nadie. Por lo que no pude revelar secretos de confesión
Dr. Guillermo Toledo: Veamos este caso Padre de este niño, de este muchacho, que usted escribe en su libro:
"Ariel Lima fue condenado a muerte, lo mantuvieron como una semana en la galera de la muerte, apenas hablaba, vivía enajenado, vació de si mismo, perdida la mirada, como ausente de lo que le estaba pasando, los demás prisioneros lo veían tan niño, tan solo, tan necesitado, le prometí que hablaría con Ernesto Che Guevara e intercedería por el. Fui a hablar con Ernesto Che Guevara y él me dijo que eso lo decidía el Tribunal de Apelaciones quien decidía eso y me preguntó por qué debía anular la sentencia.
Le dije: Por dos razones, una por sentimiento humano por sus solo 16 años, la segunda por sagacidad política, porque al otro día de la muerte de este niño, la prensa mundial, en Estados Unidos, América Latina y Europa hablaría de que la revolución cubana carecía de sentimientos y que juzgaba por igual a adultos que a menores y que esto muy poco beneficiaria a la revolución.
Inútil, a más compasión que se le pedía al Che, con mas crueldad respondía. En la vista se decidiría.
Fui a la vista de apelaciones, el Che sabía por qué estaba allí. La vista apenas duró media hora… ratificada la sentencia, sería fusilado aquella misma noche.
Cuando termino me vio en la puerta saliendo con su comitiva, me dio un saludo y salio.
En su camino a la Comandancia… una mujer corrió al frente de ellos y se postro en el suelo delante de todos ellos.
Alguien le dijo: Es la madre de Ariel Lima…
Le dijo: Le recomiendo que hable con el Padre Javier Arzuaga, es un maestro consolando.
Me miró y en tono burlón me dijo: Es suya.
Le ayudé a levantarse del suelo y le aconsejé que se retirara a su casa le dije: ´Señora trate de superar su tragedia y de seguir viviendo sin su hijo, encomiéndese a Dios. Nunca más vi a esa mujer….
Esa noche odie al Che"
Dr. Guillermo Toledo: Padre qué nos puede decir de Ariel Lima.
Don Javier Arzuaga: Ariel Lima era un muchacho revolucionario, lleno de sueños, lucho contra Batista. Los de Batista, lo torturaron para que hablara… nunca lo hizo, hasta que un día… esto él me lo contó de sus propios labio, le dijeron: Tú vas a hablar…
Le llevaron a su madre y delante de el, la comenzaron a desnudar y le dijeron: Tú sabes lo que vamos a hacer con ella…
Cuando el muchacho vio efectivamente lo que estaban haciendo, el muchacho habló y naturalmente dijo lo que querían que dijera.
Naturalmente nunca salió del cuartel y cuando triunfa la revolución nunca más salio del cuartel porque había traicionado a sus compañeros y entonces lo enviaron a la Cabaña.
No era ni de uno ni de otros, estaba solo, no tenia amigos, era una tristísima figura y estaba tan enajenado que no se daba cuenta que lo estaban fusilando.
Dr. Guillermo Toledo: Nos queda un testimonio del caso del Capitán del ejercito de Batista José Castaño, un hombre muy culto, que hablaba 5 idiomas, usted atendió José Castaño, él no tenía las manos embarradas de sangre, no cometió ningún hecho de sangre, solo que José Castaño, era un hombre que conocía todos los vericuetos del comunismo en América Latina, estaba a cargo del Buró de Represión de actividades comunistas, tenia información y documentos de esa actividad en diferentes partes del mundo y eso no se lo perdonaron. La mayoría de los testigos del juicio eran militantes comunistas, acusándolo de cosas que realmente no cometió, no le probaron ningún hecho de sangre, tengo entendido que solo una señora lo acusó de haberla violado, era una total mentira, esa misma señora después testifico en otro juicio contra el artista famoso en aquella época, Manolo Fernández y también dijo mentira.
Lic. Pino: Un comentario, este Señor José Castaño, tenía información con relación a los miembros del partido comunista en Cuba e incluso de organizaciones izquierdistas, información que logro sacarla de Cuba antes que la tiranía de Fidel Castro ocupara el poder y eso fue lo que provoco el fusilamiento.
Don Javier Arzuaga: José Castaño era un hombre muy culto, muy versátil, creía en cuestiones esotéricas, creía en la magia negra en la magia negra, era un hombre muy interesante en su conversación, pero no tenía fe cristiana. Entonces era muy respetuoso en su conversación y desde que cayó en la galera de la muerte me dijo:
Se que se reza aquí y demás, yo no me opongo a nada, pero le voy a pedir un favor, no se meta conmigo ni mi fe, déjeme tranquilo.
Entonces le lleve a un amigo mío, Profesor de filosofía y estuvieron toda una tarde conversando.
Cuando llegó la hora del juicio desde luego lo condenaron a muerte y en el juicio de apelación el Che Guevara decidió que le fusilaran aquella misma noche.
Esa misma noche, cuando yo le iba a informar a José Castaño de que sería fusilado, se me acerca Duque Estrada y me dice:
Padre acompáñeme tenemos que ir a ver Fidel Castro para que pare esta ejecución.
Nunca me dijo por que quería hacer eso, un abogado me dijo que al parecer habría un canje de prisioneros con Estados Unidos… cosa que nunca creí.
Fuimos a ver a Fidel Castro, estaba dando uno de sus interminables discursos y nos pusimos a un lado y en un intervalo del discurso nos acercamos y le dijo lo que pedía y Fidel Castro cuando esta en trance de sus discursos no oye a nadie se oye así mismo y dijo: Esta bien esta bien.
Yo fui a la Cabaña y le dije a José Castaño: Fidel Castro ha dicho esto, al parecer el dueño de la vida, te regala un día más de vida.
Cuando terminó el discurso de Fidel Castro a eso de las 3 de la mañana, vinieron a buscarme pregunté ¿que decidió el Che?… dijo que lo fusilaran.
El Che Guevara había ordenado que nadie fuera fusilado sin que yo estuviera presente, al parecer se había corrido la voz de que yo los hipnotizaba, de que yo los llevaba hipnotizado y que por eso todo era mas fácil, cosa que no era verdad y esa noche José Castaño estaba en el Paredón solo y a un lado los del pelotón fumando y conversando.
Llegué yo y me dije: Qué le voy yo a decir a este hombre, que le he sembrado esperanzas.
Me acerqué a él y él me dijo: No se preocupe Padre, yo sé como son, yo los conozco bien… ¿es allí donde se fusila verdad?
Le dije que si, en el poste aquel. Poste a propósito en el que nadie se tuvo que atar de los 55 fusilamientos que yo asistí.
Me dice: Pues vamos para allá.
Y cuando estábamos en la despedida yo me acordé que él me dijo, no me hable de Fe ni de Cristo ni de Dios.
Me dice: Padre, quiero pedirle un favor, usted sabe que yo no tengo fe, pero sé que voy a morir y no sé qué hay del otro lado, Padre por favor… ¿podía prestarme su fe para morir?
Me quedé seco. Rezamos un Padre nuestro, besó el Cristo, me separé y con los ojos muy abiertos, muy abiertos mirando a Cristo, escuchó las voces de mando y cayó al piso.
Lic. Enrique: Padre usted que participó en todos estos eventos tan dolorosos, estas personas que formaban el pelotón era los mismos o se rotaban, ¿cuántos eran?
Don Javier Arzuaga: Eran 6 y se rotaban, eran miembros de la tropa de Ernesto Che Guevara, guajiros de la Sierra Maestra.
Lic. Enrique: Yo quisiera preguntarle al Doctor Cotto, Doctor en Psiquiatría, solamente por tener una breve idea que le pasa por la mente a esas personas que hicieron eso, que les pasa por la mente, que tienen que llevar dentro, toda la vida, esa experiencia.
Doctor Cotto: Bueno lo que sucede es que la dinámica o la psico-dinámica que se aplican los que aprietan el gatillo, es el simple hecho que están cumpliendo ordenes, para ellos es una orden que le da un superior, son guajiros actuando como soldados de la revolución, en realidad ellos no cargan conciencia de culpa.
Alfredo Melero: Es verdad lo que dice el Doctor, porque familiares míos que estaban presos en Boniato me lo decían a mí, especialmente uno que fue Capitán del Ejercito Rebelde en la Sierra Maestra, el Capitán Fido Avalo, que estuvo preso por 12 años en Boniato, estuvo enfermo en el Hospital que estaba afuera de la prisión, pero muy cerca de donde estaba el pelotón que fusilaba… y él me contó a mí, que cuando no había fusilamiento parecía que se enfermaban y cuando había fusilamiento empezaban a tocar música sacra para todo el presidio para atormentar a todos los presos y que entonces se alegraban
Una llamada de la audiencia: Muy buenas noches, quisiera felicitarlo por este programa tan interesante, le habla Adelaida Mercado, en esas mismas circunstancia murió un familiar mío, la madre llegó a la Cabaña porque le dijeron que fusilarían esa mañana y cuando llegó, ya personalmente el Che Guevara lo había ejecutado.
Una llamada de la audiencia: Les habla, Días Rivera, quisiera preguntarle al Padre si a él lo obligaban a hacer esa labor, si él no tuvo la oportunidad de comunicarle al Vaticano el desastre que se estaba haciendo en Cuba.
Don Javier Arzuaga: Yo podía hablar de lo que sucedía allá… pero estaba muy lejos de mi alcance, ni se me ocurrió, no pensé que podía evitar lo que estaba sucediendo.
Una llamada de la audiencia: ¿Ha sabido algo de Duque Estrada? Duque Estrada, mi familia lo conocía muy bien y no sabíamos hasta hace un año de que el, había sido participe de esos crímenes que se están contando.
Don Javier Arzuaga: No supe nunca más de ninguno, incluso me hubiera gustado mantener relación con los familiares de los fusilados, pero no me dio tiempo al salir de Cuba.
Una llamada de la audiencia: Padre una pregunta, en algún momento usted pidió que lo sacaran de allí y pusieran a otro Sacerdote?
Don Javier Arzuaga: Pensé hacerlo bastantes veces, lo hice una vez, me contestaron que lo estaba haciendo muy bien y que no me preocupara… así que no tuvo resultado mi pedido.
Una llamada de la audiencia: Le habla la Señora Martínez, quisiera darle las gracias al Padre Javier Arzuaga, por su relato y por haber asistido a los condenados a muertes, asesinados por ese Tirano sinvergüenza. Le quiero decir a los amigos que están escuchando este programa, que además del Semanario elveraz.com, existe otro sitio que se llama Secretos de Cuba.com donde verán la lista inmensa de fusilados por el régimen de Fidel Castro.
Una llamada de la audiencia: Quisiera preguntar sobre el titulo del libro del Sacerdote y que nos dijera cuantos personas se fusilaron.
Dr. Guillermo Toledo: El titulo es: Cuba 1959: La Galera de muerte. El Padre asistió a 55 personas, el estuvo de enero a mayo de 1959, después de eso en la Cabaña se siguió fusilando, hay una lista de fusilados que esta en el libro del Doctor Armando Lago, que esta próximo a salir, que la tengo aquí frente de mi, tengo una lista aquí de 141 personas, pero dice aquí en el reporte al final que hay 15 mas fusilado según el NY Times.
Lic. Pino: Yo tengo aquí la información que me acaba de confirmar el Doctor Armando Lago y la señora Cañizares y los oyentes pueden verificarlo en el sitio Cuba Archive.org, fueron 164 en la Cabaña directamente con la firma de Ernesto Che Guevara, 6 fueron fusilados después que ya Ernesto Che Guevara no estuviera en la Cabaña, pero que la ejecución tenia su firma, 23 adicionales en Santa Clara, 14 en la Sierra Maestra, para un total de 216 fusilados. Hay 15 adicionales que el NY Times reporto, pero que no han dado los nombres. Todos estos datos de Cuba archivo.org http://www.cubaarchive.org/version_espanol/ por lo menos tienen dos fuentes diferente e independiente de verificación.
En adición a esto quisiera agregar, que el actual jefe de estado en Cuba, Raúl Castro, firmo la ejecución de 551, o sea mandados a fusilar por Raúl Castro. o sea 216 de Ernesto Che Guevara y 551 de Raúl Castro.
Ing. Abascal: Quisiera comentarle a los oyentes que nos escuchan, que ese mismo Ernesto Che Guevara, que se hacia el duro en la Cabaña, se portó como un verdadero cobarde cuando lo cogieron en Bolivia, gritando para que no lo mataran: Yo les valgo a ustedes más vivo que muerto.
Dr. Guillermo Toledo: Padre Javier Arzuaga antes que termine el programa usted desea agregar algo.
Don Javier Arzuaga: Si, quiero decir dos cositas nada más, me han preguntado muchas veces, por qué escribí este libro después dé más de 4 décadas. Yo lo hubiera escrito antes, pero tenía muchos problemas íntimos que se me hacía muy difícil ponerlo por escrito, de manera que el año pasado, cuando me entrevisto Álvaro Vargas Llosa y con la entrevista mi nombre salió en toda América Latina, un artículo en el que se me nombraba, no sucedió nada y entonces me decidí a escribir. En realidad el que escribe el Prologo en mi libro, mi amigo, Andrés Calendario, hace una lectura del libro distinta al que yo había hecho, él dice, este libro tiene un valor especial porque ya desde la primavera de 1959, este hombre viene hablando de esto, que la revolución cubana se estaba levantado desde unos cimientos de odios y de sangre.
El libro si puede servir para algo, eso lo tienen que decidir los lectores, puede servir en primer lugar, como desmitificador de los mitos de la llamada revolución, dentro y fuera de Cuba y en segundo lugar... La gran lección… ¿Y qué ganó la revolución? ¿Y qué gana nadie matando?¿para reparar qué? ¿Qué se gana con la muerte? ¿Volveremos a lo mismo? ¿Seguiremos matando?
Dr. Guillermo Toledo: Nunca más.
Padre, una pregunta más, quisiera preguntarle su opinión con relación a Ernesto Che Guevara.
Arzuaga: Bueno, debería contestarte, paz a los muertos, pero como es una figura pública, tuve con el una relación en la que conmigo, personalmente, no se portó mal en el sentido que me facilitó atender a los prisioneros.
Nunca disimuló su crueldad, se presentó ante mí como lo que era, una persona entregada a su utopía, la revolución le pedía matar, mataba, le pedía mentir, mentía. Ese era el Che, un hombre entregado a una idea, para mí disparatada.
Ernesto Che Guevara: Mito y Realidad
Se cumplen estos días 38 años de la muerte del guerrillero argentino que cubrió de sangre y crueldad todos los caminos por él recorridos.Para destruir el mito que se ha tejido con su imagen publicamos, años atrás, un serio estudio biográfico en el que toda afirmación está documentada. Una biografía que se esfuerza en dar a conocer el verdadero rostro de un personaje sobre quien tanto se ha escrito.Una biografía desprovista de los empalagosos elogios; los más, infundados y repetidos, con los que se nos ha mostrado la imagen de un Ernesto Guevara irreal, inexistente.Dimos a conocer al joven que, en su patria nativa formaba parte de las tropas de choque peronista que gritaban: "Haga patria, mate a un estudiante"; pero que, luego, alardeará de su antiperonismo. Al supuesto idealista quien, al viajar, indolente, por el continente, alienta a sus padres a ir a Colombia y Venezuela "los dos países ideales para hacer plata"; mientras él se dirige "rumbo a Guatemala a la aventura en cuestión monetaria".Podemos ver al austero Guevara, en ese viaje, costeado por la explotadora "United Fruit", disfrutando la travesía "con una negrita, Socorro, más puta que una gallina y sólo tenía dieciseis años". Un Guevara que, en México, cuando los futuros expedicionarios son arrestados, informa a sus captores los nombres de todos los que se encuentran en el campamento, en marcado contraste con el coronel Albeto Bayo quien, ante igual pretensión, respondió: "Yo no me presto ni me prestaré a señalar nombres...a acusar a ninguno, ni que hurguen ustedes sobre nuestro movimiento, que es el de toda la nación cubana".Mostramos al hombre que llega "a Cuba sediento de sangre" quien con su propia mano y a sangre fría, recién desembarcado, es el primero en ejecutar a un cubano. El hombre que aplicará, desde ese momento, son sus palabras, "el odio como factor de lucha; el odio intransigente contra el enemigo". Mostraremos al prejuiciado hombre de ciudad que ve "en cada campesino a un chivato".Vemos, ya en Cuba, a un Guevara que pudo llegar y mantenerse en Las Villas gracias a la mayor habilidad guerrillera de Camilo Cienfuegos. Lo mostraremos en La Cabaña ordenando fusilamientos, con o sin causa. Con juicio o sin juicio. Al orgulloso Guevara escribiéndole a Castro-como precio para que se le permitiera salir de la isla- que "mi única falta...es no haber confiado más en tí desde los primeros momentos en la Sierra Maestra...". Sumiso, también, con Kabila en el Congo, de quien confía "me dé un chance de hacer algo...".A un hombre responsabilizando a otros de sus propios fracasos, de sus derrotas. "Los congoleses no quieren pelear". "Los africanos son soldados muy, muy malos". Los cubanos, para él, no eran mejores: "En nuestros combates, a los errores míos se agregan las debilidades graves de los combatientes cubanos...". Su aventura en el Congo, tendrá que admitirlo el guerrillero de sangre azul, es "la historia de un fracaso".Repetirá sus errores, al precio de su propia vida, en Bolivia. En el país suramericano, veremos a un Guevara engañando, traicionando a los dirigentes del Partido Comunista de Bolivia quienes, a su vez, conociendo su doblez, lo abandonan. Un Guevara ignorado por Castro, quien habiendo reunido en La Habana, en la Conferencia de OLAS, a todos los dirigentes de la izquierda latinoamericana no les informa de la crítica situación en que se encuentra el guerrillero argentino ni les pide su cooperación para asistirlo.Un Guevara que en la selva boliviana expresa, en sus evaluaciones, el menosprecio por los hombres de su propia guerrilla: Orlando Pantoja, "deficiente...poca iniciativa"; Antonio Sánchez Díaz (Marcos, Pinares), "indisciplinado...con poca autoridad". Vásquez-Viaña, "irresponsable". Saldaña, "deficiente". Camba "de una cobardía manifiesta". Walter, "demostró muy poco valor". Todos, menos él, imperfectos, deficientes.No puede extrañarnos que muchos de los que hoy cantan loas a su memoria se distanciaran de este ingrato personaje en tan difícil momento. Comprensiblemente, el último abandono lo sufre Guevara de sus hombres que, en la Quebrada del Yuro, se alejan dejándolo herido e indefenso, para morir, solo y aislado, en la pequeña escuela de La Higuera víctima de sus propios errores.Es ésta una biografía distinta -real, documentada, desprovista de fantasía- que prueba, también, que aún los que estuvieron junto a él en la Quebrada del Yuro -y que llegarán a ser altos jefes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias- guardan, en los extensos libros que han escrito, pudoroso silencio sobre aquellas horas finales de quien en aquel momento, se sintió abandonado.El orgulloso y altanero descendiente del Marqués de Guevara, que siempre se considero superior a quienes lo rodeaban, murió abandonado por los hombres que él había menospreciado.Hoy el Instituto de la Memoria Histórica contra el Totalitarismo ha realizado otro serio aporte a la demitificación de Ernesto (Ché) Guevara para mostrar, en un documental que se presentará en distintos países y ciudades, el verdadero rostro de este despiadado y fracasado aventurero.Enrique Ros, historiador y periodista cubano. Entre sus obras estám: "Girón: la Verdadera Historia", "De Girón a la Crisis de los Cohetes, "Años Críticos: del camino de la acción al camino del entendimiento", "Cubanos Combatientes: peleando en distintos frentes", "La Aventura Africana de Fidel Castro" , etc
Promoviendo un Bar con la imagen del Che Guevara.
No debemos sorprendernos de que se utilice la imagen del Che para promover un Bar, se ha utilizado en múltiples objetos comerciales alrededor de todo el mundo. La dictadura Castro comunista también ha hecho su negocio con la imagen del Che Guevara y hasta el presente la familia del Che ha creado su consorcio para que no le sigan robando el pastel. Es una imagen que vende, tiene como soporte la propaganda de un régimen que se ha mantenido en el poder por casi medio siglo y el apoyo de miles de tontos útiles que en muchos países siguen promoviendo más que una imagen, un mito. Ayer en el Hulen Mall, y hoy en un Bar del downtown; la perversa imagen parece perseguirnos a los cubanos como espectro paradigmático de la maldad. Para muchos, como los dueños del “Embargo Bar” aquí en Fort Worth, el Che no es más que otra mercancía
“El llamado “guerrillero heroico”, persecutor de utopías, economista deplorable y asesino aventajado, no merece el escarnio de que hoy es objeto, asegura Agustín Tamargo; pero ahí están las muestras de admiración y la forma en que tantos sucumben ante un mito que nadie cuestiona. Aun hoy se sigue honrado al guerrillero que no fue más que un vulgar facineroso que en la Fortaleza de la Cabaña en La Habana, ordenó y presidió decenas de fusilamientos. Nos vendieron la historia de un valiente Comandante, que no era más que un asesino patológico que no vaciló en declarar en un discurso lo siguiente: “fusilamos y seguiremos fusilando”. Y así lo hizo, ufanándose de esto.
Creía este criminal, “en la asepsia social del asesinato político. A los pequeños enemigos de un proceso magno simplemente se les suprime, la Revolución (con mayúscula) no puede andar con blandenguerías cristianas cuando está en juego la felicidad ulterior de toda la humanidad. El guerrillero comunista es ``una fría máquina de matar''. Invitaba a ser eso “una maquinaria de matar”. El Che ha quedado para adornar las camisetas de los revolucionarios de Café o para convertirse en imagen de llaveritos de la izquierda caviar. Tal vez estos sean los que frecuenten lugares como Embargo Bar, aquí en Fort Worth.
Muchos argumentan que los cubanos sobredimensionamos estas expresiones de utilidad comercial del Che Guevara; otros pueden pensar que asumimos una actitud contenciosa contra aquellos que nos tratan de vender una imagen de un sujeto, que se relaciona con el fracaso de un régimen que aun sufren los cubanos, aquí y allá. También la imagen del guerrillero derrotado nos la quieren vender como un permanente cruzado que aun sigue combatiendo en la larga batalla de la lucha de clases.
Los cubanos no podemos permanecer impasibles mientras días tras días, se nos imponen una sucesión de imágenes de un pérfido que causó no pocos daños a nuestro país y enlutó miles de hogares cubanos. Ayudó a implantar un régimen que negaba y aun niega los derechos de los cubanos. Si ahora no es más que un despojo, la dictadura en Cuba y sus sombríos seguidores le sacan partido a este mito que tiene el hedor de un cadáver insepulto. A esta imagen los dueños del Embargo Bar le echaron mano.
Cuando vemos la pagina Web de este “Embargo Bar” guevarista, nos sorprende que no sólo nos quieren vender la imagen de un verdugo, sino que además nos ofrecen “los ritmos sensuales, la salsa, y el refrescante mojito”.Para agregar, estos promotores de una isla olvidada, nos deleitan con estas palabras: “An exotic lounge drenched in all of the colors and sensations of the forbidden island with the comfortable attitude of it's people…, no passport required”. Estos que se refieren con lenguaje cursi sobre nuestra Isla-Patria, ¿tendrán una idea aproximada del dolor que representa vivir bajo una tiranía durante medio siglo? Creo que no. Sólo las víctimas pueden apreciar lo que ha significado este medio siglo de derechos conculcados para los cubanos. Consideren ustedes los miles de cubanos que han pasado por las cárceles, o los más de 40 000 muertos ya documentados en una estadística que trastorna la conciencia.
Cuando se publicaba este anuncio, que mostramos en la foto, en Miami se inauguraba el Memorial Cubano, solemne muestra de recordación y respeto para los miles de cubanos que han perdido sus vidas bajo la dictadura Castro comunista. Allí en el Tamiami Park miles de cruces blancas recuerdan a nuestros mártires. Allí estarán, en cientos de esas cruces, los nombres de aquellos cubanos que fueron fusilados por orden del Che Guevara, sí el mismo que hoy utiliza el Embargo Bar en su publicidad.
Los cubanos merecemos en tan prolongado infortunio, un mínimo de respeto y adhesión.
© 2007
Article published in Panorama Hispanic newspaper. February 2007.Author’s E-mail: eloy_gnzlz@yahoo.com
Deconstrucción de un mito.
Ernesto Guevara de la Serna sigue siendo una fuente poderosa de proyección de fantasmas que por su anacronismo se adelantó a la estética post-moderna, convirtiéndose en una de sus figuras emblemáticas. La mayor paradoja de la vigencia de un entusiasmo tan persistente, es la de tratarse de una figura que en su corta vida pública - apenas diez años - acumuló más fracasos que aciertos. La otra vertiente de la paradoja es que si hubiese logrado materializar su proyecto en poder, hubiera generado, por su extensión - nada menos que todo el continente latinoamericano - uno de los regí



